Arte & Cultura

Publicado el 25 de diciembre de 2002

Participación

Un cuento esencial

El Dr. Alejandro Wajner es médico cardiólogo y escribe ficción y ensayos críticos de la Medicina actual. Nos envió uno de sus cuentos que invita a la reflexión.

Autor/a: Por A. Wajner

Estamos en el subte. Es tarde. Vuelvo de un lugar. Tal vez del trabajo o de un cine o de ninguna parte.
Tomo ese vagon de subte. Semivacío a esa hora.
Casi todo igual de rutinario.Algunos seres van o vuelven de sus obligaciones.Otros, de comprar cosas.

Enfrente mío están ellos. El es menor, mucho más que él. El lo abraza. Lo mima. Le habla. Tiene su brazo grueso y viejo sobre sus doblados hombros. Le habla, mirándolo. Le cuenta algo.
Lo hace pasándole su boca y sus labios sobre su cuello, arriba de los hombros.
El se ríe.Tiene la mirada perdida, desarmada. Sus ojos estan desviados. O son diferentes. Eso, son distintos a los otros. A los míos. A los de los demás viajantes de ese vagón.
Esos ojos dispersos cambian al sentir la presencia del contacto del otro. Al ser tocado por el viejo. Adquieren otra expresion. Algo que falta en ese viaje. Algo que perdimos  en ese vagón.
Esos ojos no miran a nadie. Se pasean llevados, acompañados por el contacto del otro. El que es gordo, viejo, feo. Un ser común a los demás. Nada especial. Salvo en ese momento. En que es diferente a nosotros. En que logra que el otro cambie de expresión.  Que su rostro adquiera una dimensión que nosotros no poseemos.

Ellos son extraños. Feos, raros, distintos. Uno viejo y gordo. El otro más joven y diferente.
Están cerca. Muy cerca. Demasiado cerca. Uno del otro. Aislados de nosotros que nos alejamos cada vez más.

El viejo lo acaricia impunemente. Con una enorme alegría. El joven lo festeja. Sonríe. Parecen revivir unos momentos cómplices, especiales.

Cada vez están más lejos. De nuestra soledad e indiferencia. Ellos partieron de ese vagon. Dejaron sus cuerpos feos y especiales y viajan. Van a otro lugar. Donde nosotros no podemos ir. No sabemos el camino.

Ellos son felices pues lo conocen. Descubrieron el secreto. Gozan el tesoro perdido. El que nosotros olvidamos al vivir.

Padre e hijo se aman descaradamente. Sin importarles el Mundo. Sin interesarles nuestra presencia. Están llenos de amor y lo disfrutan. En ese momento. Delante de nuestra levedad. A pesar de ella.

Ellos viven otra vida. Se diferencian. Ahí, en ese viaje y vagón. Frente a nosotros, los otros.

El joven se ríe y festeja el amor de su padre. El viejo tiene unos sesenta y pico de años de dolor. Y sufrimiento. El joven: tal vez unos treinta y pico de haber nacido discapacitado. De padecer el sindrome de Down. La mutacion del par 21. De ser diferente a nosotros. Retardado mental, discapacitado motor.

Pero ser en el amor de un padre a su hijo. Ser siendo amado. Ahí, frente a nosotros. Descaradamente. Ellos, tan llenos de vida. Tanta belleza. Pura esencia. Ahí, frente a
nosotros. Tan vacíos.