Atención a las víctimas | 10 SEP 07

El terremoto de Perú el cuidado de la salud mental

Los psiquiatras quieren crear un sistema que atienda estos problemas a largo plazo. En Perú sólo el 25% de las personas que necesitan cuidados mentales lo reciben
Fuente: ELMUNDO.ES 

Un hombre camina entre los escombros por las calles de Pisco (Foto: EFE | Paolo Aguilar)

MADRID.- En Perú, donde sólo hay 500 psiquiatras para más de 23 millones de personas y en el que la salud mental siempre ha estado en el último plano de los sistemas sanitarios, el reciente terremoto que ha afectado al país ha sacado a la luz la necesidad de prestar más atención a estos problemas y de establecer un sistema que se ocupe de ellos a largo plazo.

El psicólogo Edgar Bellido, que llegó a Pisco (Perú) tras el terremoto de ocho grados en la escala Richter que sacudió la zona el pasado 15 de agosto, encargado de coordinar la respuesta para los problemas de salud mental que han surgido y surgirán tras el desastre, pretende establecer una red para atender estos trastornos en el futuro. "Ahora que la crisis inmediata ya ha pasado, los ciudadanos están empezando a comprender que todas sus cosas, toda su vida se la ha tragado la tierra", explica este especialista en un artículo publicado en 'The Lancet'.

A diferencia de lo que ocurre con los huracanes, en el caso de los terremotos la gente no tiene tiempo para reaccionar ni prepararse. En Pisco alrededor de 30.000 familias vieron cómo en cuestión de dos minutos habían perdido sus hogares. Además, este desastre mató a 500 personas e hirió a 2.000; una situación que creó una emergencia de salud mental.

Los supervivientes necesitaban apoyo psicológico y aquellos ya sufrían de antes estrés y ansiedad vieron cómo sus síntomas se magnificaban. Aunque los expertos señalan que aún es muy pronto para sacar conclusiones de esta tragedia, sí que coinciden en que "uno de los mayores retos es proporcionar asistencia a largo plazo para los problemas mentales".

La última prioridad

"El 70% de la población de Perú no sabe lo que significa la salud mental", reconoce Hugo Lozada Roca, psiquiatra que actúa de consejero del ministro de salud en temas de salud mental. "Sólo el 25% de los individuos que necesitan cuidados para sus problemas mentales recibe atención", añade.

Esta falta de atención a la salud mental no es exclusiva de Perú, sino que es una situación generalizada en más países de América del Sur, a pesar de los esfuerzos que se han hecho en los últimos años por mejorar.

Uno de los problemas que señala la revista 'The Lancet' es que en la mayoría de Latinoamérica el énfasis se ha puesto tradicionalmente en las enfermedades mentales más que en la salud mental en general. Esto cambió con el plan nacional de salud mental que se lanzó en 2006, pero su aplicación requiere un largo camino, ya que exige un cambio en la mentalidad de los pacientes, de sus familias, de los cuidadores y de los políticos.

"Mientras que en Europa esta cuestión siempre se ha tenido en cuenta, en Suramérica teníamos otras preocupaciones más prioritarias, como evitar que los niños murieran por malnutrición o por falta de antibióticos", afirma Jaime Saavedra, que dirige la unidad de investigación del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi en Lima.

Un círculo vicioso

'The Lancet'
explica que además de afectar la condición física, la pobreza también tiene un efecto en la salud mental y viceversa. Según un estudio realizado este año en Lima, la depresión era dos veces más frecuente entre la gente más pobre que entre los ciudadanos de clase media. Lo mismo se observó en el caso de las personas que sufrían abusos de niños, que tenían problemas domésticos o que habían intentado suicidarse.

De acuerdo con Saavedra, principal autor del trabajo, esta situación crea un círculo vicioso. "La pobreza conlleva con mayor frecuencia problemas de salud mental y a la vez esos problemas hacen que la persona tenga más dificultades para encontrar un trabajo, perpetuando así su situación de pobreza".

Conscientes de esta situación, el último plan nacional de salud mental de Perú apunta en esa dirección. Aboga para que la salud mental sea vista como un derecho fundamental y por el acceso universal de la comunidad a los cuidados sanitarios que traten estos trastornos.

No obstante, el psiquiatra Lozada y otros colegas son conscientes de las limitaciones. "No se puede pretender solucionar en pocos meses un problema que ha existido durante años", concluyen.

 

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