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Actividad física ligera: cuando el movimiento cotidiano también protege el corazón
Durante años, la prevención cardiovascular pareció depender exclusivamente del ejercicio intenso y estructurado. Sin embargo, la evidencia más reciente es clara: la actividad física ligera y sostenida también tiene impacto clínico real. Caminar, moverse a lo largo del día, subir escaleras o reducir el tiempo sentado se asocia con menor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes y mortalidad.
Desde la fisiopatología, incluso movimientos de baja intensidad mejoran la sensibilidad a la insulina, reducen la inflamación sistémica, favorecen la función endotelial y atenúan los efectos nocivos del sedentarismo prolongado. El mensaje es potente y accesible: no todo empieza en el gimnasio.
En una sociedad cada vez más sedentaria, promover el movimiento diario —aunque sea leve— no es un consejo menor: es una intervención preventiva con respaldo científico y alto impacto poblacional.
FUENTE: PREVENCION
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