CRISTINA G. LUCIO
MADRID.- Una nueva bacteria resistente a varios fármacos podría convertirse en una amenaza para la población homosexual. Según muestra una investigación en San Francisco (EEUU), la infección por esta causa es más común entre los varones gays sexualmente activos.
Un equipo de investigadores dirigidos por Henry Chambers, de la Universidad de California (EEUU), había observado la emergencia de un tipo específico de bacteria 'Staphylococcus aureus', denominada en este país USA 300 y muy resistente a los fármacos.
Los investigadores se dieron cuenta enseguida de que, al contrario que la mayoría de 'Staphylococcus aureus' (la causa de gran parte de las de las infecciones hospitalarias), USA300 solía afectar a personas que nunca habían sido tratadas con antibióticos ni habían estado en el hospital. Esta bacteria puede provocar trastornos como neumonía o endocarditis.
Los investigadores quisieron identificar qué factores de riesgo intervenían en la infección por esta bacteria y en qué medida ésta era común en la ciudad de San Francisco.
Para ello, analizaron los datos de pacientes de nueve hospitales de la ciudad y localizaron más de medio millar de casos de afectados en San Francisco. Después compararon los datos con los de otros dos grupos de personas. Uno de estos estaba formado por 183 personas con VIH y, el otro, por un grupo de individuos tratado en una zona alejada, Boston (en la costa este de EEUU).
Los resultados de su trabajo, que se publican en el último número de 'Annals of Internal Medicine' mostraron que los varones homosexuales sexualmente activos presentaban un riesgo de infección mayor que el del resto de participantes.
Según sus datos, las tasas de infección variaban según el área, y los casos eran mucho más comunes en zonas de la ciudad donde vivían más parejas gays. "La transmisión podría producirse a través de las relaciones sexuales", explican los autores en su estudio.
La investigación también puso de manifiesto que uno de los varones de Boston analizados, que viajaba habitualmente a San Francisco y había mantenido relaciones sexuales con hombres de la ciudad, presentaba el mismo tipo de infección identificado en la ciudad californiana. "Estos datos sugieren que la epidemia probablemente empezó en San Francisco y se ha diseminado debido a los frecuentes viajes de costa a costa [en Estados Unidos]", explican los autores en su estudio, si bien matizan que su hipótesis debe ser corroborada por nuevas investigaciones.
Consejos
Dado que el contagio de esta bacteria se produce a través del contacto con la piel, los investigadores sugieren que la causa de esta expansión entre la comunidad gay se debe a la existencia de prácticas de riesgo, aunque también reconocen que su trabajo no ha analizado exhaustivamente la relación entre la infección y determinados comportamientos.
Asimismo, sugieren que el lavado con agua y jabón podría ser el modo más eficaz de frenar la transmisión por el contacto con la piel, sobre todo después de las actividades sexuales.
Para frenar la virulencia de esta bacteria, los investigadores recomiendan, entre otras medidas, un uso limitado de los antibióticos. "El uso prudente de agentes antimicrobianos en casos sospechosos es recomendable para frenar la emergencia de una bacteria aún más resistente a los fármacos", advierten los autores en su trabajo.
Estos expertos reconocen que su estudio tiene limitaciones, como el hecho de que no se haya valorado la implicación de determinados comportamientos de riesgo en la infección y reclaman más estudios al respecto que avancen en sus hallazgos.
La bisexualidad no es un estado transitorio
Un estudio de la Universidad de Utah demuestra que es, al menos entre las mujeres, una orientación sexual más y no un período de confusión o lesbianismo no asumido
ELPAIS.com -
La bisexualidad es, al menos entre las mujeres, una orientación sexual más, tan estable y tan capacitante para tener una relación estable como la heterosexualidad o la homosexualidad. Por si había dudas y acabar con los mitos (la bisexualidad como un periodo de confusión o de lesbianismo no asumido), científicos de la Universidad de Utah han seguido durante diez años la vida –devaneos incluidos- de 79 mujeres no heterosexuales que tenían entre 18 y 25 años cuando comenzó la investigación.
El estudio, que ha publicado la revista de la Asociación Estadounidense de Psicología, muestra que después de una década las voluntarias que se consideraban bisexuales seguían definiéndose como tales. Lógicamente, durante ese periodo pasaron por periodos en los que estaban más cerca de las otras orientaciones, pero la mayoría, al final, seguían pensando que eran capaces de sentirse atraídas tanto por hombres como por mujeres. Entre las lesbianas que participaron en el trabajo también se observó una gran claridad de ideas. En total, apenas el 17% tenía al final una relación heterosexual.
Ser bisexual –con su teórica ambivalencia- no impidió que la mayoría de las mujeres (más del 70% en todos los casos: lesbianas, bisexuales o sin definir) hubieran mantenido relaciones afectivas de al menos un año de duración.
Entre las que se consideraban homosexuales, un 14% había mantenido alguna relación heterosexual. "Esto prueba que la sexualidad femenina tiene un cierto grado de fluidez, y que la diferencia entre ser bisexual o lesbianas no es tan rígida", dijo la directora del trabajo, Lisa Diamond. Una prueba más de que la frase que usan muchas de ellas (“me enamoro de personas, no de sexos”) es cierta.