
Los aracnofóbicos pueden ponerse contentos. La respuesta a sus temores podría residir en una simple inyección, gracias a que los científicos descubrieron que una dosis de la hormona natural del estrés que produce el organismo, el cortisol, puede ayudar a los fóbicos a tenerle menos miedo a las arañas.
Sumar cortisol a una situación que, de por sí, le resulta estresante a las personas fóbicas puede sonar paradójico, pero Dominique de Quervain, de la Universidad de Zurich, en Suiza, quiso explotar en su experimento la capacidad de la hormona del estrés para bloquear los recuerdos temerosos.
Para los aracnofóbicos, ver una araña deriva en “la reactivación de un recuerdo de miedo que está almacenado en el cerebro”, dijo el profesor De Quervain. Una inyección de cortisol, aparentemente, redujo los niveles de miedo de los pacientes, frente a otros participantes que habían recibido un placebo, según los resultados publicados esta semana en “Proceedings”, de la Academia Nacional de Ciencias de Gran Bretaña.
Tratar una fobia normalmente implica que un psicoterapeuta hable sobre el miedo con un paciente y lo obligue a enfrentarlo . “Yo veía una araña y me ponía a gritar como un chico y salía corriendo de la casa”, dice Richard Bayliss, 32. Bayliss tuvo sesiones de psicoterapia en las que se vio obligado a enfrentar a una pequeña araña muerta. “Me hizo guardarla en una caja y sacarla todos los días para jugar con ella”, cuenta.
A continuación, el psicoterapeuta introdujo un ejercicio que consistía en bloquearle el camino a una araña viva, haciéndole cambiar de dirección. “Finalmente salimos al jardín y encontramos una de un tamaño razonable. La puso en mi espalda, lo cual fue absolutamente desagradable”. Bayliss también experimentó el programa del zoológico de Londres, que culmina cuando los participantes toman una tarántula, con una tasa de éxito del 80%.
Obligar a los fóbicos a enfrentar sus miedos funciona en la mayoría de la gente, pero no siempre de manera permanente . “A decir verdad, es una muy buena terapia, pero en muchos pacientes el miedo vuelve en uno o dos meses”, dijo el profesor De Quervain.
Además de hacer la prueba con 20 aracnofóbicos, De Quervain también expuso a 21 fóbicos sociales tratados con cortisol a una supuesta entrevista laboral frente a tres entrevistadores con cara de piedra. El experimento culminó con una prueba aritmética mental de cinco minutos, algo que normalmente resultaría absolutamente intolerable para quienes padecen una fobia a las situaciones sociales. Sin embargo, los participantes manifestaron un nivel de miedo marcadamente menor.
Su equipo ahora planea una prueba clínica de gran escala del tratamiento con cortisol.
© The Guardian
Traducción de Claudia Martínez