El trabajo, firmado por investigadores de la Universidad de Duke (Estados Unidos), señala que la práctica habitual de utilizar placebo para evaluar la efectividad de nuevos fármacos es un método científico aceptable si se emplea bajo condiciones correctas. Afirman que los científicos de un ensayo clínico deben ser capaces de mostrar que una terapia activa durante un corto plazo de tiempo no ocasiona ningún peligro físico, y añaden los pacientes deben dar su consentimiento informado para participar en los estudios.
En una revisión retrospectiva de 25 estudios clínicos con hipertensos, no se han encontrado más efectos adversos entre los pacientes que han recibido placebo que los que recibieron tratamientos activos, si bien en el grupo total de pacientes incluidos en el metaanálisis –superior a 6.000- se registraron muertes, ictus, infartos de miocardio y casos de insuficiencia cardíaca.
Los detractores del uso del placebo manifiestan que la hipertensión es una enfermedad muy prevalente que se ha asociado claramente a procesos como el ictus, la cardiopatía isquémica y la muerte prematura, por lo que consideran que los nuevos medicamentos deben compararse a terapias activas más antiguas y no a placebo. Los defensores, por su parte, dicen que el uso del placebo, bajo ciertas condiciones es seguro y proporciona información muy importante que no se adquiere comparando terapias activas.
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