Ghodse recomienda no olvidar que no siempre lo que abunda es lo mejor. Una alta disponibilidad de medicamentos potencialmente adictivos puede preocupar tanto como su carencia. También, la disponibilidad óptima en determinado país puede no serlo para otro. No encuentra que haya país o región que pueda tomarse como patrón para el resto de los países en términos de disponibilidad.
En los países más desarrollados, no obstante, el problema suele ser el consumo excesivo, o sea no justificado en términos médicos. En éstos se nota un consumo creciente de sedantes hipnóticos para el tratamiento de la ansiedad y el insomnio. La ansiedad clínicamente significativa afectaría, según algunos estudios, al 15% de la población. Los estudios atribuyen en parte esta proporción al crecimiento de la población de personas mayores que serían los principales usuarios de estos fármacos.
Observa que hay también otras condiciones cuya prevalencia sigue un curso creciente y a las que cada vez más se les brinda una solución farmacológica, por ejemplo la obesidad. En algunos estudios se mencionan tasas de prevalencia del 30%, y en su tratamiento se prescriben drogas anorexígenas (anfetaminas o similares). Otro trastorno al que cada vez más se le da respuesta farmacológica es el TDAH que se trata también sintomáticamente con estimulantes (principalmente metilfenidato). Estos dos trastornos y las respuestas farmacológicas respectivas dan cuenta en buena medida del alto consumo de anorexígenos y metilfenidato en los EUA.
Por otra parte nota que en algunos países el 25-35% de los pacientes a quienes se prescribe drogas psicotrópicas no tienen diagnóstico de trastorno mental, y más bien sufren de problemas personales, interpersonales o sociales que de alguna enfermedad mental o física (afrontan algún acontecimiento vital significativo y probablemente negativo), En estas condiciones los períodos de consumo de drogas como los sedantes de tipo hipnótico suelen extenderse sin que haya enfermedad crónica que lo justifique y sin que se conozcan a ciencia cierta otras consecuencias que esto pueda acarrear para la salud.
En el caso del TDAH el tratamiento farmacológico se va tornando bastante liberal, según Ghodse, especialmente en los EUA, con una droga que se administra para que la conducta del niño sea más complaciente y sin conocer con profundidad la dependencia potencial que pueda llegar a tener, y en pacientes que no pueden participar en la decisión y responsabilidad de aceptar el tratamiento y sus consecuencias, como podría ser el caso del consumo de anfetaminas para tratar la obesidad en el adulto.
En cambio se extaña Ghodse al encontrar que se estima que menos del 50% de las personas que sufren depresión reciben tratamiento. Según la Asamblea Mundial para la Salud (2002) en los países en desarrollo la tasa de tratamiento de la depresión es de apenas el 5%.
Considera Ghodse importante considerar los determinantes de las respuestas al dolor, la ansiedad y el insomnio en términos de cómo lograr una apropiada disponibilidad de las drogas apropiadas, responsabilidad en buena parte de la profesión médica, en cuanto es el médico quien determina la elección de la droga, su dosis, duración y terminación del tratamiento. La relación médico-paciente cobra una importancia fundamental. A la vez el rol de la industria farmacéutica es no menos importante, asegurando la calidad y la información máxima acerca de los medicamentos disponibles.
Asegurar que las drogas que alivian el dolor y sufrimiento estén disponibles para quienes las necesiten y que a la vez se reduzca el riesgo del consumo excesivo es un desafío hoy para médicos y la industria farmacéutica, al que no están ajenos, también los mismos pacientes. Es necesario, concluye Ghodse el esfuerzo concertado para promover el uso racional de las drogas psicotrópicas y los analgésicos narcóticos, y una adecuada distribución en términos de disponibilidad y accesibilidad.