Casi 5 millones de argentinos menores de 18 años están en alto riesgo de volverse "invisibles" para el sistema de salud si no se toman las medidas necesarias para mejorar el acceso a los servicios de asistencia primaria entre la población más vulnerable.
Así lo señala el informe "Estado mundial de la infancia 2006", que Unicef presenta hoy en Nueva York: "El trabajo enfatiza la invisibilidad y la exclusión de muchos niños: invisibilidad porque no son tenidos en cuenta y exclusión porque están con una carencia total de acceso a servicios básicos que garantizan su supervivencia", explicó ayer a LA NACION el doctor Jorge Rivera, representante de Unicef en la Argentina.
De los 12.260.302 chicos y adolescentes que viven en nuestro país, 3.460.103 están en situación de pobreza en los centros urbanos, mientras que 1.418.431 están en situación de indigencia. "En la Argentina esta gran cantidad de chicos está en riesgo de invisibilidad y de exclusión para el sistema de salud , para la educación y el cumplimiento de sus derechos -aseguró Rivera-. El grupo más preocupante es el de la población infantil indigente, ese 23,7% con mayor riesgo de quedar fuera de la agenda pública."
El informe estima que en los países en desarrollo el 16,1% de los chicos menores de 5 años sufre alguna privación nutricional y el 14,2% no está vacunado ni recibe tratamiento contra la diarrea, una causa de muerte absolutamente prevenible. "A menor edad y menor nivel socioeconómico de la madre, mayor es el riesgo de nacimiento por parto prematuro y de muerte neonatal", dijo el doctor Mario Grenoville, presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que insistió en la importancia del control de la salud materna y de asegurar la lactancia. "En la pobreza, la herramienta más importante es mantener el amamantamiento -sostuvo-. Entre los 6 y los 12 años es cuando se forja el futuro del chico, y ahí es donde hay que asegurar el acceso a la comida en la casa y la contención familiar para evitar toda situación expulsiva."
Asimismo, según Unicef, alrededor de 15 millones de chicos en el mundo han perdido a uno o ambos padres debido al HIV/sida y cerca de 1800 chicos menores de 15 años contraen cada día el virus. Otro problema, que en la Argentina no pasó por alto la mirada de Unicef, fueron los problemas de acceso a la salud que tienen los chicos con alguna discapacidad. "Tenemos una gran cantidad de chicos con discapacidades: cerca del 10% sufre algún tipo de problema -puntualizó Rivera-. Las obras sociales no contemplan la atención de estos chicos y en la sociedad falta capacidad de aceptarlos y de crear oportunidades de inserción laboral."
Pros y contras
El informe de Unicef coloca a la Argentina en el puesto 127 del ranking de países según la tasa de mortalidad de la población menor de 5 años. En una tabla en la que los primeros puestos los ocupan los países con mayor mortalidad infantil, nuestro país aparece luego de Bolivia (62), Brasil (88) y Venezuela (125), entre los 192 puestos totales.
Es que entre los escasos indicadores argentinos que incluye el informe, si se los compara con los datos proporcionados por otros países de la región, está el de mortalidad infantil. Según cifras de 2004, por cada 1000 chicos nacidos vivos mueren 14,4.
"La situación de la salud infantil en la Argentina es un tema para analizar con preocupación, aunque no necesariamente pesimista -opinó el doctor Grenoville-. Hemos vivido una crisis impactante a nivel social y ese impacto también se reflejó en la mortalidad infantil, una tasa muy dura que en 2002 aumentó un 0,5 por cada mil [chicos nacidos vivos]. En estos momentos está bajando y con datos alentadores para 2005."
Pero según el titular de la SAP, si el análisis deja de lado indicadores "duros", como la mortalidad, el escenario es menos alentador: "Cuando pensamos en que el 40% de la población infantil vive en la pobreza y el 20% en la indigencia, esto genera una tremenda exclusión -sentenció-. Y no podemos pensar en salud posible donde haya exclusión social y miseria".
En tanto, para Rivera esa baja de la tasa de mortalidad es un indicador "poderoso" de que el sistema de salud primaria está fortalecido. "Sin embargo, Unicef hace un llamado de atención a cuidar las áreas donde las estadísticas son más negativas, como el noroeste y el noreste del país, donde sigue concentrada la mortalidad infantil", afirmó.
El tema en Clarín:
Revelan una leve mejoría en los índices de pobreza infantil en la Argentina
El porcentaje de menores de 18 años pobres bajó en un año del 62,7% al 58,2%. Los expertos del organismo internacional aseguran que se está revirtiendo una tendencia negativa. De todos modos, 2 de cada 10 chicos argentinos son indigentes.
La situación de los niños, niñas y adolescentes en la Argentina mejoró en el último año y estamos empezando a advertir un cambio interesante en referencia a la distribución del ingreso: algunos datos indican que el crecimiento económico ya no redunda en mayor disparidad entre ricos y pobres. La tendencia se está revirtiendo y las noticias son alentadoras, pero aún queda mucho por hacer: siguen siendo millones los chicos excluidos e invisibles y es importante que el Estado dedique todos sus esfuerzos a encontrarlos, identificarlos, ayudarlos e incluirlos en el futuro".
Con palabras precisas y cuidadas, el director regional de UNICEF para América latina y el Caribe, Nils Katsberg, adelantó a Clarín en exclusiva las primeras conclusiones del informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2006 de UNICEF, que será difundido hoy en todo el mundo. "Este año hacemos eje en los millones de chicos que viven en condiciones de invisibilidad y exclusión. En 2005 habíamos alertado sobre tres amenazas fundamentales: la pobreza, la guerra y el sida. Hoy creemos que los Estados y los fondos públicos deben hacer foco en los olvidados, los que no existen en las estadísticas y están al margen de toda dignidad", agregó.
Los nuevos datos que difunde UNICEF (en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y otras estadísticas oficiales) sobre la situación de la infancia en la Argentina reflejan mejoras respecto al año anterior, pero siguen siendo alarmantes: más de 3,4 millones de menores de 18 años de los centros urbanos viven en la pobreza y más de 1,4 millón de chicos transita su infancia en hogares indigentes— es decir, no acceden siquiera a los alimentos necesarios para sobrevivir—.
La cifra espanta en un país que supo honrar su mote de granero del mundo, pero algunas noticias son esperanzadoras: si se compara el primer semestre de 2004 con el primero de este año se desprende que la tasa de pobreza cayó del 62,7% al 58,2% para menores de 18 años, y el nivel de indigencia descendió del 28,2% al 23,7%; tendencias que se repiten —con diferencias notables— si se analiza su evolución en las diferentes regiones del país.
"Se redujo notablemente la mortalidad infantil, hay mayor conciencia respecto al VIH y son expectantes las nuevas estadísticas sobre desarrollo humano, pero queda mucho por hacer: hay muchísimos chicos a los que el Estado no llega, chicos que no existen en los censos y que jamás aparecen en las estadísticas. En el país no hay siquiera estimaciones sobre la cantidad de chicos indocumentados, que son quienes mayor vulnerabilidad padecen respecto al hambre, el analfabetismo, el tráfico y otros flagelos", destaca Jorge Rivera Pizarro, representante de UNICEF en la Argentina.
"Estamos haciendo una investigación en los 40 distritos con peores indicadores de mortalidad infantil para identificar los factores que la provocan. El objetivo es ir a buscar a los chicos invisibles, a los más pobres entre los pobres. Se estima que hay muchos niños y niñas que son explotados en trabajos domésticos y hay datos alarmantes respecto al tráfico en algunas zonas fronterizas. En el norte del país hay cementerios con chicos enterrados como NN. El Estado debe hacer un esfuerzo para darle identidad y dignidad a todos los chicos", dice Rivera Pizarro.
Para Kastberg, al frente del informe de toda la región, es un alivio que el tema de la invisibilidad y la exclusión de millones de chicos se instale en las agendas de los organismos internacionales como una prioridad. "Nosotros, lamentablemente, tenemos décadas de experiencia en el tema, por eso celebramos que se pida a los gobiernos que destinen fondos y orienten políticas para llegar a los más postergados. El desarrollo humano de los ciudadanos empieza a ser una preocupación en algunos países y eso es alentador", subraya.
"De todos modos, todavía estamos muy lejos de donde estábamos antes de las dictaduras militares. Sin duda fueron ellas las que sentaron las bases para un tipo de crecimiento económico que aumentó los niveles de pobreza y desigualdad —agrega Kastberg—. Nos queda un largo camino por desandar. Si no mejoran los indicadores de desarrollo humano, si no mejora la situación de la gente, dentro de diez años diremos que las democracias no supieron resolver los problemas más importantes. Luchar contra la exclusión y la invisibilidad de millones de niños sin duda va a fortificar las democracias. No hay otra manera de consolidar la institucionalidad que atendiendo a estas urgencias".


Excluidos, sin documentos ni derechos
"Excluidos e invisibles". El título de la edición 2006 del Estado Mundial de la Infancia de UNICEF (que da un marco general al informe sobre Argentina) es tan contundente como la foto que lo presenta mejor que cualquier palabra: dos chicos buscando comida en un basural. "Para millones de niños y niñas, la causa principal de su invisibilidad es la vulneración de su derecho a la protección", dice el informe. "Un niño o niña está excluido cuando corre el riesgo de no beneficiarse de un entorno que lo proteja contra la violencia, los malos tratos y la explotación, cuando no accede a los servicios y bienes esenciales".
La medida (y las consecuencias) de esa desprotección se traducen en estadísticas alarmantes: el dato más contundente es que más de la mitad de los chicos que nacen en el mundo no son inscriptos y, por lo tanto, "no existen" para los Estados ni para las estadísticas.
Pero hay datos aún peores: más de mil millones de chicos en el mundo son pobres, y, en los países menos adelantados, uno de cada 6 niños muere antes de cumplir 5 años, uno de cada 10 muere antes de cumplir 1 año, uno de cada 3 tiene bajo peso y uno de cada 2 sufre retraso en el crecimiento.
El tema en Página 12
Las luces y las sombras de la niñez
El organismo internacional presentó su informe anual sobre el estado de la niñez. En el mundo, advierte que cada vez son más los niños “excluidos e invisibles”. En la Argentina, señala que hay un leve ascenso de la pobreza y elogia la baja de la mortalidad infantil.
El informe de Unicef señala que el 58,2 por ciento de los chicos está bajo la línea de pobreza.Con manos ansiosas, pidiendo monedas en las calles. Trabajando a la par de sus padres. Alejados de los hospitales, de las escuelas, de los juegos, de la misma infancia. Cada vez son más los niños y niñas excluidos e invisibles que ven escapar su niñez. Así lo advierte el informe “Estado mundial de la infancia 2006”, presentado ayer por Unicef, que en su capítulo sobre la Argentina indica que el 58,2 por ciento de los poco más de 12,2 millones de menores de 18 años del país se encuentra por debajo de la línea de la pobreza, de acuerdo a los datos del primer semestre de 2005, lo que representa un leve ascenso con respecto al segundo semestre de 2004. No obstante, el organismo internacional destaca como positivo el continuo descenso de la tasa de mortalidad infantil.
“La situación de los niños en la Argentina presenta luces y sombras”, señaló a Página/12 Jorge Rivera Pizarro, representante de la Unicef en la Argentina. “Es positiva la reducción sostenida de la mortalidad infantil, que es un indicador muy potente sobre la situación de los niños. También es importante la sanción de una nueva ley para la protección de sus derechos, vemos una tendencia positiva en los últimos años con respecto al descenso de la pobreza y hay un aumento en la lactancia materna”, contó entre las luces.
Pero también hay penumbras. “A pesar de esos avances, aun quedan puntos sobre los que hay que trabajar: mejorar la situación económica de las familias; establecer mejores condiciones de accesibilidad a la educación, especialmente para que los adolescentes que tuvieron que abandonar sus estudios puedan regresar a la escuela; solucionar el déficit que hay en la educación preescolar, donde cerca del 70 por ciento de los chicos de entre 3 y 4 años están fuera; dar atención preferente a la explotación sexual comercial infantil, y facilitar el acceso de los niños a la documentación”, indicó.
Con el trabajo “se trata de llamar la atención sobre aquellos niños que son invisibles, como los que no tienen sus DNI o no son registrados sus nacimientos, y por eso carecen de ciudadanía. De ese modo se dificulta su acceso a la educación y a la salud”, aseveró Pizarro. La información al respecto es escasa. Se sabe que en 2003, 15 millones de niños de América latina y el Caribe carecían de certificados de nacimiento. “Queremos que se ponga atención en la Argentina sobre este tema, porque no hay datos específicos y en algunas zonas rurales y cercanas a las fronteras se demora mucho el registro de los nacimientos”, aseguró.
Aunque en los últimos tiempos hubo una tendencia descendente de los índices de pobreza e indigencia entre los niños, niñas y adolescentes, en el primer semestre de este año se registró una suba. Según los datos de Unicef, basados en la Encuesta Permanente de Hogares que realiza el Indec, los menores de 18 años que estaban en situación de indigencia en el segundo semestre de 2003 eran el 31,2 por ciento; esa cifra descendió hasta el 23,4 en la segunda mitad de 2004, y apenas creció hasta el 23,7 en los primeros seis meses de este año.
Pero el salto fue mayor en los datos que muestran el nivel de pobreza. Aun cuando había descendido desde el 65,4 por ciento en el segundo semestre de 2003 al 56 en el segundo de 2004, la tendencia parece haberse roto en la primera mitad de 2005, cuando los chicos en situación de pobreza llegaban al 58,2 por ciento. Más allá de las evoluciones estadísticas, los chicos siguen siendo los más golpeados: entre los mayores de 18 años, la pobreza es, en cambio, del 32,9 por ciento.
La Argentina no escapa al panorama que se presenta en América latina. En la región, la pobreza afecta a 96 millones de personas, de las cuales 41 millones son niños y niñas menores de 12 años, y 15 millones son adolescentes de entre 13 y 19 años. “Es decir que dos de cada cinco personas viviendo en extrema pobreza en la región son niños”, sentencia el informe, y agrega que “8,8 millones de niños y niñas sufren de desnutrición crónica”. El diagnóstico elaborado por el organismo internacional apunta a la desigualdad en la distribución de la riqueza como la principal causa para la exclusión de los niños latinoamericanos. Unicef afirma que “es la región más desigual del mundo, donde se dan las mayores desigualdades en los ingresos familiares. Existe una enorme brecha entre los grupos más ricos y los más pobres. El 20 por ciento de hogares más pobres capta entre el 2,2 y el 8,8 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 20 por ciento más rico capta entre un 41,8 y un 62,4 por ciento”.
El informe también muestra algunas de las consecuencias de esas disparidades. “La tasa de mortalidad materna, de 96 cada 100 mil nacimientos, es relativamente baja comparada con otras regiones en desarrollo. Sin embargo, la mayoría de las muertes infantiles y maternas se dan entre los sectores más pobres de la población, por causas totalmente prevenibles”, remarca.
Visibles e invisibles
Claudia Amigo
camigo@clarin.com
"Doña, ¿me da una moneda?" La nena repite una y otra vez su gesto, extiende la mano, cruza Florida de una vereda a la otra. Es casi verano y usa pantalones de tela muy gruesa, un poco sucios, un poco rotos. En el epicentro de la Buenos Aires que disfruta del auge turístico, ella mendiga. Otros chicos mendigan. Las estadísticas dicen que ahora los niños pobres en la Argentina son menos. Y que a los especialistas les preocupa dar cuenta de algunas realidades invisibles. Como la de la nena, o la de sus amigos. O la de los chicos que se juntan en Constitución, en las estaciones, los que viven en casillas, los que no tienen qué comer, los golpeados, abusados o vendidos. Algunos miles más o menos, ellos están. Existen. No debemos serles indiferentes.