| Introducción |
Los meniscos juegan un papel crucial en la distribución de la carga y proporcionan estabilidad y lubricación a la articulación de la rodilla. Numerosos estudios han demostrado que la extirpación del tejido meniscal puede generar desarrollo de osteoartritis con el tiempo.
La reparación del menisco implica diferentes enfoques, incluyendo procedimientos abiertos, artroscópicos y suturas. Varios factores influyen en la reparación meniscal, como la estabilidad de la articulación, la restauración del ligamento cruzado anterior (LCA), la edad, la morfología del desgarro y las técnicas de recuperación.
El plasma rico en plaquetas (PRP) se ha utilizado para explotar su capacidad anabólica, mediante la liberación de factores de crecimiento y compuestos bioactivos. El PRP deriva de sangre humana y tiene alta concentración de plaquetas, factores de crecimiento y otras sustancias activas. Beneficia la cicatrización al mejorar la proliferación, la migración celular, la angiogénesis y la síntesis de matriz extracelular.
Aunque la evidencia que respalda el uso del PRP es limitada, se ha utilizado ampliamente para tratar lesiones musculoesqueléticas por sus beneficios potenciales.
Varios factores de crecimiento influyen en el proceso inflamatorio y controlan la sobrevida de los condrocitos, manteniendo los tejidos y reparando el menisco. Múltiples ensayos confirmaron que el PRP produce mejores calificaciones funcionales y mejoras radiográficas en lesiones sintomáticas. Pero otros estudios retrospectivos demostraron que el PRP no aumenta el alivio del dolor ni la mejora funcional.
La literatura apoya que la reparación meniscal combinada con reconstrucción del LCA conduce a una mejor cicatrización, probablemente por liberación de células madre mesenquimales (MSC) desde el túnel tibial, confirmando las ventajas de los factores biológicos, aunque su efectividad sigue siendo tema de debate.
| Resultados |
Tras el proceso de selección y valoración de textos para una revisión sistemática, se incluyeron tres artículos. Dos tenían un riesgo bajo de sesgo y uno planteó preocupaciones en un dominio debido a falta de información.
Los estudios seleccionados incluyeron 139 pacientes; 76 fueron asignados aleatoriamente al grupo de intervención (inyección de PRP) y 63 al grupo control (placebo). La edad media del grupo de intervención fue de 37,4 ± 7,5 años, y la del grupo control de 36,5 ± 9,2 años. La mediana de seguimiento fue de 27,58 ± 17,3 meses.
Dos estudios inyectaron el PRP en el sitio de reparación, mientras que el otro utilizó la trepanación de menisco guiada por ultrasonido. Uno de los estudios realizó más de una inyección de PRP.
Dos de los tres estudios informaron resultados radiológicos. Ambos utilizaron resonancia magnética (RM) o artroscopía para analizar los resultados. Cuando se utilizó la RM, la evaluación no mostró mejoría significativa en el grupo de PRP en ninguno de los estudios. Juzgando a través de la evaluación con RM y artroscopía, la tasa de fracaso acumulativo fue significativamente mayor en el grupo de PRP. Un estudio que evaluó solo estudios artroscópicos aislados mostró una mejoría en el grupo con PRP.
Los tres estudios informaron resultados clínicos después del tratamiento. Todos utilizaron la Escala Visual Analógica (EVA) y la Puntuación de Resultados de Lesiones de Rodilla y Osteoartritis (KOOS), y dos artículos también utilizaron el Índice de las Universidades de Western Ontario y McMaster (WOMAC) y el Formulario Subjetivo de Rodilla del Comité Internacional de Documentación de la Rodilla (IKDC). Con la EVA no se observaron diferencias significativas, a excepción de un estudio que demostró una mejoría a los 6 meses y una diferencia entre el 3º y el 6º mes. La escala KOOS mostró resultados contradictorios: un estudio no mostró diferencias significativas, mientras que los otros dos indicaron una mejoría significativa. Las escalas de IKDC y WOMAC se evaluaron en dos estudios, arrojando resultados opuestos.
| Discusión |
Los datos revelan que el uso de PRP junto con sutura meniscal sigue siendo controvertido. La evidencia indica resultados discordantes y sugiere considerar más parámetros para formular una afirmación sobre la efectividad de esta técnica.
Existe la necesidad de estándares uniformes en la preparación y aplicación del PRP, y en los estudios se identifican limitaciones significativas, como gran diferencia etaria, baja calidad de los ensayos, y evidencia insuficiente.
Otro sesgo en la literatura es la variabilidad en la preparación y administración del PRP. Los derivados de la sangre se clasifican de manera diferente según los métodos de preparación e incluyen PRP, PRP rico en leucocitos, fibrina rica en plaquetas, PRP rico en factores de crecimiento, matriz de fibrina rica en plaquetas, plasma concentrado autólogo, PRP puro, gel plaquetario, plasma condicionado autólogo y solución de proteína autóloga, entre otros. Las características biológicas pueden diferir y afectar su eficacia en la artrosis de rodilla.
La presencia de leucocitos es un tema polémico, ya que la investigación in vitro demostró que pueden promover la liberación de sustancias catabólicas y proinflamatorias. Sin embargo, informes recientes también indicaron resultados favorables con los efectos pleiotrópicos de los concentrados ricos en leucocitos, dejando sin resolver la investigación sobre la función in vivo de los leucocitos.
Además del contenido de leucocitos, los protocolos varían en cuanto al volumen sanguíneo, uso de anticoagulantes, frecuencia y velocidad de centrifugación, volumen alcanzado, recuento de plaquetas, integridad y técnica de activación, y la opción de criopreservación o uso de productos frescos, lo cual puede afectar a las características de liberación. Se documentaron muchas modalidades de aplicación, que implican inyecciones únicas o ciclos con diferentes volúmenes y concentraciones.
En esta revisión, la evaluación de la cicatrización meniscal por artroscopia o por RM + artroscopia mostró una mejoría significativa en el grupo tratado con PRP. El uso de la RM para evaluar la cicatrización meniscal sigue siendo objeto de debate, ya que los resultados de diversos estudios fueron contradictorios.
En uno de los estudios se evaluaron únicamente lesiones meniscales degenerativas, mientras que en los otros dos no se especificó la cronicidad de los desgarros. Estos dos estudios podrían haber incluido lesiones meniscales de diversas etiologías, no solo degenerativas. Estos hallazgos podrían sugerir que la eficacia del PRP podría estar relacionada con la cronicidad de las lesiones. También se sugirió que las diferencias en las tasas de recuperación pueden depender más de la ubicación de la lesión y del estado del LCA que de la cronicidad.
La importancia clínica de esta revisión es que el PRP puede ser beneficioso en el tratamiento de la reparación meniscal, mejorando el dolor y los resultados funcionales con baja tasa de complicaciones, mostrando ser un procedimiento seguro. Sin embargo, se requiere estandarizar los protocolos de preparación y administración de PRP e incluir mayores tamaños muestrales.
| Conclusiones |
Hay escasez de literatura sobre reparación meniscal con PRP. Los pocos estudios incluidos informaron sobre procedimientos diferentes, lo que hace imposible afirmar con certeza los efectos del PRP en la reparación del menisco y destaca la necesidad de realizar más investigaciones.
A pesar de los datos contradictorios, la mayoría de los pacientes que se sometieron a reparación meniscal y administración de PRP lograron resultados clínicos y funcionales satisfactorios, con baja tasa de complicaciones posoperatorias.