El estudio se publica en "Stroke" y, según sus autores, la estrategia puede ser una aproximación terapéutica importante para mejorar la evolución de los pacientes que han experimentado un accidente cerebrovascular grave.
En la investigación administraron moxifloxacino a ratones después de haberles inducido un ictus. Las dosis se aplicaron a los 60 minutos o a las 12 horas.
El antibiótico previno el desarrollo de infecciones y fiebre y redujo la mortalidad en un 40% respecto a los animales que no lo recibieron. Además, el 80% de los ratones tratados presentó poco o nulo daño cerebral, frente al 43% de los no tratados.