Medical News

/ Published on March 4, 2002

Encabezado por un científico argentino

Un equipo internacional identificó senderos neurales de la toma de decisiones

El trabajo acaba de ser publicado en la revista Brain, una de las más destacadas de la especialidad. El conocido científico norteamericano Antonio Damasio había realizado un trabajo pionero. Pero estos resultados refinan y corrigen las presunciones previamente aceptadas.

Fuente: La Nación

Hace algo más de un lustro, Antonio Damasio, investigador norteamericano y autor del best seller El error de Descartes, alborotó el panorama de las neurociencias al postular que la razón y las emociones no residen en dos provincias diferentes del continente cerebral, sino que el sentir es un componente integral de la maquinaria racional.

En particular, el científico ofreció pruebas experimentales de que las emociones influyen decisivamente en la toma de decisiones.

Según Damasio, en este proceso interviene protagónicamente el córtex orbitofrontal (la corteza evolutivamente más reciente del cerebro y, a la vez, íntimamente relacionada con las estructuras emocionales más arcaicas). Sin embargo, un trabajo que acaba de publicarse en una de las revistas científicas más prestigiosas de la especialidad, Brain, realizado por un equipo internacional encabezado por un investigador argentino, demuestra que los senderos neuronales de la toma de decisiones no serían exactamente los descriptos por Damasio.

Sentir y pensar

"La idea de que las emociones influyen en la toma de decisiones es casi un postulado de sentido común -explica Facundo Manes, jefe de la sección neurología cognitiva de Fleni, que hace algunos meses regresó al país luego de una estada de cuatro años en los Estados Unidos y Gran Bretaña-. Damasio ofreció una base científica para esta afirmación, pero nosotros quisimos analizarla en detalle. Queríamos disecar este mecanismo desde el punto de vista cognitivo y anatómico."

Damasio desarrolló un test muy interesante (el Iowa Gambling Task) que por primera vez permitió evaluar objetivamente estas cuestiones.

Se les muestran a los pacientes en una pantalla cuatro mazos de cartas y se les pide que hagan una serie de selecciones por las que se les otorga una recompensa monetaria virtual. Los cuatro mazos se caracterizan por diferentes perfiles de premio y castigo, de tal modo que los mazos A y B ofrecen altas recompensas pero también altas penalidades, que al final resultan en pérdidas, mientras que los mazos C y D ofrecen pequeñas recompensas pero mínimas penalidades, que finalmente derivan en un beneficio general.

En su experimento, las personas sanas desarrollaban una preferencia por los mazos más seguros (Cy D), mientras que los pacientes con lesiones en el córtex orbitofrontal preferían los mazos más riesgosos y no mostraban respuesta física (alteración del pulso o erección pilosa) frente a situaciones de riesgo.

"Las personas sanas no suelen tomar riesgos extremos, sino controlados -explica Manes-. Sin embargo, para Damasio, los pacientes con daño orbitofrontal estaban intelectualmente intactos. Sólo fallaban en la toma de decisiones."

Para el equipo de investigación encabezado por Manes -y conformado también por Barbara Sahakian, Luke Clark, Nagui Antoun y Mike Aitken, de la Universidad de Cambridge, y por Robert Rogers, de Oxford- el test diseñado por Damasio no sólo era impreciso (involucraba otras funciones cerebrales, como la memoria de trabajo o el aprendizaje), sino que además produjo algunos resultados erróneos.

Para encontrar la senda correcta, el equipo se concentró en pacientes con lesiones focalizadas, y no difusas, como los que participaron del experimento de Damasio.

"Trabajamos con dieciocho personas a las que sometimos a tests que dejaban de lado otros aspectos cognitivos y les presentamos una serie de pruebas que sólo evaluaban la toma de decisiones -dice Manes-. Una, por ejemplo, consistía en mostrarles una pantalla con una serie de 10 cuadrados rojos o azules debajo de los cuales se escondía un cuadrado amarillo. Si elegían el cuadrado correcto, tenían una recompensa. Controlamos los aspectos psicológicos (por ejemplo, que no estuvieran deprimidos) y estudiamos atentamente las zonas que intervenían en cada operación. Fuimos muy cuidadosos porque queríamos disociar los diferentes aspectos que intervienen en la toma de decisiones e identificar los aspectos anatómicos."

Senderos de la mente

Como resultado, y en contraste con los datos previos, los investigadores descubrieron que los pacientes con lesiones orbitofrontales no mostraban alteración en la toma de decisiones y tareas ejecutivas, pero sí empleaban tiempos más prolongados. Los que tenían lesiones dorsolaterales mostraban daño en la memoria de trabajo (working memory), planificación y dificultad para centrar la atención. Pacientes con lesiones dorsomediales tenían dificultades de planificación.

"Nosotros confirmamos que el daño en ciertas estructuras prefrontales se traduce en un déficit en la toma de decisiones racionales no riesgosas, pero encontramos que hay una interacción entre las zonas prefrontal, dorsolateral y orbitofrontal y que incluso es más importante la dorsolateral. Las pruebas que usó Damasio son insensibles para detectar cambios de estrategia o de memoria de trabajo -puntualiza Manes. Y agrega-: Este conocimiento es vital cuando se deben decidir estrategias de rehabilitación de pacientes con lesiones o infarto cerebral o, por ejemplo, cuando se realiza cirugía... Estamos empezando a entender cuáles son los mecanismos cerebrales."

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