Cuando hoy den las 12, ellos tendrán razones más que suficientes como para brindar en paz: trabajo, una casa y la posibilidad de reconstruir una vida que creían perdida.
Hasta hace unos meses, Miguel, Pablo y Luciano vivían en el Hospital Colonia Domingo Cabred, el neuropsiquiátrico conocido como Open Door, en Luján. El lunes 5 de noviembre, estos tres hombres abrieron la puerta de una nueva vida. Desde ese día comparten una luminosa casa que para ellos significó recuperar algo que habían perdido hace años: un hogar.
Este esperanzador capítulo en la vida de Miguel, Pablo y Luciano fue posible por la tenacidad con la que Silvana Sarrabayrouse luchó por sacarlos de ese mundo. Ella es la gran artífice de esta nueva historia que los tres hombres están reconstruyendo. Y le devuelven con creces la confianza que Silvana depositó en ellos.
Miguel tiene 47 años; Pablo tiene 39, y Luciano, sólo 22. Los tres pasaron sus últimos años en este hospital. También comparten pasados tremendos, historias llenas de desamor y abandonos que detonaron sus trastornos mentales.
Antes de comprometerse con su externación, Silvana les consiguió algo que cree sanador: un trabajo. Hoy, Miguel trabaja en un club de tenis; Pablo es empleado en un pub de San Isidro, donde además da clases de ajedrez, y Luciano, en un lavadero de autos.
Este proyecto es una de las siete iniciativas del programa Vuelta a Casa, que el neuropsiquiátrico firmó con distintos municipios para externar a los pacientes que pueden dejar el hospital. "Como en la mayoría de los neuropsiquiátricos, la gente llega por loca y se queda por pobre. Es terrible. No hay motivos para que ellos y muchos otros sigan en Open Door. Los pacientes de los manicomios son desaparecidos; nadie lucha por ellos y sus derechos", se enoja Silvana.
Hace seis años, con tres hijos adolescentes y más tiempo a su favor, Silvana puso el dedo en el lugar más olvidado. "Busqué el lugar al que nadie iba, el más difícil. Quería devolverle a la vida todo lo que me había dado", dice. Llegó al pabellón 10 y se convirtió en su madrina. Pero su acción inundó poco a poco el hospital. Ahora integra la Red de Usuarios, Familiares y Voluntarios de la Organización Panamericana de la Salud y recorre todos los pabellones para llevar algo que nunca resulta suficiente: soluciones.
Peor que la cárcel
"Es peor que una cárcel porque, si estás preso, tenés derecho a un abogado Hoy nuestra dicha es enorme. Tener trabajo, una casa y poder sostenerlos después de haber salido de Open Door es algo importantísimo", cuenta Pablo. El tenía el alta desde hacía meses pero, como muchos otros, no tenía dónde ir.
Silvana sabe que la suerte de estos tres hombres tiene mucho de una tarea artesanal que se propuso. Pero no se conforma con el éxito de esta experiencia: quiere replicarla porque sabe que hay muchos que pueden comenzar una vida mejor. "Esto no es un invento argentino. Estas experiencias se hacen en todo el mundo -dice-. Los manicomios no deberían existir: los hospitales generales y centros de salud comunitaria tendrían que atender los padecimientos mentales."
El municipio de San Isidro paga el alquiler y el Ministerio de Salud provincial va a subsidiar a Luciano y a Pablo. Miguel cobra una pensión por invalidez. Con sus trabajos, ellos pagan el cable de TV, Internet, teléfono y parte de la comida. "Compartimos los gastos y nos turnamos con las tareas de la casa; lo más importante es sentir que podemos contar con el otro", afirma Miguel.
Silvana está dando las últimas puntadas a una asociación que les permita recibir donaciones para multiplicar esta salida. "Apunta a la externación de los que estén en condiciones, pero también queremos hacer investigación, prevención y, por sobre todo, trabajar en la salud mental comunitaria, enseñarle a la comunidad a integrarlos. Queremos que entiendan que uno puede vivir al lado de un diabético, de un cardíaco o de un esquizofrénico compensado", explica. Su mail es sylver@fibertel.com.ar.
Un puñado de voluntarios visita la casa. "Salvo un pequeño grupo de amigos, la gente que más nos ayudó no nos conocía", se emociona Silvana. No quiere olvidarse de agradecer a los que contribuyeron para hacer realidad esta casa. A su marido y a sus tres hijos, al ex ministro de Salud de la provincia, Ismael Pasaglia; al intendente de San Isidro, Gustavo Posse, y al coordinador de Salud Mental municipal, Guillermo Belaga; a los directores de Open Door, Leo Zavattaro y Susana De Niro, a la cooperadora del hospital y a su presidenta, Virginia Casiraghi. "Y a mucha gente que no nos conocía y creyó en el proyecto", enumera.
"Estoy tratando de hacer bien las cosas", confiesa Luciano. A los 14, abandonado por sus padres, fue internado en un instituto de menores. Años después, llegó a Open Door. "Cada vez que me veía, me pedía que lo sacara de ahí", recuerda Silvana. "Open Door me equilibró, pero quedarse te hace mal. Si lográs ponerte de pie, tenés que seguir la batalla afuera", asegura Miguel.
La experiencia de estos tres hombres está siendo registrada en una película que filma Iván Larsen. Los tres van por más: van a estudiar en 2008. Silvana escucha en silencio, una vez más, los sueños y las esperanzas de estos tres hombres. La emoción llena el aire de esta casa, que no sería posible sin su compromiso.
Por Cynthia Palacios
De la Redacción de LA NACION