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✅La cardiología intervencionista enfrenta hoy una paradoja: mientras amplía sus posibilidades (PCI complejas, TAVR, TEER, LAAO), se vuelve más evidente que la edad cronológica es un marcador pobre para decidir a quién intervenir y con qué objetivo.
📌Este enfoque propone priorizar la “edad biológica”: reserva funcional, fragilidad, cognición, multimorbilidad y calidad de vida (QOL) como ejes que predicen riesgo/beneficio mejor que muchos scores tradicionales. La fragilidad (frecuente en el laboratorio) se asocia a más complicaciones, estadía y mortalidad; por eso se favorecen herramientas simples y operativas como el Essential Frailty Toolset. La cognición merece el mismo peso: el delirium o el deterioro cognitivo pueden convertir un procedimiento técnicamente exitoso en un desenlace clínicamente devastador, limitando adherencia y recuperación. La multimorbilidad agrega riesgo “real” y condiciona la trayectoria postprocedimiento.
📌Finalmente, QOL y objetivos del paciente deben guiar la indicación: en muchos mayores, el valor no es solo vivir más, sino vivir mejor, con menos síntomas y más independencia. El mensaje es claro: no se trata de intervenir menos, sino de intervenir mejor—con una medicina de precisión que también sea biográfica, alineada a preferencias y a resultados que importan.
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