La evaluación de las enfermedades estructurales cardíacas exige mucho más que una única modalidad de imagen.
Cada técnica aporta información complementaria que, integrada de forma estratégica, permite comprender con mayor precisión la anatomía, la función y las características de cada paciente.
La ecocardiografía continúa siendo la primera herramienta diagnóstica y la guía de numerosos procedimientos intervencionistas. La tomografía computarizada aporta una caracterización anatómica detallada y una planificación precisa, mientras que la resonancia magnética ofrece información fundamental sobre el tejido miocárdico, la función ventricular y la cuantificación de volúmenes.
En la cardiología intervencionista, la imagen multimodal desempeña un papel esencial durante todas las etapas del tratamiento. Desde la planificación de un TAVI hasta la reparación mitral percutánea, el cierre de la orejuela izquierda o de defectos septales, la integración de diferentes modalidades mejora la seguridad del procedimiento, optimiza los resultados y favorece una toma de decisiones más precisa.
Comprender cuándo y cómo utilizar cada método es una competencia cada vez más importante para quienes participan en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades estructurales.