'Science' | 17 OCT 08

El cerebro de los obesos siente menos satisfacción con la comida

Las personas con los circuitos de la recompensa alterados tienen más riesgo de engordar.

LIBERACIÓN DE DOPAMINA

MARÍA VALERIO

MADRID.- Un batido de chocolate y una resonancia magnética. Eso es lo que han necesitado investigadores de varias universidades estadounidenses para descubrir que el cerebro de las personas obesas siente menos satisfacción al comer. Un estudio que acaban de publicar en la revista 'Science' demuestra que las personas con menor actividad en los circuitos cerebrales que regulan la recompensa y el placer tienen más riesgo de ganar peso. Este efecto es más pronunciado en aquellas con un defecto genético relacionado con la dopamina, el neurotransmisor de las sensaciones placenteras.

Hasta ahora se sospechaba que las personas con obesidad comían en exceso para compensar su falta de placer al comer; sin embargo, ésta parece ser la primera evidencia fisiológica de por qué ocurre esto. Mientras comemos, el cerebro segrega dopamina, un neurotransmisor cerebral relacionado con las sensaciones placenteras; cuanto más nos gusta los que estamos probando, más dopamina produce el cerebro.

Ya se sabía, además, que los obesos tienen menor cantidad de receptores de la dopamina en su cerebro (concretamente en la zona del estriato dorsal que regula las 'recompensas'), lo que les obliga a comer abundantemente para compensar este déficit. "Las personas con menos receptores deben tomar más cantidad de una sustancia, bien sea alimentos o una droga, para experimentar los mismos niveles de placer", subraya uno de los autores, Eric Stice.

Para sus investigaciones, tres científicos de las universidades de Oregon y Yale (ambas en EEUU) estudiaron a dos grupos de mujeres diferentes. Cuarenta y tres de ellas tenían entre 18 y 22 años y un índice de masa corporal (IMC) de 28,6 (por encima de 25 se considera que la persona tiene sobrepeso); el segundo grupo estaba compuesto por adolescentes entre los 14 y los 18 años que tenían un IMC de 24,3.

Utilizando la resonancia magnética funcional, los especialistas observaron cómo reaccionaba el cerebro cuando las mujeres saboreaban un batido de chocolate o bien una sustancia insípida. Curiosamente, aquellas que habían mostrado menor activación del estriato dorsal mientras bebían chocolate eran las que mostraron mayor ganancia de peso durante el año siguiente en el que los investigadores estuvieron controlando su báscula.

"Creo que estamos viendo cada vez más una interacción entre factores culturales (como la abundancia de comida rica en grasas o el sedentarismo) y riesgo genético", explica Stice a elmundo.es. "No todo el mundo desarrolla obesidad en la cultura actual, por lo que parece que ambos elementos contribuyen a su aparición, no parece suficiente con uno solo de ellos".

 

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