Dolor, cefalea y migraña | 22 ABR 09

Fisiopatogenia de la migraña

Ser han realizado infinidad de investigaciones para intentar explicar el mecanismo de dolor de la migraña.
Autor/a: Noé Barroso; Neurólogo adscrito al Hospital Fundación Clínica Medica Sur Fuente: Revista Dolor, Clínica y Terapia Vol. VI/ Núm.2/ 2009
INDICE:  1. Desarrollo | 2. Referencias bibliográficas
Desarrollo

Antes de hacer un resumen del tema, considero prudente conceptualizar tres términos: dolor, cefalea y, desde luego, migraña. Según el diccionario, la palabra dolor proviene del francés douleur, del italiano dolore y del latín dolor, y se refiere a la sensación molesta y afectiva de una parte del cuerpo; sentimiento, pena y congoja. Por otro lado, el vocablo cefalea se deriva del latín cephalea y del griego kephalé (que quiere decir cabeza); se define como cefalalgia violenta y tenaz, alguna vez intermitente y grave, que afecta indistintamente a uno de los lados de la cabeza, como la jaqueca.

Ahora bien, del dolor y en especial en la cabeza existen referencias tan antiguas como los papiros egipcios hallados en Tebas (1550 a.C.).1, 2 Por su parte, Hipócrates, en el siglo V, trató de explicar la causa de la cefalea; pensaba que había un desequilibrio de los humores (fluidos o vapores circulando en el cuerpo), que subían del hígado a la cabeza.3

Casi a finales del siglo I, Areteo de Capadocia fue el primero en describir una “forma especial de cefalea, localizada a la mitad del cráneo, de presentación paroxística, asociada a náuseas, estando el paciente fuera de su crisis totalmente asintomático”.4 Galeno introdujo el término hemicránea, que ha evolucionado a lo largo de los siglos a: hemigranea, emigranea, migranea, megrim (inglés antiguo), migraine (del francés) y, finalmente, migraña.3, 5, 6

Lo descrito previamente nos permite saber que hace ya más de tres mil años que los humanos identificaban a la cefalea como una enfermedad, la cual en algún momento era tan grave, que para tratar de quitarla recurrían a procedimientos quirúrgicos (los egipcios referían trepanaciones craneanas).1, 2 A partir de ello se infiere que desde entonces se intentó explicar la fisiopatogenia y la etiología de la cefalea. Un poco después Hipócrates ya se preocupaba por encontrar realmente el mecanismo y la causa de la cefalea, incluyendo las auras visuales de la misma.6

Se han hecho infinidad de investigaciones para intentar explicar el mecanismo del dolor, y si bien estaba claro que el sistema nervioso, tanto periférico como central, eran los responsables de contar con estructuras sensibles al dolor, la mayor parte de los estudios en el sistema nervioso (modelos animales) tenía como común denominador generar estímulos y esperar una respuesta; en el caso de la cefalea resultaba más complicado.4, 5, 7 La razón es muy simple: aunque en cualquier modelo animal empleado se podría obtener una respuesta –que los investigadores inferían como dolorosa–, el animal no maneja nuestro lenguaje.4, 7

Otros estudios realizados en cadáver permitían observar la inervación de las estructuras craneanas, tanto motoras como sensitivas y de éstas, las somáticas y las viscerales. A pesar de todo esto, no fue sino con el trabajo de Ray y Wolf, en 1946,5 que con individuos despiertos y conscientes sometidos a procedimientos neuroquirúrgicos se pudo hacer un mapeo de las áreas extra e intracraneanas, supra e infratentoriales.5 Esto ayudó a comprender mejor lo que pasaba en los pacientes con cefalea. Desde luego también se supo que todas las estructuras intra y extracraneanas, desde la cara superior de la tienda del cerebelo, estaban inervadas por el trigémino y las infratentoriales por los tres primeros nervios cervicales, el IX, X, XI, nervios craneales.5,7

Cabe hacer notar que fue a partir de dicho trabajo cuando se comprendieron mejor los mecanismos generadores de la cefalea. Sin embargo, no todas las áreas inervadas por el trigémino al ser estimuladas de manera directa con distintos estímulos producían dolor en el paciente.4, 5 Por cierto, los criterios de selección de estos pacientes exigían un cierto nivel de escolaridad, capacidad intelectual y estado emocional que permitieran valorar con precisión sus respuestas.5

Esto permitió comprender que entre los diferentes mecanismos involucrados en la génesis del dolor el trigémino jugaba un papel importante para transmitir a través de los receptores periféricos (nocirreceptores) el dolor como resultado de dicha sensación.7, 8

Dadas las características clínicas de la migraña: dolor pulsátil, hemicraneano (territorio trigeminal), se planteó una teoría vascular (vasodilatación)3, 6, 8 fundamentalmente del territorio extracraneano; esto, sin embargo, no explicaba las manifestaciones prodrómicas, es decir, el aura de los individuos que tienen migraña con aura. Entonces se pensó en este caso en vasoconstricción, que genera una isquemia y explica el aura, cuando menos la forma más frecuente (la visual), colocando dicha alteración en la región occipital.3 Así pues, se inicia el manejo conceptual de la teoría trigémino-vascular; se plantea la interrogante: si el inicio del evento es en la corteza occipital, ¿cómo se propaga hacia las regiones anteriores, de modo que pueda correlacionar con las manifestaciones clínicas dolorosas?3

Por supuesto, se han hecho infinidad de investigaciones tratando de explicar la fisiopatogenia de la migraña, pero no es hasta que la tecnología avanza cuando es posible demostrar lo planteado teóricamente.3, 8 Por ejemplo, Leao, en 1944, mediante el registro electroencefalográfico en un modelo de experimentación animal establece la teoría de la depresión cortical propagada,3, 6, 8 mismo que no se logró replicar en humanos, pero con el magnetoencefalógrafo se puede demostrar un fenómeno bioeléctrico congruente con lo encontrado por Leao.3, 8

Por otra parte, si se utiliza xenon 133 se puede medir el flujo cerebral tanto en la fase prodrómica (aura) como en la vasoconstricción/vasodilatación.3 Más tarde, con la resonancia magnética funcional y la tomografía emisora de positrones (estudios de imagen funcional) se alcanzaron grandes adelantos para poder entender la fisiopatogenia de la migraña.8 También el avance de la inmunohistoquímica, la inmunología y la genética en las áreas neurológicas permite tener un conocimiento más completo de la migraña, no obstante, hay muchos aspectos que quedan por aclarar.8

Así, podemos reunir los conceptos actuales de la fisiopatogenia de la migraña y revisaremos cuatro aspectos fundamentales:8

1. Hiperexcitabilidad neuronal cortical durante la fase interictal.

2. Depresión cortical propagada como base para explicar el aura.

3. Activación trigeminal periférica y central para explicar la fase dolorosa.

4. El polémico concepto de daño progresivo de la materia gris periacueductal, que puede explicar algunos aspectos de la sensibilización y los cambios fenotípicos expresados en este desorden.

El conocimiento adecuado de cada una de estas fases permite un manejo más racional de la enfermedad y, desde luego, el avance de la farmacología y el descubrimiento de nuevas sustancias, que además de apoyar estos eventos, excitando o inhibiendo áreas, ayuda a descubrir nuevas moléculas (fármacos) para el tratamiento del paciente que sufre migraña.

El estado interictal del migrañoso

El concepto actual es que un ataque migrañoso inicia en el cerebro, y el desencadenamiento se origina por varios factores, pero es un hecho que hay un umbral neuronal (bajo) diferente en el paciente migrañoso con respecto a la población general; la hiperexcitabilidad transitoria o permanente de las neuronas de la corteza cerebral, principalmente de la occipital, es lo más aceptado.8

 

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