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Aracelis Sarmiento

12 de mayo de 2026

La consulta que más postergamos suele ser la nuestra.

Los profesionales de la salud sabemos detectar ansiedad, depresión o burnout en otros, pero muchas veces ignoramos nuestras propias señales de alarma. Desde la formación médica aprendimos a resistir: dormir poco, no quejarnos, normalizar el agotamiento y convertir el sacrificio en una virtud.

Las cifras reflejan una crisis silenciosa. Según la OMS, entre 2020 y 2022 al menos una cuarta parte del personal sanitario presentó síntomas de ansiedad, depresión o agotamiento. Estudios recientes muestran que casi la mitad de los trabajadores de salud experimentan burnout, mientras la ansiedad y la depresión afectan a más de un tercio. Sin embargo, pedir ayuda sigue siendo un tabú dentro de la cultura médica, donde la vulnerabilidad suele interpretarse como debilidad.

El problema no impacta solo en quien lo padece: también afecta la empatía, la escucha y la calidad de atención. Un profesional agotado puede continuar trabajando, pero desconectado emocionalmente. Por eso, cuidar la salud mental no es un lujo, sino parte esencial de la ética del cuidado.

La solución requiere cambios personales e institucionales: acceso a terapia, espacios de apoyo entre colegas, políticas que favorezcan el descanso y una cultura que reconozca al médico como persona.

Artículo completo en:

https://sinrecetaparamedicos.wordpress.com/2026/05/12/ser-medica-y-madre-de-ninos-pequenos-negociando-el-tiempo-y-la-energia/

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El Honor del Guardapolvo La transformación del sistema de salud ha modificado los vínculos profesionales; sin embargo, para la generación formada en los años 70, el respeto entre pares sigue siendo un principio innegociable de dignidad. Existen leyes grabadas en la memoria del corazón. Para quienes nos formamos bajo maestros que transmitían tanto ciencia como humanismo, la relación entre colegas siempre fue sagrada: el par era un hermano de oficio. Hoy, frente a una medicina mediada por la gestión administrativa, esa mística se desdibuja. Es frecuente que un médico jubilado, al buscar a un antiguo compañero para una intervención menor o una consulta familiar, reciba como respuesta un frío derivamiento a la secretaría para verificar su cobertura social. Este paso del "Pasa, colega" al "Pida un turno" no es solo una anécdota, sino un síntoma de la despersonalización del vínculo. Cuando la burocracia supera al lazo humano, la medicina pierde su esencia. La asistencia al colega es un honor, no una carga. No se busca un privilegio económico, sino el reconocimiento de una identidad compartida. Retirarse en silencio ante el destrato no es soberbia, sino coherencia con la dignidad de nuestros maestros. Esta reflexión es una invitación a recordar : cuidar al colega, especialmente al que ya recorrió el camino, es cuidar la salud de nuestra propia profesión. Mantener esa llama de la vieja escuela es la última gran lección que los médicos de ayer pueden ofrecer a la medicina de mañana.

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