Circula una idea clínicamente útil: usar la comprensión como evitación afectiva. El fenómeno es real; el rótulo con que se lo presenta, no.
Racionalización: justificación post hoc, con razones plausibles que no son el motivo real.
Intelectualización: distanciamiento del afecto por desplazamiento hacia lo conceptual. Se piensa la emoción en lugar de sentirla. Es la que describe el "entender para no sentir". Ambas son defensas evitativas —nivel neurótico en Vaillant— con la misma función: mantener el afecto a distancia.
Disociación: es otra cosa. Discontinuidad en la integración de la conciencia, la memoria, la identidad o la percepción, con carga ligada al trauma. Llamar disociación a toda intelectualización evitativa diluye una categoría con implicancias propias y le adjudica al paciente un fenómeno más grave del que presenta.
Dos apuntes para no caer en el extremo opuesto:
— El insight no equivale a regulación. Comprensión exhaustiva con nula modificación afectiva es un clásico de consultorio; de ahí no se sigue que comprender no sirva.
— La reevaluación cognitiva (Gross) es antecedente y, en muchos contextos, adaptativa. El anti-intelectualismo es tan reduccionista como el intelectualismo que critica.
El encuadre más fértil no opone pensar y sentir: apunta a la integración top-down / bottom-up. La comprensión articulada con el registro corporal —mentalización, en Fonagy— transforma. La desacoplada del afecto, no.
Dr. Diego Rodríguez | Médico psiquiatra