Omega-3: cuando un ácido graso cambia el lenguaje de la inflamación
No todos los procesos inflamatorios se explican por citoquinas. Existe también una inflamación mediada por lípidos, en la que los ácidos grasos participan como precursores de moléculas señalizadoras.
El ácido araquidónico (AA), de la familia omega-6, puede dar origen a eicosanoides con actividad proinflamatoria. El aporte de omega-3, particularmente EPA y DHA, modifica este equilibrio y puede favorecer un perfil menos inflamatorio.
Un marcador interesante de este balance es la relación AA/EPA. Un valor entre 1,5 y 3 se considera un rango favorable y está fuertemente influido por el consumo de omega-3 y la reducción de omega-6, muy abundantes en los ultraprocesados.
Pero hay algo todavía más interesante: los omega-3 no solamente “disminuyen inflamación”.
A partir de EPA y DHA se generan mediadores especializados de resolución, entre ellos las resolvinas, que participan activamente en la finalización de la respuesta inflamatoria.
Esto cambia el concepto: la inflamación no se apaga simplemente bloqueándola. El organismo también posee mecanismos activos para resolverla.
¿Y qué tiene que ver esto con el ojo?
La superficie ocular es un tejido inmunológicamente activo y la inflamación participa en patologías frecuentes como el ojo seco. Por eso, comprender el metabolismo de los lípidos ayuda a entender por qué el omega-3 despierta tanto interés en oftalmología.