Las complicaciones durante la sesión de hemodiálisis representan uno de los desafíos clínicos más frecuentes en la práctica nefrológica diaria, siendo la hipotensión arterial el evento adverso con mayor incidencia. La inestabilidad hemodinámica, derivada de la tasa de ultrafiltración, la reducción de la osmolaridad plasmática y la respuesta vasovagal, no solo compromete la tolerancia del paciente al tratamiento, sino que se ha vinculado estrechamente con un aumento en la morbimortalidad cardiovascular a largo plazo. Según la literatura científica, resulta imperativo una monitorización continua de la volemia y una individualización rigurosa del peso seco para mitigar estos episodios, preservando así la integridad del lecho vascular y la función residual del paciente.
Por otro lado, complicaciones emergentes como los calambres musculares, las reacciones de hipersensibilidad al dializador y las arritmias inducidas por alteraciones electrolíticas requieren un abordaje proactivo basado en protocolos de enfermería nefrológica y vigilancia médica estricta. De acuerdo con los estándares publicados en la Revista Española de Nefrología, la optimización de los parámetros del baño de diálisis y el ajuste preciso de la conductividad .