Guardias sin protocolo: lo que la práctica médica todavía no resolvió frente al clima extremo
Termómetro exterior: 41 grados. En el pasillo de urgencias, el ventilador de pie hace circular aire hirviendo mientras los sueros fisiológicos se calientan en el estante.
Nadie nos preparó para esto en la universidad.
El cambio climático no llega a la consulta como un diagnóstico nuevo. Llega como un cambio en la frecuencia y la estacionalidad de lo que ya conocíamos: golpes de calor fuera de temporada, enfermedades vectoriales con picos menos predecibles, protocolos e insumos diseñados para un clima que ya no es tan estable como asumíamos.
Y hay algo de lo que casi no se habla: el médico también es un cuerpo expuesto al mismo calor extremo, durante turnos de doce horas, sin la posibilidad de salir a buscar sombra cuando el cuerpo lo pide. La fatiga por calor no distingue bata blanca.
No es una discusión que se resuelva con voluntad individual.
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