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Publicado el 28 de septiembre de 2026

Inflamación y salud mental

Variaciones de la microbiota intestinal en la depresión y la ansiedad

Las comunidades bacterianas del tubo digestivo intervienen en vías metabólicas e inmunitarias conectadas con el sistema nervioso. Su composición muestra asociaciones distintas y algunas coincidencias en ambos trastornos.

Autor/a: YuanYuan Cao, YiRan Cheng, WenChao Pan, JianWei Diao, LingZhi Sun and MiaoMiao Meng BMC Psychiatry (2025) 25:443

Fuente: BMC Psychiatry (2025) 25:443 Gut microbiota variations in depression and anxiety: a systematic review

El eje intestino-cerebro

Los síntomas gastrointestinales son frecuentes en personas con depresión o ansiedad. Esta asociación ha impulsado el estudio del eje intestino-cerebro, una red de comunicación bidireccional en la que intervienen el sistema nervioso, la respuesta inmunitaria, la barrera intestinal y los productos del metabolismo bacteriano.

La microbiota puede influir en la producción de sustancias que actúan localmente en el intestino o participan en señales hacia otros órganos. A la vez, el estrés y los cambios fisiológicos asociados con los trastornos mentales pueden modificar el ambiente intestinal. Por eso, encontrar una diferencia en la composición bacteriana no indica, por sí solo, en qué dirección ocurre esa relación.

Una revisión sistemática reunió 24 estudios que compararon la microbiota intestinal de adultos con depresión o ansiedad y personas sin estos trastornos. Se examinaron dos cuestiones: la diversidad de las comunidades bacterianas y la abundancia de grupos específicos. Las diferencias en bacterias concretas fueron más frecuentes que los cambios generales de diversidad, aunque tampoco formaron un patrón idéntico en todas las poblaciones.

Depresión: más allá de la diversidad

La diversidad dentro de cada muestra intestinal fue similar entre pacientes con depresión y controles en 16 de 21 estudios. Al comparar la composición de las muestras entre ambos grupos, 13 de 20 investigaciones sí encontraron diferencias. En esta revisión, las diferencias en grupos bacterianos específicos fueron más frecuentes que los cambios de diversidad global.

Entre los hallazgos que se repitieron, se observó una mayor abundancia de Alistipes, Eggerthella y Parabacteroides en personas con depresión. Faecalibacterium y Prevotella, en cambio, aparecieron en menor proporción en varios estudios. También se comunicaron diferencias en familias como Ruminococcaceae, Prevotellaceae y Lachnospiraceae.

Estos grupos resultan de interés por sus posibles vínculos con la inflamación y con la producción de ácidos grasos de cadena corta, entre ellos el butirato. Estas sustancias participan en el mantenimiento de la barrera intestinal y en la regulación de respuestas inmunitarias. Una menor abundancia de bacterias capaces de producirlas constituye, por lo tanto, una línea de investigación plausible.

La interpretación exige cuidado. Bifidobacterium, habitualmente asociada con funciones favorables para el intestino, fue más abundante en algunos grupos con depresión. Ese resultado muestra por qué no alcanza con dividir las bacterias en «beneficiosas» y «perjudiciales». Su comportamiento depende de las especies presentes, de sus interacciones con otros microorganismos y del entorno en el que viven.

Ansiedad: coincidencias y diferencias

La evidencia sobre ansiedad es mucho menor: cinco estudios aportaron comparaciones con controles. Algunos encontraron una menor abundancia de Faecalibacterium, Lachnospira y otros grupos relacionados con la producción de ácidos grasos de cadena corta. También se describieron aumentos de determinadas bacterias, pero varios de esos resultados proceden de una sola investigación.

Al comparar ambos trastornos aparecen posibles coincidencias, como la menor presencia de ciertos grupos vinculados con el metabolismo del butirato. Sin embargo, las bacterias cuya abundancia aumentó no fueron necesariamente las mismas. Las señales compartidas no demuestran un mecanismo único para la depresión y la ansiedad.

La inflamación, la respuesta al estrés y los cambios en la permeabilidad intestinal ofrecen vías para investigar estas asociaciones. También se estudia cómo el metabolismo microbiano puede relacionarse con sustancias implicadas en la comunicación nerviosa. Son mecanismos posibles, pero los datos reunidos no permiten atribuir los síntomas de un paciente a una alteración bacteriana particular.

Conclusiones

La revisión identifica asociaciones recurrentes entre algunos grupos bacterianos y la depresión. Para la ansiedad, los datos son demasiado escasos como para describir una composición característica. Incluso en los hallazgos más repetidos, las diferencias entre estudios impiden hablar de una firma microbiana de estos trastornos.

La alimentación, la medicación psicotrópica, el lugar de residencia y las técnicas utilizadas para analizar las muestras pueden influir en los resultados. Veinte de los 24 estudios se realizaron en China y la mayoría incluyó muestras pequeñas. Además, al tratarse de comparaciones entre pacientes y controles, no se puede establecer si los cambios intestinales precedieron a los síntomas, aparecieron después o se relacionan con otros factores.

El eje intestino-cerebro aporta preguntas relevantes sobre la fisiopatología de la depresión y la ansiedad. Por ahora, estos hallazgos no sustentan el uso de análisis de microbiota para el diagnóstico ni tratamientos dirigidos a bacterias específicas. Se necesitan estudios que permitan establecer si estas asociaciones se mantienen al considerar la dieta, la medicación y otros factores que modifican la microbiota.