Puesta al día en profundidad | 28 MAR 16

Enfermedad arterial periférica

Revisión sobre el tratamiento de la enfermedad arterial periférica debida a aterosclerosis que afecta la aorta infrarrenal y las arterias de los miembros inferiores.
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Resumen 

  • La enfermedad arterial periférica aterosclerótica afecta a más de 200 millones de personas en todo el mundo, con altas tasas de episodios cardiovasculares y muerte. Los mayores factores de riesgo son el tabaquismo y la diabetes.
     
  • Las pruebas vasculares no invasivas informan sobre la presencia, la gravedad y la ubicación de la enfermedad arterial periférica.
     
  • Los principales objetivos del tratamiento son disminuir el riesgo cardiovascular y mejorar la capacidad funcional. El ejercicio supervisado aumenta la distancia de marcha.
     
  • El cilostazol puede ser un complemento del programa de ejercicio.
     
  • Cuando se considera la revascularización se efectúa una arteriografía común. La arteriografía por tomografía computarizada o por resonancia magnética también puede ser útil.
     
  • La revascularización, endovascular o quirúrgica, está indicada cuando los síntomas persisten a pesar del tratamiento médico o para el salvataje del miembro cuando el paciente sufre isquemia grave.

CASO CLÍNICO

Una mujer de 61 años llega a la consulta con antecedentes de molestia en el muslo derecho con el ejercicio desde hace 3 años. Sus síntomas progresaron recientemente hasta afectar la pantorrilla derecha. No puede caminar más de 50 m sin tener que parar debido al dolor de la pierna. Sus antecedentes importantes son una cirugía de derivación aortocoronaria tras un infarto de miocardio a los 55 años e hiperlipidemia, para la que toma atorvastatina 40 mg diarios. Tiene fuertes antecedentes de tabaquismo y en la actualidad fuma ocho cigarrillos por día. En el examen físico la presión arterial es 126/82 mm Hg, hay un soplo sobre la arteria femoral derecha y los pulsos están disminuidos en la pierna derecha.


¿Cómo evaluaría y trataría este caso?

EL PROBLEMA

El término “enfermedad arterial periférica” abarca las diversas enfermedades que afectan las arterias no cardíacas y no endocraneales. La causa más común de enfermedad arterial periférica es la aterosclerosis; menos comunes son los trastornos inflamatorios de la pared arterial (vasculitis) y las arteriopatías no inflamatorias, como la displasia fibromuscular.

Esta revisión se centra sobre el tratamiento de la enfermedad arterial periférica estable debida a aterosclerosis que afecta la aorta infrarrenal y las arterias de los miembros inferiores. Existen dos grandes subtipos de enfermedad arterial periférica: la proximal, que afecta las zonas irrigadas por las arterias aortoilíaca y femoropoplítea y la enfermedad distal, que afecta las zonas irrigadas por la infrapoplítea. La enfermedad distal se puede acompañar de calcificación de la capa media, que produce arterias poco comprimibles y se asocia con alta mortalidad.

El índice tobillo-brazo (ITB) es la relación entre la presión sistólica en el tobillo y la presión sistólica en el brazo. Sobre la base de la prevalencia en estudios de cohortes de un ITB anormal se estima que más de 200 millones de personas en todo el mundo sufren enfermedad arterial periférica y cabe esperar que esta cantidad aumente a medida que la población envejece.

Los factores de riesgo de enfermedad arterial periférica son similares a los de otras enfermedades vasculares ateroscleróticas, siendo los principales el tabaquismo y la diabetes mellitus. También se asocian con enfermedad arterial periférica los marcadores de inflamación y trombosis, el aumento de la lipoproteína (a) y de la homocisteína y la nefropatía crónica. Si bien la prevalencia de esta enfermedad es similar entre los hombres y las mujeres posmenopáusicas, los hombres son más proclives a sufrir los síntomas clásicos de claudicación. Estudios con mellizos sugieren que factores hereditarios confieren predisposición a la enfermedad arterial periférica.

La enfermedad arterial periférica se asocia con otras varias enfermedades; la enfermedad coronaria, la enfermedad cerebrovascular o ambas están presentes en más de la mitad de las personas a las que se les diagnostica enfermedad arterial periférica.

Sobre la base de datos de registro, la incidencia a 1 año de muerte cardiovascular, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular (ACV) isquémico fue mayor entre personas con enfermedad arterial periférica que entre aquellos con enfermedad coronaria (5,35% vs. 4,52%); la incidencia de problemas en los miembros inferiores, entre ellos el empeoramiento de los síntomas, la necesidad de revascularización periférica y de amputación, fue del 26% durante un período de 4 años. El ITB de 0,9 o menos se asocia con más del doble de mortalidad que la asociada con el ITB de 1,11 a 1,40.


ESTRATEGIAS Y EVIDENCIA

Evaluación
Pesquisa. No hay evidencia de que la detección precoz genere un tratamiento más eficaz o mejores resultados. El American College of Cardiology y la American Heart Association (ACC–AHA) recomiendan la pesquisa dirigida hacia personas con aumento del riesgo, como los mayores de 65 años y los mayores de 50 años que son fumadores o padecen diabetes.

Síntomas y signos
Los pacientes con enfermedad arterial periférica pueden estar asintomáticos, sufrir los síntomas clásicos de claudicación (molestias con el esfuerzo de los grupos musculares distales a la arteria afectada), o sufrir molestias atípicas para la claudicación. Un subgrupo de pacientes puede llegar a la consulta con isquemia grave aguda o crónica del miembro inferior. Los signos de enfermedad arterial periférica son disminución de los pulsos, soplos arteriales, disminución del llenado capilar, palidez al elevar el miembro y cambios tróficos. Los pacientes con isquemia grave a menudo sufren dolor de reposo y úlcera o gangrena en los dedos de los pies.

Pruebas arteriales no invasivas en los miembros inferiores
Las pruebas no invasivas son la medición de las presiones arteriales en diferentes niveles de las piernas (presiones segmentarias) y la estimación de los índices correspondientes, entre ellos el ITB, así como el análisis de la forma de onda del Doppler de onda continua. Otras pruebas pueden ser la ergometría en una cinta sin fin para detectar enfermedad leve y medir el tiempo máximo de marcha sin dolor, los índices dedos del pie–brazo en pacientes con arterias poco comprimibles, la oximetría transcutánea para evaluar la oxigenación tisular cuando se encuentra enfermedad arterial periférica grave e isquemia grave de los miembros. La ecografía asociada con las imágenes Doppler (ecografía duplex) es una técnica relativamente barata, rápidamente disponible para visualizar la placa aterosclerótica en las arterias periféricas y se emplea frecuentemente para evaluar la permeabilidad del injerto tras la revascularización.

Arteriografía
La arteriografía tradicional está indicada en los pacientes en quienes se está considerando la revascularización. La arteriografía por tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética también puede ser útil para planificar la revascularización.


Generalidades sobre el tratamiento

Los objetivos principales del tratamiento de los pacientes con enfermedad arterial periférica son disminuir los riesgos de resultados cardiovasculares adversos, mejorar la capacidad funcional y conservar la viabilidad del miembro. Múltiples enfermedades concomitantes son comunes en los pacientes con enfermedad arterial periférica y representan más desafíos terapéuticos.

Tratamiento de los factores de riesgo cardiovascular

Hiperlipidemia. Recomendaciones recientes aconsejan el tratamiento intensivo con estatinas en pacientes con enfermedad vascular aterosclerótica para disminuir el colesterol de la lipoproteína de baja densidad (LDL) en un 50% o más, pero no indican el nivel deseado de colesterol LDL.

En el Heart Protection Study, el subgrupo de pacientes con enfermedad arterial periférica asignados a simvastatina tuvieron una reducción del 25%, en relación con la reducción de los asignados a placebo, del riesgo de episodios cardiovasculares durante 5 años de seguimiento. En un gran estudio de registro, los pacientes con enfermedad arterial periférica que estaban recibiendo estatinas tuvieron una tasa de resultados adversos de los miembros (entre ellos empeoramiento de los síntomas, necesidad de revascularización periférica y amputación) que fue el 18% menor que la tasa en pacientes que no recibían estatinas.
Hipertensión.

No hay acuerdo sobre para la presión arterial. Un estudio reciente sugiere que la presión sistólica debe ser menor de 120 mm Hg en pacientes de alto riesgo cardiovascular. Si bien no hay estudios comparativos que lo avalen, los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina pueden ser los mejores para disminuir el riesgo de episodios cardiovasculares adversos en la enfermedad arterial periférica.

En el Heart Outcomes Prevention Evaluation Study, con 9297 pacientes con diabetes o enfermedad vascular (incluidos 4051 pacientes con enfermedad arterial periférica), el tratamiento con ramipril produjo menor riesgo de resultados cardiovasculares adversos que el tratamiento con placebo, durante 5 años de seguimiento. Cuando están indicados, los betabloqueantes se pueden emplear en pacientes con enfermedad arterial periférica.

Diabetes
El tratamiento de la diabetes no disminuye el riesgo de episodios cardiovasculares, pero puede disminuir los riesgos de enfermedad microvascular y neuropatía. Esta observación es importante para los pacientes con enfermedad arterial periférica y diabetes, en los que la úlcera del pie es una complicación desfavorable debilitante. Puesto que el descenso intensivo de la glucemia puede aumentar la mortalidad entre pacientes con enfermedad cardiovascular, se debe elegir un nivel deseado de hemoglobina glucosilada sobre la base de la edad del paciente, la duración de la diabetes y la presencia de otras enfermedades. Se recomienda el cuidado adecuado de los pies, su inspección diaria y la rápida evaluación de toda lesión o úlcera de la piel.
Supresión del tabaquismo. Las personas con enfermedad arterial periférica que dejan de fumar tienen menor riesgo de muerte, de progresión de la enfermedad, de isquemia grave y de amputación de los miembros, de infarto del miocardio, ACV y fracaso de la cirugía de revascularización que los que continúan con el hábito de fumar.

 

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