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Cuando hacer más nunca es suficiente...
En la práctica médica, el exceso de trabajo no siempre se percibe solo como una sobrecarga, sino como una sensación persistente de insuficiencia. Muchas médicas no solo trabajan más de lo que pueden sostener, sino que además sienten que ese esfuerzo sigue siendo incompleto. No necesariamente por errores, sino por la idea, profundamente internalizada, de que siempre se podría haber hecho algo más.
En este contexto, el límite personal deja de vivirse como una forma de cuidado y comienza a percibirse como una posible falla. Irse a tiempo, delegar o descansar pueden generar incomodidad, no por falta de compromiso, sino porque tensionan una expectativa implícita: la disponibilidad constante como medida de responsabilidad profesional.
La culpa, entonces, deja de ser una respuesta puntual y pasa a funcionar como un mecanismo silencioso de autoexigencia. El problema es que, sostenido en el tiempo, este modelo no solo impacta en el bienestar del profesional, sino también en la calidad del cuidado.
Abrir esta conversación implica comenzar a revisar qué parte del compromiso se sostiene por convicción y cuál por inercia.
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