Investigadores neozelandeses han realizado pruebas a 900 pasajeros aéreos de largas distancias durante un período de 6 semanas y concluyen en "The Lancet" que uno de cada cien viajeros puede desarrollar trombos sanguíneos.
Del total de participantes del estudio, se registraron 9 casos del llamado "síndrome de la clase turista" -4 de embolismo pulmonar y 5 de trombosis venosa profunda-.
Los autores, del Medical Research Institute de Nueva Zelanda, explican que el 17% de los participantes utilizó compresión en las piernas para facilitar la circulación sanguínea y el 31% tomó ácido acetilsalicílico para reducir el riesgo de trombosis, medidas que, según sus resultados, no parecen ayudar a prevenir el riesgo. Asimismo, viajar en primera clase tampoco lo disminuye, por lo que proponen dejar de utilizar el término "clase turista" y emplear el de "trombosis del viajero".