Entrevistas

/ Publicado el 15 de abril de 2004

Gabriel Rabinovich, doctor en Bioquímica e Inmunología

Una investigación "hecha en Argentina"

Un equipo de científicos argentinos dio forma a una investigación cuyos resultados fueron publicados, durante el mes de marzo, por la prestigiosa revista Cancer Cell. IntraMed entrevistó al Dr. Rabinovich, responsable del grupo.

Autor/a: Por IntraMed

Indice
1. La investigación
2. Repercusión masiva
3. El rol del científico en la sociedad

¿Cuándo comenzó a gestarse esta investigación?
Comenzamos en 1999. Yo acababa de llegar de Londres -en donde trabajé gracias a una beca de la Fundación Antorchas y el British Council- con la idea de armar mi propio equipo de investigación en Buenos Aires. Lo primero que hice fue pedir un lugar para trabajar y, entre muchos posibles, elegí el Laboratorio de Inmunogenética del Hospital de Clínicas porque tenía la infraestructura suficiente como para comenzar a trabajar. Este proyecto fue la tesis doctoral de Natalia Rubinstein y nos llevó cinco años. Pero, como todo trabajo científico, proviene de la asociación de conceptos previos. Para remontarnos a sus orígenes debemos hablar de la Universidad Nacional de Córdoba y del año 1993 cuando, como parte de mi tesis doctoral, identificamos esta proteína (la Galectina 1) y su capacidad de inducir apoptosis -que es la muerte celular programada de linfocitos T activados-. Lo más interesante que habíamos visto era que esta proteína mata solamente linfocitos T activados, sin modificar a los linfocitos T en reposo.

En aquel momento, ¿la investigación estaba dirigida al tema oncológico?
No, para nada. Era una investigación básica y es un ejemplo de cómo una investigación que comienza con cuestiones totalmente bioquímicas puede llegar a generar la potencialidad de un fármaco con aplicación terapéutica. Reivindica de algún modo el tema de la confluencia que debería haber entre la investigación básica y la aplicada.
Durante muchos años los gobiernos optaron por apoyar la investigación aplicada que se realizaba fundamentándose en conceptos que nos llegaban desde Europa o EEUU de investigación básica. Uno de los mensajes que yo quiero dar es que, comenzando con un proyecto totalmente básico de purificar una proteína y determinar sus funciones in vitro, uno puede llegar a replicarlo en enfermedades y generar un marco apto para la intervención terapéutica.

O sea que todo el proceso fue "made in Argentina"...
Ciento por ciento. Se le podría poner un sello que dijera "Hecho en Argentina".

¿Cómo se solventó este proyecto?
En la actualidad todos los involucrados somos investigadores del CONICET, del cual recibimos nuestros haberes. Pero cuando empezó el proyecto yo no era aún investigador del CONICET: era becario posdoctoral.
Fundamentalmente hubo aportes de fundaciones: la Fundación Sales, la Fundación Antorchas y la Fundación Roemmers. Por otra parte el Ministerio de Salud, a través de las Becas Carrillo-Oñativia, nos permitió abordar la última parte del proyecto. Además, contamos con el espacio del Laboratorio de Inmunogenética de un hospital público (n. De la R.: Hospital de Clínicas) y mucho equipamiento propio de ese laboratorio. 

¿Cómo surgió su interés por este tema en particular?
Comenzó con una pregunta que yo me hacía desde hacía mucho tiempo, que es la misma que se hacen muchos inmunólogos y biólogos moleculares: "¿cómo hacen los tumores para poder escaparse del sistema inmunológico?". Lo que nosotros vimos y volcamos en el trabajo que fuera publicado en marzo de 2004 en Cancer Cell fue que los tumores (específicamente el melanoma) producen G 1, y que producen más cuanto más agresivo es el tumor. La G 1 logra matar linfocitos T activados que están en el microambiente del tumor de modo que el linfocito que está preparado para reconocer antígenos tumorales, no los mata porque hay una estrategia de contraataque del tumor: la G 1 mata antes a los linfocitos T activados.
Lo que emprendimos después fue una estrategia de antisentido, una técnica de ingeniería genética que permite inhibir la producción de esta proteína (si uno sigue el dogma genético, el DNA doble cadena pasa a RNA simple cadena y éste pasa a proteína). Lo que estamos haciendo es colocar el gen al revés, de manera de poder bloquear la expresión génica de esta proteína. Construimos clones de células tumorales que tienen distinta expresión de esta proteína: unos con muy alta expresión, otros con expresión media y otros con muy baja. Los clones que tenían expresión muy baja de Galectina 1 -porque habían recibido el oligonucleotido antisentido- poseían muy baja capacidad proapoptótica o inmunosupresora de linfocitos T. Cuando inyectamos el tumor en animales, éste no crecía y si crecía lo hacía muy lentamente. En el 95% de los animales los tumores no aumentaron a los 40 días del experimento. Cuando analizamos los ganglios linfáticos drenantes de los tumores vimos un incremento de la respuesta inmunológica, de la producción de linfocitos T, de la producción de interferón gamma -una citoquina del tipo T helper 1, muy importante en la inmunidad antitumoral- y de interleuquina 2. Había una potenciación importante de la respuesta inmunológica frente a ese tumor una vez que bloqueábamos la G 1.