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Dormir es resistir: La deuda de sueño en la práctica médica
Dormir fortalece el sistema inmune, mejora la memoria y previene enfermedades, pero en la práctica médica sigue siendo un lujo. Las guardias de 24 a 36 horas generan una “deuda de sueño” con consecuencias críticas: los residentes tienen 36% más riesgo de cometer errores graves, aumentan los accidentes tras turnos prolongados y la privación crónica se asocia a depresión (28%) y burnout en más del 50%. También eleva el riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2 y obesidad.
A pesar de conocer los mecanismos —deterioro cognitivo, menor atención y desregulación hormonal—, el agotamiento sigue normalizado e incluso valorado como compromiso. Esta cultura, heredada de modelos formativos rígidos, es en realidad precariedad que impacta tanto en la salud del médico como en la seguridad del paciente.
El cambio es posible: limitar la duración de las guardias, implementar descansos obligatorios y reducir la carga administrativa mediante tecnología. Incorporar la salud del profesional como indicador de calidad no es un lujo, sino una necesidad.
Dormir no es pereza, es una condición biológica esencial. Un médico descansado decide mejor, se equivoca menos y cuida con mayor humanidad. La medicina del futuro debe dejar de romantizar el insomnio y reconocer el descanso como un derecho básico.
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