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Julia Elena Scocco

6 de mayo de 2026

Salud intestinal y enfermedades oculares

El eje intestino-ojo se ha convertido en un campo de creciente interés. La disbiosis intestinal —favorecida por antibióticos, dieta rica en grasas y ultraprocesados y baja en antioxidantes y probióticos, el estrés crónico o sedentarismo— altera la composición de la microbiota y la producción de metabolitos.

Estos cambios impactan en la modulación de linfocitos T y células dendríticas, promoviendo respuestas inflamatorias sistémicas.

La permeabilidad intestinal aumentada facilita el paso de endotoxinas que, a través de la circulación, afectan la barrera hematorretiniana y desencadenan cascadas inmunes locales.

Como consecuencia, se potencia el riesgo de patologías inflamatorias y neurodegenerativas oculares, incluyendo uveítis, degeneración macular asociada a la edad, retinopatía diabética, ojo seco y glaucoma.

Cuidar la salud intestinal no solo es un objetivo de bienestar general: también representa una estrategia preventiva y terapéutica en oftalmología moderna.

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Retinopatía diabética: el problema no es cuando la vemos En el consultorio, la escena se repite. Paciente con años de diabetes, controles irregulares o directamente ausentes, que consulta por una baja visual relativamente reciente. A veces llega derivado, a veces por iniciativa propia. Muchas veces, tarde. El examen muestra lo esperable: lesiones que no son nuevas. En algunos casos, ya en etapas avanzadas. Pero el problema no empieza ahí. La retinopatía que vemos es la expresión final de un proceso que lleva años. Años de hiperglucemia sostenida, de variabilidad glucémica, de controles subóptimos, de una enfermedad que muchas veces cursa sin síntomas hasta que el daño ya está instalado. Y en ese punto, nuestro margen de acción es más limitado. Tratamos. Indicamos. Seguimos. Pero muchas veces trabajamos sobre consecuencias, no sobre el proceso que las generó. Esto abre una incomodidad necesaria: ¿Cuánto de la evolución de estos pacientes podría haberse modificado antes de que lleguen a nuestra consulta? Porque el tratamiento oftalmológico es clave, pero llega en un momento de la historia natural donde ya no todo es reversible. Tal vez el desafío no sea solo diagnosticar y tratar mejor, sino también encontrar la forma de integrarnos antes en el recorrido del paciente con diabetes. No para reemplazar otros abordajes, sino para formar parte de una mirada más temprana y más completa. Porque cuando la retinopatía se hace visible, muchas veces el proceso lleva demasiado tiempo en marcha.

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