El estreno del film actualiza el interés | 13 ENE 10

Una lectura médica de Sherlock Holmes

Bipolaridad, autismo, adicción a las drogas... Signos de estas enfermedades pueden rastrearse en el detective más famoso de la literatura.

Días antes del estreno de una nueva película sobre el personaje, un dignóstico de Holmes y la opinión de Carlos Chernov sobre las diferencias entre el arte del científico y del detective.
Percibo que usted estuvo en Afganistán", dijo el hombre de mediana edad como saludo cuando el médico entró en la habitación. Este, que acababa de regresar de la segunda guerra anglo-afgana, se asombró ante la perspicacia del hombre. Pero antes de que pudiera preguntarle cómo sabía que eso era verdad, el hombre lo asió de una manga y lo acercó para que presenciara su última obsesión.

El médico escuchó estupefacto mientras el hombre hablaba extensamente del experimento químico que había realizado. El amigo que los presentó le había dicho al médico que el hombre era un excéntrico y que llevaba a cabo experimentos mórbidos. Le dijo que una vez había visto al hombre golpear un cadáver para determinar si podía formarse un moretón después de la muerte. (No es posible.) Tenía tal sangre fría, había agregado el amigo, que era fácil imaginarlo administrándole una droga a un amigo tan sólo para ver qué efecto le causaba. Sin duda Sherlock Holmes era excéntrico, pensó el Dr. John Watson, pero también era interesante.

Fue de esa forma que, en 1887, Arthur Conan Doyle dio comienzo a una de las sociedades más raras y productivas de la literatura con la novela Estudio en escarlata. La primera vez que entré en contacto con esa extraña pareja fue en el colegio secundario. Hace poco volví a sumergirme en mis gastados tomos de esos notables relatos, pero esta vez no pude evitar observar a Sherlock Holmes con los ojos de un médico. Lo que vi fue lo que cualquier médico vería: un paciente. En mi caso, la pregunta fue: ¿podía diagnosticarse la extraña conducta de Sherlock Holmes?

No cabe duda de que tiene síntomas. Parece ignorar los ritmos y cortesías de las relaciones sociales normales; no conversa, sino que pontifica. Sus conocimientos e intereses son profundos pero escasos. Tiene una peculiar "sangre fría", lo que tal vez sea la causa de que también esté solo en el mundo. No tiene más amigos que el extremadamente tolerante Watson. Un hermano, aún más raro y aislado que él, es su única familia. ¿Arthur Conan Doyle expuso algún tipo de enfermedad mental o de trastorno de personalidad genético que había observado o Holmes era sólo un personaje interesante que creó de la nada?

Conan Doyle estudió medicina en la Universidad de Edimburgo, que en ese entonces era una de las facultades médicas más prestigiosas del mundo. Tenía un ojo avezado para detectar las sutiles manifestaciones de la enfermedad, y sus relatos están llenos de descripciones médicas de gran precisión. El alcoholismo de un hombre que gozaba antes de buena salud se ve en el "toque rojo en la nariz y las mejillas", en "el leve temblor de la mano extendida". En otro relato, las contorsiones de un cuerpo –los miembros "retorcidos de la forma más fantástica", los músculos "duros como una tabla (...), que excedían en mucho el rigor mortis habitual"– le permiten a Watson (y a sus lectores médicos) diagnosticar un envenenamiento por estricnina.

Se estima que Conan Doyle fue uno de los primeros en describir una enfermedad heredada que ahora se conoce con el nombre de síndrome de Marfán. El síndrome, que apareció por primera vez en la literatura médica en 1896 gracias al pediatra francés Antoine Marfán, se caracteriza por una estructura física alta y delgada, problemas oculares y tendencia a desarrollar aneurismas de aorta a temprana edad. La ruptura del vaso dilatado que transporta la sangre del corazón al resto del organismo es la causa de muerte más común entre quienes padecen ese trastorno, y hasta hace poco pocos enfermos vivían más allá de los cuarenta años. Se describe a Jefferson Hope, el asesino vengador de la primera novela de Conan Doyle, como un hombre alto de treinta y tantos años que mata a quienes responsabiliza de la muerte de la mujer que amaba. Cuando por fin lo detienen, le pide a Watson que le ponga la mano en el pecho. Watson señala que tomó "conciencia de inmediato de las pulsaciones y la conmoción extraordinarias que había en su interior. La caja torácica parecía agitarse y temblar como lo haría una construcción débil al ponerse en marcha un motor poderoso. En el silencio de la habitación oía un zumbido sordo que procedía de la misma fuente". Watson sabe al instante lo que significa eso. "¡Usted tiene un aneurisma de aorta!"

¿Es posible que al retratar a Holmes, Conan Doyle haya plasmado un síndrome psiquiátrico familiar hasta entonces desconocido? Tanto admiradores como académicos aventuraron muchos diagnósticos, dice Leslie Klinger, editor de la versión anotada más completa de los relatos de Sherlock Holmes. Klinger se inclina por un diagnóstico de trastorno bipolar, para lo que se basa en las oscilaciones del detective entre la hiperactividad y la lasitud. El trastorno bipolar es hereditario y se caracteriza por episodios de energía frenética –a menudo acompañados de una conducta extravagante y ostentosa– que alternan con períodos de profunda depresión. Si bien es cierto que Holmes no dormía durante varios días cuando estaba inmerso en un caso, sus cambios de estado de ánimo parecen depender de su trabajo. Cuando trabajaba estaba eléctrico. Si no tenía nada que hacer se ponía melancólico. El consumo de drogas podría ser la causa de los marcados cambios anímicos, pero usaba cocaína cuando estaba ocioso y deprimido, no cuando estaba ocupado y animado.

 

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