La intensidad de un síntoma no siempre coincide con la intensidad del sufrimiento.
A lo largo de los años vi a niños llorar desconsoladamente por molestias relativamente pequeñas y a otros atravesar situaciones mucho más complejas con una serenidad sorprendente.
No porque sintieran menos.
Sino porque cada persona vive el dolor, el malestar y la incertidumbre de una manera única.
La medicina nos enseña a reconocer síntomas.
La experiencia nos enseña a comprender cómo cada ser humano los atraviesa.
Y esa comprensión también nos ayuda a acompañar mejor.
Porque no siempre podemos curar, pero sí aliviar y cuidar.
Dra. Amelia Zarauza