Medical News

/ Published on April 8, 2008

Cientos de bebes en riesgo por falta de un test de $25

Una infección que puede prevenirse

Se trata de un análisis que detecta una peligrosa bacteria.

Su valor no supera los 25 pesos, pero ni su bajo costo ni su efectividad demostrada en otros países y respaldada por la Organización Mundial de la Salud parecen ser suficientes para lograr que a todas las embarazadas se les realice en el país el análisis de detección de una bacteria que, en el momento del parto, puede causar la discapacidad o muerte de sus hijos.

Cada año, en la Argentina nacen 1125 bebes infectados con el estreptococo del grupo B (EGB), que en la futura mamá puede o no producir síntomas. Se estima que anualmente unas 150.000 embarazadas (15 al 20%) son colonizadas por esta bacteria. Sin embargo, sólo una de cada cuatro de ellas tendrá síntomas clínicos (fiebre, parto prematuro, desgarramiento de las membranas antes de la 37° semana de gestación o durante más de 18 horas sin dar a luz) que les indiquen a los médicos en el momento del parto que algo anda mal.

Esto le ocurrió a la mamá de los gemelos Ignacio y Ramiro Salum hace ya cinco años y medio. Ella no tuvo ninguno de esos síntomas, pero de uno de sus bebes, Ramiro, hoy sólo le queda el recuerdo y su nombre escrito en una de las paredes de la habitación de Ignacio, en su casa de Villa del Parque.

"Ignacio estuvo tan mal como Ramiro, pero milagrosamente no sólo pudo sobrevivir a esta infección que es totalmente prevenible, sino que no tiene secuelas neurológicas ni físicas", recuerda Daniel Salum, padre de los gemelos y promotor de Prevenciónegb, un sitio en Internet ( www.prevencionegb.com ar ) que reúne a por lo menos cien familias que sufrieron el daño que es capaz de producir esta bacteria.

Los gemelos nacieron con 2,9 kilos cada uno y en tan buenas condiciones de salud que esa primera noche de vida la pasaron en la nursery de una clínica privada porteña. Sin embargo, a la mañana siguiente, los bebes empezaron a necesitar asistencia respiratoria común y luego por separado. Cuando todo parecía complicarse cada vez más, los médicos le mencionaron al matrimonio Salum la infección por EGB. A los 4 días, Ramiro sufrió un paro cardiorrespiratorio. "En ese momento conocimos el infierno, no podíamos creer lo que nos pasaba -agrega Daniel-. Ya teníamos dos hijos, y por otro lado estaba Ignacio, que trataba de resistir." A las 3 semanas, su recuperación sorprendió a todos e Ignacio empezó a despertar.

Poca efectividad

Casos como el de Ramiro llevaron a la OMS, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y a las autoridades españolas, entre muchos otros países, a evaluar la efectividad de los dos métodos de prevención de la transmisión del EGB de madre a hijo conocidos hasta el momento: por un lado, el hisopado vaginal/rectal realizado entre las semanas 33° y 35° del embarazo y, por el otro, la detección de síntomas clínicos en el parto, para iniciar en ambos casos y ante la presencia de la bacteria una terapia con antibióticos.

En nuestro país, las "Recomendaciones para prevención, diagnóstico y tratamiento de la infección neonatal precoz por EGB" difundidas en 2004 por el Ministerio de Salud promueven la detección de los factores de riesgo en el momento del parto, en lugar del hisopado (que cuesta alrededor de 25 pesos), debido a la falta de evidencia suficiente de su efectividad.

Sin embargo, las pruebas de su utilidad abundan desde 2002, año en que los CDC, el Colegio Estadounidense de Obstetricia y Ginecología, y la Academia Estadounidense de Pediatría universalizaron el uso del hisopado rectovaginal. Un estudio de los CDC sobre los resultados obtenidos a partir de la implementación de esta estrategia demostró que la incidencia de la infección había disminuido 33% entre 2003 y 2005 respecto de 2000-2001.

"La prevención de la infección neonatal por EGB es una estrategia de gran impacto en la salud pública y está incluida en las recomendaciones de la OPS. La capacidad de detectar a las madres portadoras en el momento del parto es probadamente mayor con las técnicas de laboratorio (tamizaje prenatal) que con los factores de riesgo clínico [síntomas]", confirmó a LA NACION el doctor José Luis Díaz Rossello, del Centro Latinoamericano de Perinatología y Desarrollo Humano (CLAP), de la OPS.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION 

Una infección prevenible
Un proyecto de ley que está a la espera de ser aprobado
Es para prevenir una infección neonatal

"Incorpórase con carácter obligatorio como práctica rutinaria de control y prevención la realización del examen de detección del estreptococo grupo B Agalactiae , a todas las embarazadas con edad gestacional entre las semanas 35a. y 37a., presenten o no condiciones de riesgo."

Así comienza el texto del proyecto de ley que ya cuenta con media sanción de Diputados y que el Senado trataría en su próxima sesión el 23 de este mes. Si se aprueba, un grupo de cien familias sentirá que el esfuerzo -y la espera- de los últimos tres años no fue en vano: lograr que a todas las embarazadas se les realice un análisis para prevenir una infección grave en el recién nacido que ellos sufrieron en carne propia.

El examen es una de las dos opciones que se utilizan en el mundo para prevenir la transmisión madre-hijo del estreptococo del grupo B (EGB). Consiste en tomar con un hisopo una muestra de la vagina y del recto de la embarazada 5 semanas antes del parto para detectar la presencia del microorganismo. Si da positivo, la mujer recibirá un antibiótico en el parto para prevenir la transmisión al bebe.

El otro método disponible, anterior al hisopado, confía en la detección de ciertos síntomas en la embarazada en el momento del parto. Esta es la estrategia que recomienda utilizar el Ministerio de Salud, según un documento difundido en 2004. Lo justifica por la falta de recursos para utilizar un método más moderno, y presuntamente de evidencia suficiente sobre la efectividad del hisopado rectovaginal.

Sin embargo, las nuevas Guías para la Atención de la Mujer y el Recién Nacido que este año difundirá el Centro Latinoamericano de Perinatología y Desarrollo Humano (CLAP), de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), señalan: "El empleo de las pruebas de tamizaje con tratamiento posterior redujeron la incidencia a menos de 0,5 por mil nacidos vivos [en la Argentina es de 1,5 por mil] y la enfermedad invasiva en las embarazadas cayó en 5 años un 21 por ciento".

Y agrega dos consideraciones importantes: "La opción de usar antibióticos según un despistaje mediante factores de riesgo [síntomas en el momento del parto] no ha demostrado ser efectivo" y que en algunos países de la región "se justifica la incorporación de este tamizaje [hisopado rectovaginal] a las normas nacionales para reducir aún más la mortalidad neonatal (...)". Según el doctor José Luis Díaz Rossello, del CLAP, la prueba para identificar el EGB "está incluida en las recomendaciones de la OPS" para la 4° visita del control prenatal, es decir, entre la 33a. y 35a. semanas del embarazo.

"No estamos en contra de hacer el cultivo a todas las embarazadas en el país -sostuvo la doctora Celia Lomuto, coordinadora del Area de Perinatología de la Dirección Nacional de Salud Materno Infantil-. Si sale la ley, pondremos en marcha todos los mecanismos necesarios para que se cumpla en todo el país." Pero aclaró: "No nos oponemos a esto, sino a que se sancionen leyes muy difíciles de cumplir. Las leyes deben ser posibles y el costo no es despreciable. Lamentablemente, la relación costo-beneficio tiene que ser tenida en cuenta cuando se diseñan políticas públicas de salud".

Es que un cálculo rápido, en el que coinciden defensores y detractores del nuevo análisis prenatal, indica que sólo para hacerles la prueba -cuesta unos 25 pesos- a unas 750.000 embarazadas cada año habría que destinar unos 18,7 millones de pesos. De ellas, no más del 20% (los estudios en la Argentina oscilan entre el 9 y el 20%) está colonizada y necesitará un antibiótico -de unos 10 pesos- en el parto. Esto equivale a 1,5 millones de pesos más.

Así, la inversión compartida por el sistema de salud público, las obras sociales y las prepagas para prevenir la infección en 1125 bebes por año y los costos por discapacidad que causa la bacteria, sería de unos 20 millones. "Si la ley está pensada con expectativa de largo plazo, perfecto -agregó Lomuto-. Cuesta mucho cambiar conductas en la comunidad médica, aún cuando el beneficio sea gigantesco. Sin una ley que nos ampare, no podemos decirles a los médicos que deben hacer el cultivo rectovaginal a las pacientes cuando no tienen recursos."

Otro tema de debate son las estadísticas locales de incidencia de la infección por EGB. La doctora Alicia Farinati, de la Asociación Argentina para el Estudio de las Infecciones en Ginecología y Obstetricia, y asesora de la maternidad del Hospital Rivadavia, dijo que esos datos "surgen de cifras que no son reales, porque no todos los médicos envían la información ni se está haciendo investigación".

Por ejemplo, los casos registrados sólo en el hospital superan a los de las estadísticas nacionales. "Esto demuestra que esta patología está subevaluada", explica Farinati, profesora titular de microbiología clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION 

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