El médico adicto que sí vemos en la pantalla (y el que no vemos en el pasillo)
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Casi no hay serie médica sin un personaje adicto: House y el Vicodin, la médica de New Amsterdam, el personal al límite de The Pitt. La ficción lo muestra sin pudor. El gremio real, en cambio, prefiere el silencio.
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La adicción médica no es lo mismo que el malestar psicológico genérico del que tanto hemos hablado en este espacio. Tiene una mecánica propia: acceso facilitado, capacidad de autoprescripción y un conocimiento clínico que permite racionalizar cada escalón hacia la dependencia. Se estima una prevalencia de entre 10% y 14% entre médicos, cifra que aumenta en sedantes, hipnóticos, opioides y estimulantes —justamente las sustancias a las que tenemos acceso directo.
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El dato más duro: en promedio tardamos entre 6 y 7 años en pedir ayuda desde que el problema comienza. En ese tiempo, seguimos viendo pacientes.
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España cuenta desde 1998 con el PAIME, un programa colegial específico para médicos con adicciones. En Latinoamérica no existe nada equivalente. Lo que sí tenemos es el colega que cubre el turno sin preguntar, el silencio gremial de siempre.
Este artículo no busca resolver el tema, busca nombrarlo.
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