Distintos especialistas recomiendan disfrutar con los chicos de los instantes previos al año escolar y no transmitirles angustias
Cambian los horarios y las actividades, aumentan los gastos y, mal que les pese a todos, también puede crecer el número de las dificultades dentro y fuera del hogar. El comienzo de las clases es un momento crucial para las familias con hijos chicos.
A dos semanas de la fecha de largada para el nivel primario-el 6 de marzo en las escuelas porteñas- son muchas las víctimas de la ansiedad: pequeños a los que les cuesta conciliar el sueño, madres que repasan una y otra vez la lista de útiles y ropa para el primer día y padres que quieren conocer al instante a la maestra de su hijo o están mufados porque deberán dormir una hora menos para poder llevarlo a la escuela.
Directores, docentes, psicólogos y psiquiatras consultados por LA NACION afirman que, si se toman precauciones, las familias pueden vivir sin angustias y disfrutar de la transición del tiempo de ocio a la rutina escolar.
La clave, dicen, está en la actitud que adopten los adultos ante el nerviosismo que sienten los niños frente a lo desconocido. "El problema surge cuando los padres están más ansiosos que los hijos", dijo Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Tareas para los padres
Para preparar el terreno, los especialistas sugieren a los adultos conversar con los niños sobre los cambios que deberán afrontar juntos y fijar los horarios en los que proponen levantarse, hacer las tareas, jugar, mirar la TV, irse a dormir y contarles cómo se trasladarán a la escuela y con quién.
Conviene también visitar la escuela con la familia y recorrerla juntos y, también juntos, preparar la mochila y la ropa requerida por el colegio.
El psiquiatra Alfredo Cía, presidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, afirma que los padres tendrían que evitar caer en una "espiral de ansiedad" si, por ejemplo, el primer día los docentes imponen a los chicos una lista de obligaciones que no pueden cumplir.
Explicó que un chico con tendencia a ser muy cumplidor puede verse sobrepasado por un largo listado de demandas y querer cubrirlas en 24 horas. "El niño se angustia por lo que pueden decirle si no lleva tal o cual libro o por no poder satisfacer todas esas expectativas y puede presentar síntomas de ansiedad como no querer ir a la escuela al día siguiente", advirtió Cía.
Sugirió, así, que el adulto se desacelere y explique al menor que es más adecuado hacer cada cosa en su debido momento.
La psiquiatra Liliana Fernández, directora del Centro de Tratamiento Interdisciplinario de la Ansiedad, dijo que la ansiedad de los chicos puede expresarse con dolores de panza o insomnio, y es normal siempre y cuando sea transitoria, que no se prolongue más de una o dos semanas.
Entre los adultos, los más ansiosos son los padres primerizos, cuyos hijos empiezan el primer grado. Llaman todos los días con una pregunta diferente sobre la maestra, el régimen disciplinario, la seguridad del establecimiento y muchas otras consultas.
Con la intención de disminuir la ansiedad, la directora de la Escuela del Jacarandá, de Núñez, Violeta Vainer, cita a los padres de los chicos de primer grado a un reunión antes del comienzo de las clases. Como ocurre también en otros colegios, la directora conversa con ellos sobre el cambio que están afrontando y sobre una lista de sugerencias para facilitar la adaptación que luego entrega impresa a cada familia.
"Los chicos tienen una confianza básica en que lo que viene después del jardín de infantes es algo lindo, pero estarán tranquilos según cómo lo vivan sus padres", dijo Mónica Arias, directora del colegio Nuestra Señora de Luján, donde el primer día de clases los padres de los de primer grado acompañan a sus hijos a las aulas, se sacan fotos y se van... o deberían hacerlo. "Todos los años hay algunos padres a los que tenemos que echar porque piden quedarse y no quieren irse nunca", dijo Arias.
Según Fernández, esos padres están angustiados y sienten que nadie podrá cumplir eficazmente la función de cuidado y protección de sus hijos.
En los que pasan a la secundaria, las dificultades pueden aparecer después de iniciadas las clases. Según Adriana Semelman, docente en cursos de ingreso para el Colegio Nacional de Buenos Aires y las Escuelas ORT, la ansiedad propia del inicio dependerá del tipo de institución a la que se ingrese.
Ajena a las precauciones sugeridas, Marta García aprovecha la hora del almuerzo o cuando sale de la oficina por trámites para buscar precios y poder completar cuanto antes las tres carillas de útiles y materiales que le pidieron en el colegio de su hijo. "No llego. Faltan sólo quince días y me falta la mitad de las cosas. Nunca pensé que esto sería tan difícil", confiesa exhausta a LA NACION, y agrega casi con desesperación: "Para colmo, ¡la secretaría de la escuela sólo atiende de 9 a 12! ¿Cómo voy a hacer durante el año?".
Por Silvina Premat
Aceptar la propia experiencia del chico:
La recomendación más repetida por los profesionales a los adultos es que no proyecten en sus hijos los problemas que ellos tuvieron en la escuela y aceptar que los niños harán su propia experiencia.
"Una mamá me contó que, cuando la directora la cita, siente que la están retando como si fuera una nena que hace todo mal, se angustia y no quiere levantarse de la cama. No siente que la llaman para resolver situaciones que puedan favorecer el crecimiento del hijo", contó la doctora Eva Rotenberg, al mostrar hasta qué punto situaciones no resueltas en la familia pueden influir en la experiencia escolar del chico.
Cuando los padres viven la escolaridad como una exigencia propia, explicó, se crea una sobrecarga afectiva que interfiere en el desempeño del hijo. Para la especialista, una madre que no tolera que su hijo no complete las tareas y hace lo que el chico dejó incompleto "vive el comienzo de las clases como una situación torturante".
Ante el comienzo de clases: medidas de prevención
La buena salud es la base para el mejor
Influye en el desempeño la falta de detección de problemas físicos
Más allá de dotar a los chicos con el kit escolar completo y los elementos que van a necesitar para comenzar las clases, las condiciones de salud con las que llegan a la escuela son también un tema de preocupación para los padres.
Los especialistas en pediatría consultados por LA NACION advierten que es necesario modificar las conductas que traen los chicos de las vacaciones y controlar si están aptos físicamente para comenzar la compleja tarea de estudiar y rendir bien durante todo el año.
"Los chicos deben tener al menos un examen anual clínico completo después de los seis años. Y, aunque algunos colegios tienen exámenes obligatorios en sus programas de salud escolar, son los padres quienes deben prestar atención a las necesidades que tiene el chico durante los doce meses, ya que muchas veces su rendimiento en la escuela decae por la falta de detección temprana de los problemas físicos que padecen", dijo la pediatra Alicia Lukin, secretaria del Grupo de Trabajo de Salud Escolar de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
También subrayó la especialista que el examen físico del alumno que inicia el año escolar tiene que ser completo y debe incluir el peso, la talla, la vista, la audición, odontología y foniatría, entre otros controles. Pero lo más importante, según Lukin, es la alimentación que reciba y la administración y el correcto uso del tiempo libre que haga en la casa o fuera de ésta, variables que no siempre se tienen en cuenta.
Hábitos constantes
"Es muy importante que el chico tenga diálogo permanente con sus padres y adquiera hábitos de salud desde pequeño como por ejemplo, dormir bien, desayunar con tiempo, lavarse correctamente los dientes e incorporar el uso de peine fino para la combatir la pediculosis", agregó Lukin.
La doctora Claudia Ferrario, a cargo de la División Promoción y Protección de la Salud del Hospital de Niños Dr. Pedro Elizalde, también expuso algunos consejos relacionados con la buena salud física para tener un buen desempeño escolar.
"Es importante que los chicos tengan un control anual médico para comprobar su desarrollo psicomotor, con exámenes físicos, cardiovasculares y de presión arterial, para detectar tempranamente los trastornos de aprendizaje", advirtió.
Según la pediatra, durante el período de vacaciones "la alimentación es muy desordenada, y el descanso está permanentemente alterado, por lo que es necesario volver a los hábitos normales: dormir entre ocho y nueve horas, tomar un buen desayuno que incluya cereales y lácteos, y que al finalizar el día, tengan las cuatro comidas".
Además de la alimentación y los exámenes físicos, la especialista destacó la necesidad de contar con las vacunas obligatorias de ingreso en la primaria que se dan a los seis años (BCG, Sabin, Triple DPT y Triple Viral). A los 11 años deben recibir la de hepatitis B, si no la recibió de recién nacido, y la Doble Viral. A partir de los 16 años debe darse la Doble Adulto para la prevenir la difteria y el tétanos.
Entrar en el aula sin prejuicios
Por Laura Duschatzky
Comienza un nuevo ciclo escolar. No es de extrañar que alumnos y profesores piensen en cómo será este año. Imagino alumnos de escuela media de quince o dieciséis años expresando: "Si me toca tal profe, es un plomo", "con la de geografía está bueno, pero es muy exigente", "en la escuela, cada vez pierdo más el tiempo"... Y profesores diciendo: "Cada día se me hace más difícil enseñar", "a los jóvenes no les interesa nada", "espero que no me toque esa división tan complicada".
Es cierto que no se puede ser tan absolutos, ya que habrá también otras exclamaciones no tan frustrantes. Pero tanto unas como otras nos condicionan al iniciar un nuevo período escolar. Nos colmamos de "anticipaciones" que, a manera de una película cuyo final ya conocemos, dejan poco espacio para un encuentro genuino entre docentes y alumnos. Sería imposible impedir que algunas de estas percepciones nos atraviesen. Pero vale la pena pensar los efectos poco productivos que muchas de ellas generan.
Por un lado, expresan generalizaciones ("los jóvenes", "los docentes") que nos alejan de la situación concreta que vivimos. Parafraseando a Oliverio Girondo, las generalizaciones nos tejen telarañas en las pupilas, que velan lo singular, empobrecen la mirada y nos restan la posibilidad de reconocer en los otros su potencialidad.
Por el otro, estas percepciones producen rótulos que condicionan nuestro modo de actuar. Si antes de entrar en el aula ya pensamos que es cada vez más difícil motivar a los jóvenes, nos predisponemos a que nuestra tarea se vuelva de antemano casi un imposible y nos vamos alejando de lo mejor de nosotros para conectarnos más con la frustración y menos con nuestra propia potencia y la de los alumnos.
No se trata de limpiar la escena de conflictos, hacernos los distraídos y desearnos los mejores augurios. Sí, quizás, tomar el comienzo de año como una oportunidad y disponernos más despojados de prejuicios a la tarea venidera.
Como adultos, sería importante no renunciar a nuestra responsabilidad de enseñar propiciando lazos con los jóvenes. Esto implica generar situaciones en las que el pensamiento circule y la palabra produzca confianza y apueste a lo mejor del otro.
En tiempos donde la idea de futuro se desvanece y el cambio se asocia con mayor intensidad a lo impredecible, se hace difícil pensar el para qué de la escuela, especialmente en el caso de la escuela media que surge impregnada de la idea de futuro: para estudios superiores, para formar ciudadanos, para el trabajo.
El desafío es grande. Ser profesor hoy, aunque parezca una verdad obvia, implica una decisión y una posición que se asume y se pone en juego en la propia situación de enseñanza. Y es en ella, en cada día, en cada aula, más allá de algún futuro, donde tanto docentes como alumnos encontrarán que la escuela vale la pena.
* La autora es magister en Educación y miembro de la Dirección de Estudios de la Escuela Superior Carlos Pellegrini.
Publicado el 18 de febrero de 2006
Escolaridad
Volver a la escuela: stress para los padres.
Cumplir con la lista de útiles y vestimenta para la escuela no debe ser una tarea estresante, aconsejan los especialistas.
Fuente: LA NACION | 19.02.2006 | Página 17 | Cultura
Cambian los horarios y las actividades, aumentan los gastos y, mal que les pese a todos, también puede crecer el número de las dificultades dentro y fuera del hogar. El comienzo de las clases es un momento crucial para las familias con hijos chicos.
A dos semanas de la fecha de largada para el nivel primario-el 6 de marzo en las escuelas porteñas- son muchas las víctimas de la ansiedad: pequeños a los que les cuesta conciliar el sueño, madres que repasan una y otra vez la lista de útiles y ropa para el primer día y padres que quieren conocer al instante a la maestra de su hijo o están mufados porque deberán dormir una hora menos para poder llevarlo a la escuela.
Directores, docentes, psicólogos y psiquiatras consultados por LA NACION afirman que, si se toman precauciones, las familias pueden vivir sin angustias y disfrutar de la transición del tiempo de ocio a la rutina escolar.
La clave, dicen, está en la actitud que adopten los adultos ante el nerviosismo que sienten los niños frente a lo desconocido. "El problema surge cuando los padres están más ansiosos que los hijos", dijo Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Tareas para los padres
Para preparar el terreno, los especialistas sugieren a los adultos conversar con los niños sobre los cambios que deberán afrontar juntos y fijar los horarios en los que proponen levantarse, hacer las tareas, jugar, mirar la TV, irse a dormir y contarles cómo se trasladarán a la escuela y con quién.
Conviene también visitar la escuela con la familia y recorrerla juntos y, también juntos, preparar la mochila y la ropa requerida por el colegio.
El psiquiatra Alfredo Cía, presidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, afirma que los padres tendrían que evitar caer en una "espiral de ansiedad" si, por ejemplo, el primer día los docentes imponen a los chicos una lista de obligaciones que no pueden cumplir.
Explicó que un chico con tendencia a ser muy cumplidor puede verse sobrepasado por un largo listado de demandas y querer cubrirlas en 24 horas. "El niño se angustia por lo que pueden decirle si no lleva tal o cual libro o por no poder satisfacer todas esas expectativas y puede presentar síntomas de ansiedad como no querer ir a la escuela al día siguiente", advirtió Cía.
Sugirió, así, que el adulto se desacelere y explique al menor que es más adecuado hacer cada cosa en su debido momento.
La psiquiatra Liliana Fernández, directora del Centro de Tratamiento Interdisciplinario de la Ansiedad, dijo que la ansiedad de los chicos puede expresarse con dolores de panza o insomnio, y es normal siempre y cuando sea transitoria, que no se prolongue más de una o dos semanas.
Entre los adultos, los más ansiosos son los padres primerizos, cuyos hijos empiezan el primer grado. Llaman todos los días con una pregunta diferente sobre la maestra, el régimen disciplinario, la seguridad del establecimiento y muchas otras consultas.
Con la intención de disminuir la ansiedad, la directora de la Escuela del Jacarandá, de Núñez, Violeta Vainer, cita a los padres de los chicos de primer grado a un reunión antes del comienzo de las clases. Como ocurre también en otros colegios, la directora conversa con ellos sobre el cambio que están afrontando y sobre una lista de sugerencias para facilitar la adaptación que luego entrega impresa a cada familia.
"Los chicos tienen una confianza básica en que lo que viene después del jardín de infantes es algo lindo, pero estarán tranquilos según cómo lo vivan sus padres", dijo Mónica Arias, directora del colegio Nuestra Señora de Luján, donde el primer día de clases los padres de los de primer grado acompañan a sus hijos a las aulas, se sacan fotos y se van... o deberían hacerlo. "Todos los años hay algunos padres a los que tenemos que echar porque piden quedarse y no quieren irse nunca", dijo Arias.
Según Fernández, esos padres están angustiados y sienten que nadie podrá cumplir eficazmente la función de cuidado y protección de sus hijos.
En los que pasan a la secundaria, las dificultades pueden aparecer después de iniciadas las clases. Según Adriana Semelman, docente en cursos de ingreso para el Colegio Nacional de Buenos Aires y las Escuelas ORT, la ansiedad propia del inicio dependerá del tipo de institución a la que se ingrese.
Ajena a las precauciones sugeridas, Marta García aprovecha la hora del almuerzo o cuando sale de la oficina por trámites para buscar precios y poder completar cuanto antes las tres carillas de útiles y materiales que le pidieron en el colegio de su hijo. "No llego. Faltan sólo quince días y me falta la mitad de las cosas. Nunca pensé que esto sería tan difícil", confiesa exhausta a LA NACION, y agrega casi con desesperación: "Para colmo, ¡la secretaría de la escuela sólo atiende de 9 a 12! ¿Cómo voy a hacer durante el año?".
Por Silvina Premat
Aceptar la propia experiencia del chico:
La recomendación más repetida por los profesionales a los adultos es que no proyecten en sus hijos los problemas que ellos tuvieron en la escuela y aceptar que los niños harán su propia experiencia.
"Una mamá me contó que, cuando la directora la cita, siente que la están retando como si fuera una nena que hace todo mal, se angustia y no quiere levantarse de la cama. No siente que la llaman para resolver situaciones que puedan favorecer el crecimiento del hijo", contó la doctora Eva Rotenberg, al mostrar hasta qué punto situaciones no resueltas en la familia pueden influir en la experiencia escolar del chico.
Cuando los padres viven la escolaridad como una exigencia propia, explicó, se crea una sobrecarga afectiva que interfiere en el desempeño del hijo. Para la especialista, una madre que no tolera que su hijo no complete las tareas y hace lo que el chico dejó incompleto "vive el comienzo de las clases como una situación torturante".
Ante el comienzo de clases: medidas de prevención
La buena salud es la base para el mejor
Influye en el desempeño la falta de detección de problemas físicos
Más allá de dotar a los chicos con el kit escolar completo y los elementos que van a necesitar para comenzar las clases, las condiciones de salud con las que llegan a la escuela son también un tema de preocupación para los padres.
Los especialistas en pediatría consultados por LA NACION advierten que es necesario modificar las conductas que traen los chicos de las vacaciones y controlar si están aptos físicamente para comenzar la compleja tarea de estudiar y rendir bien durante todo el año.
"Los chicos deben tener al menos un examen anual clínico completo después de los seis años. Y, aunque algunos colegios tienen exámenes obligatorios en sus programas de salud escolar, son los padres quienes deben prestar atención a las necesidades que tiene el chico durante los doce meses, ya que muchas veces su rendimiento en la escuela decae por la falta de detección temprana de los problemas físicos que padecen", dijo la pediatra Alicia Lukin, secretaria del Grupo de Trabajo de Salud Escolar de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
También subrayó la especialista que el examen físico del alumno que inicia el año escolar tiene que ser completo y debe incluir el peso, la talla, la vista, la audición, odontología y foniatría, entre otros controles. Pero lo más importante, según Lukin, es la alimentación que reciba y la administración y el correcto uso del tiempo libre que haga en la casa o fuera de ésta, variables que no siempre se tienen en cuenta.
Hábitos constantes
"Es muy importante que el chico tenga diálogo permanente con sus padres y adquiera hábitos de salud desde pequeño como por ejemplo, dormir bien, desayunar con tiempo, lavarse correctamente los dientes e incorporar el uso de peine fino para la combatir la pediculosis", agregó Lukin.
La doctora Claudia Ferrario, a cargo de la División Promoción y Protección de la Salud del Hospital de Niños Dr. Pedro Elizalde, también expuso algunos consejos relacionados con la buena salud física para tener un buen desempeño escolar.
"Es importante que los chicos tengan un control anual médico para comprobar su desarrollo psicomotor, con exámenes físicos, cardiovasculares y de presión arterial, para detectar tempranamente los trastornos de aprendizaje", advirtió.
Según la pediatra, durante el período de vacaciones "la alimentación es muy desordenada, y el descanso está permanentemente alterado, por lo que es necesario volver a los hábitos normales: dormir entre ocho y nueve horas, tomar un buen desayuno que incluya cereales y lácteos, y que al finalizar el día, tengan las cuatro comidas".
Además de la alimentación y los exámenes físicos, la especialista destacó la necesidad de contar con las vacunas obligatorias de ingreso en la primaria que se dan a los seis años (BCG, Sabin, Triple DPT y Triple Viral). A los 11 años deben recibir la de hepatitis B, si no la recibió de recién nacido, y la Doble Viral. A partir de los 16 años debe darse la Doble Adulto para la prevenir la difteria y el tétanos.
Entrar en el aula sin prejuicios
Por Laura Duschatzky
Comienza un nuevo ciclo escolar. No es de extrañar que alumnos y profesores piensen en cómo será este año. Imagino alumnos de escuela media de quince o dieciséis años expresando: "Si me toca tal profe, es un plomo", "con la de geografía está bueno, pero es muy exigente", "en la escuela, cada vez pierdo más el tiempo"... Y profesores diciendo: "Cada día se me hace más difícil enseñar", "a los jóvenes no les interesa nada", "espero que no me toque esa división tan complicada".
Es cierto que no se puede ser tan absolutos, ya que habrá también otras exclamaciones no tan frustrantes. Pero tanto unas como otras nos condicionan al iniciar un nuevo período escolar. Nos colmamos de "anticipaciones" que, a manera de una película cuyo final ya conocemos, dejan poco espacio para un encuentro genuino entre docentes y alumnos. Sería imposible impedir que algunas de estas percepciones nos atraviesen. Pero vale la pena pensar los efectos poco productivos que muchas de ellas generan.
Por un lado, expresan generalizaciones ("los jóvenes", "los docentes") que nos alejan de la situación concreta que vivimos. Parafraseando a Oliverio Girondo, las generalizaciones nos tejen telarañas en las pupilas, que velan lo singular, empobrecen la mirada y nos restan la posibilidad de reconocer en los otros su potencialidad.
Por el otro, estas percepciones producen rótulos que condicionan nuestro modo de actuar. Si antes de entrar en el aula ya pensamos que es cada vez más difícil motivar a los jóvenes, nos predisponemos a que nuestra tarea se vuelva de antemano casi un imposible y nos vamos alejando de lo mejor de nosotros para conectarnos más con la frustración y menos con nuestra propia potencia y la de los alumnos.
No se trata de limpiar la escena de conflictos, hacernos los distraídos y desearnos los mejores augurios. Sí, quizás, tomar el comienzo de año como una oportunidad y disponernos más despojados de prejuicios a la tarea venidera.
Como adultos, sería importante no renunciar a nuestra responsabilidad de enseñar propiciando lazos con los jóvenes. Esto implica generar situaciones en las que el pensamiento circule y la palabra produzca confianza y apueste a lo mejor del otro.
En tiempos donde la idea de futuro se desvanece y el cambio se asocia con mayor intensidad a lo impredecible, se hace difícil pensar el para qué de la escuela, especialmente en el caso de la escuela media que surge impregnada de la idea de futuro: para estudios superiores, para formar ciudadanos, para el trabajo.
El desafío es grande. Ser profesor hoy, aunque parezca una verdad obvia, implica una decisión y una posición que se asume y se pone en juego en la propia situación de enseñanza. Y es en ella, en cada día, en cada aula, más allá de algún futuro, donde tanto docentes como alumnos encontrarán que la escuela vale la pena.
* La autora es magister en Educación y miembro de la Dirección de Estudios de la Escuela Superior Carlos Pellegrini.