Llegó marzo con su humedad, viento, tiempo fresco, lloviznas y los días más
cortos. La ciudad cambia de colores: los niños van a clase, los adultos al
trabajo, mucha gente cartonea, los viejos se preparan para las gripes y las
parejas jóvenes descubren nuevos amores.
Una nueva guerra conmueve al Mundo. Las protestas se mezclan con la
indiferencia general.
Acá, ella tiene más de setenta años vividos. Desde hace cuatro quedó postrada
por una parálisis de medio cuerpo izquierdo. Su esposo con sus hijos
decidieron que viviera en su hogar ayudada por unas señoras. Transita sus
espacios cotidianos en silla de ruedas: de la cama al baño o a la cocina. Mira
televisión, escucha radio, intenta leer sus novelas de amor y de escenarios
felices.
En su cabeza juegan el pasado con las fantasías y el miedo. Los recuerdos
aparecen en su presente y ella se enoja y discute con ellos. Disfrazados como
actores, cambian de ropas. La tristeza ocupa el lugar de su olvidada sombra.
Ella pide por su mamá. Quiere que vuelva a cuidarla. Exige mimos, abrazos y
besos calentitos.
Es una viejita con mente de niña que por momentos cree jugar con sus
muñecas, charlar con imaginados antepasados y temer horribles miedos.
Nadie acepta este destino. Su presencia señala nuestras limitaciones. El dolor
y la muerte visitan nuestra casa.
Cada año empeora su salud. Ahora,ella empeoró. Parece querer abandonarnos. Tal
vez decidió acabar con la carcel de su cuerpo que la encierra y aprisiona.
Una hoja cae este otoño.
Y nuestro dolor la acompaña.
A mi mamá, María
en estos difíciles días.
Publicado el 15 de abril de 2003
Participación
Un dolor compartido
El Dr. Alejandro Wajner, usuario de IntraMed, nos envía un texto de su autoría para compartir con sus colegas.
Autor/a: Por Alejandro Wajner
Llegó marzo con su humedad, viento, tiempo fresco, lloviznas y los días más
cortos. La ciudad cambia de colores: los niños van a clase, los adultos al
trabajo, mucha gente cartonea, los viejos se preparan para las gripes y las
parejas jóvenes descubren nuevos amores.
Una nueva guerra conmueve al Mundo. Las protestas se mezclan con la
indiferencia general.
Acá, ella tiene más de setenta años vividos. Desde hace cuatro quedó postrada
por una parálisis de medio cuerpo izquierdo. Su esposo con sus hijos
decidieron que viviera en su hogar ayudada por unas señoras. Transita sus
espacios cotidianos en silla de ruedas: de la cama al baño o a la cocina. Mira
televisión, escucha radio, intenta leer sus novelas de amor y de escenarios
felices.
En su cabeza juegan el pasado con las fantasías y el miedo. Los recuerdos
aparecen en su presente y ella se enoja y discute con ellos. Disfrazados como
actores, cambian de ropas. La tristeza ocupa el lugar de su olvidada sombra.
Ella pide por su mamá. Quiere que vuelva a cuidarla. Exige mimos, abrazos y
besos calentitos.
Es una viejita con mente de niña que por momentos cree jugar con sus
muñecas, charlar con imaginados antepasados y temer horribles miedos.
Nadie acepta este destino. Su presencia señala nuestras limitaciones. El dolor
y la muerte visitan nuestra casa.
Cada año empeora su salud. Ahora,ella empeoró. Parece querer abandonarnos. Tal
vez decidió acabar con la carcel de su cuerpo que la encierra y aprisiona.
Una hoja cae este otoño.
Y nuestro dolor la acompaña.
A mi mamá, María
en estos difíciles días.