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De la práctica asistencial pasé a fundar una startup en salud y de ahí a ingeniería de software full-time.
La secuencia producto → ingeniería no fue azarosa: fue la vía más eficiente para validar que podía resolver problemas clínicos desde fuera del consultorio.
Producto e ingeniería son dos expresiones de la misma disciplina: el modelado de sistemas.
El clínico lo ejerce a diario, anamnesis, diagnóstico diferencial, protocol, sobre un runtime biológico. Migrar al runtime digital es menos abrupto de lo que suele asumirse, y la IA está acelerando esa convergencia: la frontera entre producto e ingeniería se disuelve.
Para quien evalúe el pivot, tres preguntas de autodiagnóstico.
Afinidad técnica: ¿Intentaste aprender a programar, operás una terminal, navegás directorios por línea de comandos?
Personalidad: ¿Te orientás al trabajo sistemático (ingeniería) o a la síntesis de necesidades ajenas (producto)?
Foco: ¿Qué problema clínico te interesa lo suficiente para sostenerlo años?
Las respuestas definen el punto de entrada. Sin experiencia técnica y con perfil vincular, producto es el camino natural: el conocimiento clínico es el insumo escaso para definir qué construir.
Con curiosidad técnica previa, la entrada directa por ingeniería es viable. No conviene esperar a "saber programar" para empezar: el dominio médico es el activo diferencial; el código, cada vez más, una commodity.
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