Glaucoma: cuando la presión no explica todo Durante años, el glaucoma se entendió como una enfermedad relacionada con la presión intraocular (PIO). Reducirla continúa siendo la intervención con mayor evidencia para disminuir el riesgo de progresión. Sin embargo, la PIO no explica por sí sola todo el daño neuronal. El glaucoma comparte características con otras enfermedades neurodegenerativas: es crónico, silencioso y progresivo. Las células ganglionares de la retina (CGR) pueden deteriorarse antes de que aparezcan alteraciones evidentes en el campo visual. ¿Dónde entra la neuroinflamación? La retina es parte del sistema nervioso central y posee células gliales. Frente al daño pueden activarse y, cuando esta activación se vuelve crónica, liberar mediadores proinflamatorios y especies reactivas de oxígeno, perpetuando el daño neuronal. Así puede establecerse un círculo: daño → activación glial → inflamación → mayor daño. Además, la inflamación sistémica de bajo grado podría contribuir. La disbiosis y la alteración de la barrera intestinal pueden favorecer una respuesta inflamatoria sistémica. También está descripto un eje microbiota–retina relacionado con inflamación de las CGR. Esto no significa que “el glaucoma sea intestinal” ni que la PIO deje de importar. Significa ampliar la mirada: controlar la presión es indispensable, pero comprender los mecanismos neuroinflamatorios podría abrir nuevas estrategias de neuroprotección.