En las décadas pasadas, varios países han evidenciado un incremento en la incidencia del adenocarcinoma del cardias gástrico y esofágico, comparado con las tasas declinantes o estables del cáncer escamoso de esófago y el gástrico distal. Aunque todas las malignidades gástricas y esofágicas están caracterizadas por una alta tasa de mortalidad, la de los adenocarcinomas son particularmente altas. De hecho la tasa de sobrevida a los 5 años para un paciente con enfermedad avanzada es menor del 20%. La alta proporción de pacientes que se presentan con enfermedad avanzada, combinado con su pobre respuesta al tratamiento, han conducido a tomar medidas para identificar pacientes con estadíos tempranos de la enfermedad. Las guías recomiendan la vigilancia endoscópica periódica de los pacientes con esófago de Barrett, con el objetivo de detectar y tratar adenocarcinomas esofágicos en estadíos tempranos; sin embargo no existen aún ensayos clínicos o estudios basados en la población.
Los autores del presente trabajo evaluaron la asociación entre la vigilancia endoscópica del esófago de Barrett y la sobrevida entre pacientes con adenocarcinomas del cardias gástrico y esofágico.
Métodos:
Los autores estudiaron una cohorte de 23 pacientes con esófago de Barrett entre 589 pacientes con adenocarcinomas del cardias gástrico o esofágico diagnosticados entre 1990 y 1998 en Carolina del Norte en la HMO Kaiser permanente. Fueron medidas la presencia de esófago de Barrett, la detección de cáncer por vigilancia endoscópica, el estadío del cáncer, la mortalidad y los potenciales factores confundidores.
Resultados:
El esófago de Barrett fue diagnosticado en 135 de 589 pacientes con adenocarcinoma, con 23 pacientes con esófago de Barrett diagnosticados antes de los 6 meses que el diagnóstico de cáncer. Entre estos 23 pacientes, 73% de los pacientes con cáncer (n=15) detectados en la vigilancia estaban vivos al final del seguimiento, comparados con ninguno de los pacientes sin cáncer detectados en la vigilancia (n=8; p=0,001). Todos los pacientes con cáncer detectados en la vigilancia tuvieron un estadío bajo de la enfermedad y ninguno murió directamente del cáncer. La asociación de sobrevida/vigilancia no fue sustancialmente alterada al estratificar por edad u otros potenciales confundidores en los pacientes con esófago de Barrett.
Del análisis de los resultados los autores concluyen que los adenocarcinomas detectados en la vigilancia de los adenocarcinomas esofágicos se asociaron con bajo estadío de la enfermedad y mejora en la sobrevida. Sin embargo, se necesitan estudios adicionales para evaluar los sesgos potenciales y si los programas de vigilancia disminuyen la mortalidad. Pocos pacientes (3,9%) tuvieron un esófago de Barrett diagnosticado antes de su cáncer.
Por lo tanto, aún si las técnicas de vigilancia actual son efectivas, es improbable que ellas impacten sustancialmente en la mortalidad por cáncer de esófago de la población. Se requieren mejores métodos para identificar a los pacientes de riesgo.