Glaucoma y sueño: lo que sucede mientras dormimos
Cuando pensamos en glaucoma, solemos pensar en la presión intraocular. Pero el nervio óptico también depende de una adecuada oxigenación, perfusión y metabolismo, y la noche puede ser un período especialmente vulnerable.
El síndrome de apnea-hipopnea obstructiva del sueño (SAHOS) puede generar episodios repetidos de hipoxia e hipercapnia, alterando la autorregulación vascular y favoreciendo estrés oxidativo en las células ganglionares de la retina.
A esto pueden sumarse cambios en la perfusión del nervio óptico, elevaciones transitorias de la PIO y alteraciones del cortisol nocturno, capaces de favorecer vías inflamatorias.
Existe además otro mecanismo menos conocido: durante el sueño profundo se activa el sistema glinfático, encargado de favorecer la eliminación de productos metabólicos del sistema nervioso. La alteración crónica del sueño podría comprometer este proceso y contribuir a la activación microglial y al daño neuronal acumulativo.
Por eso, frente a un paciente con glaucoma —especialmente si progresa pese a un buen control de la PIO— quizás valga la pena preguntar algo tan sencillo como:
¿Cómo duerme? ¿Ronca? ¿Tiene pausas respiratorias? ¿Se levanta descansado?
No todo está en el tonómetro.