Medical News

/ Published on March 6, 2011

Tecnología y medicina

Y ahora llega el iPad 2

Le nueva era de la medicina digitalizada.


Steve Jobs presenta el iPad2.| Jeff Chiu

José Luis de la Serna | Madrid

Más delgado, liviano, con dos cámaras (videoconferencia de calidad a coste cero), un procesador mucho más rápido, gráficos increíbles, un giroscopio especial, se puede conectar con la televisión de alta definición... Apple se reinventa de nuevo y de paso obliga a sus competidores a intentar emularle y mejorar, si pueden, el recién estrenado iPad 2. Hace algo más de un año, cuando apareció el primer iPad, el mundo de la medicina intuyó que las tabletas y los 'smartphones' acompañarían en un futuro próximo a toda la profesión de la misma manera que el fonendoscopio ha estado en el bolsillo de la bata –y ahora es la bufanda– durante casi un siglo.

Admitiendo que lo más importante en medicina es la estrecha relación personal entre el médico y el enfermo, no hay que ser demasiado visionario para certificar que los iPads y todos sus congéneres se van a convertir en grandes aliados de médicos y pacientes. Los dirigentes sanitarios en España presumen de que nuestro país está en el top ten de los que tienen mejor desarrollada la historia clínica digital.

Conseguir, por lo tanto, que los datos de los enfermos, sus imágenes clínicas, las gráficas de su evolución durante el ingreso hospitalario, las cifras del laboratorio, la imagen microscópica de la anatomía patológica, el vídeo de su coronariografía e, incluso, el resumen de una intervención quirúrgica lo pueda ver el médico tocando una pantalla en su dispositivo móvil no tiene por qué ser demasiado difícil.

Si desde los nuevos teléfonos se pueden rastrear, y en tiempo real, los vuelos de cualquier compañía aérea en el planeta, tener disponible en iPads u otras tabletas el contenido de una determinada historia clínica (con todos los controles de privacidad que sean necesarios) se puede asimismo conseguir.

Bastaría con que, únicamente, la historia clínica digital fuese accesible en los dispositivos móviles para que su uso masivo en medicina estuviera plenamente justificado. Bastaría también con que, con dichas historias, los médicos puedan colaborar en la distancia con diagnósticos complejos, en los que hay que interactuar con cifras, balances, imágenes e intercambio de ideas, para que las instituciones sanitarias pensaran seriamente en incorporar esta tecnología en su quehacer diario.

Sin embargo, con estas herramientas se puede ir más allá, mucho más de lo que es la asistencia. En la información biomédica, la formación de pregrado y posgrado, la búsqueda de bibliografía mundial y en la enseñanza continuada habrá un antes y un después de las tabletas. Tampoco es demasiado aventurado predecir que, al menos en medicina, lo digital aplastará muy pronto a lo analógico y que el papel en esta disciplina se haya en retroceso y quizá hasta tiene sus días ya contados.

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