Colega ejemplar......, un recuerdo y realidad gratificante, estimulante.
Por Juan Carlos Giménez, médico
Mi padre fue empledao de la Leach’s Argentine Estate Ltd., así que de niño recibí atención médica en el “Hospital Ingenio La Esperanza”. Como en general fui sano, mis visitas a ese lugar fueron pocas pero las recuerdo con gran intensidad. Rememoro claramente la espaciosa sala de espera impecable, con los largos bancos blancos en el medio y contra la pared, los consultorios en la periferia.
Cuando debía ir; temprano mi padre sacaba el turno. Yo era muy inquieto y, mientras esperaba al médico, andaba de aquí para allá, espiaba el patio de las salas con su hermosa palmera. Mi papá elegía siempre a un doctor muy paciente y tranquilo que tenía la bondad de llamarme un buen rato hasta localizarme, luego me escuchaba y revisaba con calma. Una de esas visitas, era por un callosidad en el talón que me causaba dolor y renguera al caminar; luego de revisar con paciencia mi quizás no tan impecable piecesillo, me prescribió un remedio, recomendándome que lo retire de la farmacia y vuelva. Eso hice, pero en el camino, tanto jugué con el franquito que se cayó y sólo logré salvar un poco de líquido en su fondo, con eso en la mano me presenté al galeno esperando un formidable reto, nada de eso!; con toda naturalidad tomó el pedazo de vidrio y, mientras escuchaba mi entrecortado relato de lo ocurrido, esboza una sonrisa y procede a realizarme unas mágicas topicaciones en el talón, desapareciendo en el instante mis dolencias.
El tiempo transcurrió, completé la primaria en la escuela T. Pérez, la secundaria en la Comercial José Ingenieros. Con el sacrificio y entusiasmo de mis padres estudié medicina, realicé una residencia médica y regresé a mi pueblo: San Pedro de Jujuy. El director del Hospital Páterson, doctor Abraham me ofreció trabajo, le interesó mi curriculum, recién se iniciaban las residencias médicas en Argentina, pero más que cubra la guardia de los sábados que estaba vacía, con todos los problemas que eso significaba.
Y en el Páterson encontré, ¡20 años después!, al doctor de mi niñez, ya con el cabello más claro, los hombros caídos y ahora éramos colegas. El no recordó, ni nunca le comenté las visitas médicas de mi infancia. Seguía siendo un hombre paciente, educado, trabajador; me invitó a su servicio, ahora era Jefe del Servicio de Radiología. Nos encontrábamos bien temprano todos los días para informar radiografías y hacer estudios.
Allí comencé a conocerlo de verdad, charlábamos bastante. Me contó de sus actuales inquietudes: estudiar la magnitud, prevalencia, incidencia de la Enfermedad de Chagas Mazza en Jujuy, sus manifestaciones serológicas, parasitológicas, clínicas, electrocardiográficas, radiológicas. Me habló de la mítica MEPRA, Misión de Estudios de Patología Regional Argentina, fundada por el Dr. Salvador Mazza en Jujuy, de la que yo no tenía ni idea y que, dependiendo de la Universidad Nacional de Buenos aires funcionó en la provincia, estudiando las enfermedades infecciosas de la zona, de allí lo de Patología Regional, todo un nuevo concepto creado por Mazza y aceptado universalmente.
Me habló de los importantes trabajos de la MEPRA con la activa participación del Dr. Guillermo Páterson, médico inglés que trabajaba en el ingenio La Esperanza, iniciador de los estudios de las enfermedades tropicales en la Argentina y que, junto al sabio Miguel Lillo y otros, fundaron de la Universidad Nacional de Tucumán, que Páterson, dio la Clase Magistral de inauguración de la alta casa de estudios, para la carrera de farmacia.
Me mostraba todo un mundo de trabajo e investigación que desgraciadamente había desaparecido y que todavía sigue ausente. Me contó que estaba haciendo un criadero de vinchucas, para realizar el xenodiagnóstica y poder determinar a través de la picadura, su desarrollo en estas, la presencia del parásito en la sangre de los chagásicos; era donde antes vivían las monjitas en el hospital. Estar en su compañía fueron horas muy bien aprovechadas, tratar con el era interesantísimo. Le gustaba las enfermedades regionales, la historia de la zona, sus personajes, ¡me sentía a gusto!.
Había recorrido todos los escalafones de la salud, desde médico de sala, guardia, consultorio, lote a director de hospital, tarea esta última que lo había enfrentado con algunos colegas y personal. En fin, los cargos de responsabilidad bien cumplidos, siempre traen encontronazos.
Pero lo que me llamaba la atención era su vitalidad, deseos de hacer, investigar sin importar el tiempo trascurrido. Así supe que trajo el primer electrocardiógrafo a San Pedro sin ser cardiólogo; que realizó las primeras anestesias generales sin ser anestesista y ahora radiólogo, interesado en la Enfermedad de Chagas. ¡Pero era médico! y se comportaba como tal ante la necesidad de instrumentar un adelanto.
Y así, en el atardecer de su profesión activa, seguía firme, era un prestigioso profesional, interesado en la Patología Regional, quería retomar el camino de la MEPRA, de Mazza, Páterson, Alvarado, Romaña. Trabajó bastante con el Chagas, era un experto, llegó a ser Jefe del Programa Provincial en Jujuy, recorría toda la provincia, presentaba sus trabajos y conclusiones en congresos de la especialidad. Pero cometió un error, nunca quiso ni aceptó, residir en San Salvador de Jujuy, no anidó en la mole del Ministerio, el quería actuar sobre el terreno. Para los burócratas era una “rara avis” y, como tal, fue tratado, lo desplazaron y vino la jubilación.
Pero no se dio por vencio, siguió estudiando, investigando y, “ya mayor” hizo un doctorado en medicina en la Universidad Nacional de Tucumán. Su tesis “VIDA Y OBRA DEL DR. GUILLERMO PÁTERSON”. Con este fomidable trabajo la comunidad médica y la población en general, saldó en parte la deuda que tenemos con el Dr. Páterson, impidendo quede en el olvido.
Como era muy inquieto, presentó su segundo doctorado en medicina, ahora en la Universidad Nacional de Córdoba: “VIDA Y OBRA DEL DR. SALVADOR MAZZA” y luego vino el tercero en la Universisdad Nacional de Buenos Aires: “VIDA Y OBRA DEL DR. CARLOS ALBERTO ALVARADO”. Luego el cuarto! En la Universidad Nacional de Cuyo: “LA MEPRA Y LOS MEDICOS MENDOCINOS”. Y el quinto! En la Universidad Católica Argentina del Salvador, Buenos Aires: LA EPIDEMIA DE COLERA EN JUJUY 1.886-1.887. Todo un record digno del libro de Guinnes.
Pero lejos de darse por satisfecho sigue trabajando, entre otras cosas está esta abocado en la historia de los médicos pioneros en el norte en la lucha contra las enfermedades tropicales, en ese trabajo: “NUESTROS RASTREADORES DE PARÁSITOS”, nos cuenta de Páterson, Mazza, Jörg, Freire, Cornejo, Alvarado, Lugones, Romaña por lo que viajó a España a entrevistarse con el mismo Cecilio Romaña, que anciano ya, residía en Barcelona. Romaña junto al Dr. Miguel Eduaro Jörg, que vivía en Mar del Plata, también vinculado con él, fueron los últimos sobrevivientes de la mítica MEPRA de la primera hora, ambos ya fallecieron. La Cámara de Senadores y Diputados de Salta le publicó Vida y Obra del Dr. Carlos Alberto Alvarado y el Círculo Médico de Salta Vida y Obra del Dr. Arturo Oñativia.
Tengamos en cuenta que en Jujuy, son contados los médicos que tienen un doctorado. Pero por costumbre, todos son llamados doctor.
Su interés por rescatar el pasado, que es en definitiva nuestra personalidad, que ahora hemos perdido, no se limitó a la medicina, está interesado en la historia del Ramal, desde la colonia a nuestros días. Revisa los archivos de Tribunales, Inmuebles, del Obispado, la Legislatura y el Archivo de Indias en Sevilla, España, que visitó en su viaje. Prepara un libro sobre San pedro, hizo la historia de los Hermanos Leach: “Un tiempo que se fue”, que fue publicada también en inglés en la Gran Bretaña.
Visitarlo es una real y agradable aventura, los libros y folletos ocupan literalmente del piso al techo de su cuarto de estudio y él, siempre paciente con su moderna computadora ordena las tareas, aprendió a manejarla y se desenvuelve con admirable soltura, sus libros fueron compuestos y editados por él en la modalidad “home made”, hecho en casa.
Este ciudadano de San Pedro de Jujuy, médico, historiador, padre de familia, está cerca nuestro, no es europeo ni norteamericano, es bien argentino, hijo de inmigrantes españoles, nació en Colonia Verón en provincia de La Pampa, todo le costó desde un comienzo como a cualquiera de nosotros, no tuvo “cuna de oro”, trabaja incansablemente con alegría y optimismo. Su lema es: “En esta vida hay que tener siempre algo que hacer, algo que esperar y alguien a quien amar”.
Vive en San Pedro de Jujuy, acompañado por su esposa Esther, una nurse, recibida en la famosa escuela de la Standar Oil de Tartagal, que de años no existe. Y, a pesar de sus años se siente jóven; ¡ha encontrado la fuente de la juventud!, que es trabajar permanentemente, con entusiasmo, en algo, por algo, que en su caso significa descubrir hechos, cosas que nos muestren como se superaron obstáculos, se construyeron nuestros cimientos y así poder orientarnos correctamente hacia el futuro. Me estoy refiriendo al doctor, de verdad, Don Jobino Pedro Sierra e Iglesias, colega ejemplar y un realidad gratificante, estimulante.
Este singular colega nunca tuvo un reconocimiento formal de las organizaciones médicas, sí de la comunidad, fue declarado Ciudadano Ilustre de San Pedro, la Biblioteca Popular de La Esperanza lleva su nombre.
*IntraMed agradece al Dr. Juan Carlos Giménez el habernos aportado la semblanza del Dr. Sierra e Iglesias
Hijos de Papel: charla con Sierra e Iglesias
Jobino Pedro Sierra e Iglesias es un escritor con vasta trayectoria y muchas ganas de vivir. Se describe como un individuo que trabaja y que emplea todo el tiempo que puede a su tarea, además de actualizarse constantemente.
Sierra aprendió computación a los 70 años y aún va por más. Lleva ya una decena de libros escritos, aunque su profesión sea la de médico.
"Yo era un médico joven, hacía poco tiempo que me había recibido y me tocó reemplazar a un amigo en La Esperanza. Cuando llegué allí trabajé en el consultorio que había sido del doctor Paterson y por supuesto allí estaban todavía sus muebles y una foto suya.
Encontré en ese lugar muchos escritos de él, sus libros y también el aparato de rayos x. Entonces me interesó la vida de Paterson, que había muerto en 1946. Yo llegué a La esperanza diez años después y ya se iba perdiendo el amor a Paterson, entonces yo pensé que había que recordarlo y escribí sobre él. Yo n era escritor, pero tenía la enseñanza de mi mamá que si lo era.
Después de eso escribí sobre la vida de Massa, de Carlos Alberto Alvarado, y así un libro tras otro. Hacer un libro es como tener un hijo y cuando uno los da al mundo algunos progresan y otros no".
A pesar de haber nacido en un pueblito de La Pampa que se llama Colonia Barón, al noroeste de esa provincia, el doctor Jobino siente un gran amor por San Pedro de Jujuy y por su gente, por ello se interesa tanto por su historia.
En un momento de recreo, con una gran sonrisa en sus labios nos cuenta de sus 78 años de vida. "Estudié el primario en la escuela Bartolomé Mitre y al secundario lo hice en la escuela Normal y en el Colegio Nacional, porque en ese tiempo no se podía ingresar a la Universidad si no se era bachiller. Al título de maestro había que agregarle ocho materias para ser bachiller y recién poder ingresar a la Facultad.
Cuando intenté ingresar a la escuela Normal, habían dos cursos de primer año, uno lo cubrían los alumnos de la misma escuela que pasaban de sexto grado y el otro era un curso que se llenaba con los de La Pampa. El cupo era de treinta alumnos.
Bueno yo tuve que ir a rendir para entrar en algunos de esos treinta lugares, pero las cosas no eran tan fáciles, yo quedé número treinta y uno y no entré, pero mi mamá me inscribió en el Colegio Don Bosco. Mientras yo asistía a ese colegio los padres de los alumnos que esperaban conseguir un lugar en la Escuela Normal hicieron un telegrama a Buenos Aires para el Ministro. La cuestión es que el Ministro dio la orden de que entraran cinco alumnos más en cada curso, entonces yo pude ser alumnos de esa escuela.
Todos estos cambios me costaron dos aplazos en el primer bimestre". Según nos comentó aún conserva la libreta de calificaciones con dos 2. Asegura además que desde entonces jamás lo volvieron a aplazar.
A Don Jobino le preguntamos que haría regresar del pasado si tuviera el poder suficiente y nos dijo "Me gustaría que regrese la forma de contar la historia, el respeto por la palabra y el amor al trabajo" .
Sobre los deseos que pediría a un genio en caso de volver a nacer están "ser médico, porque la profesión me agrada y el pueblo me ha distinguido. Segundo, volvería a escribir, volvería a contar la historia para que no se pierdan las cosas, y tercero volvería a vivir en San Pedro porque me gusta y me considero un sampedreño más"
Agradecemos el material a la colega María Sol Taché
* Fuente: http://www.edenoticias.com:80/153/hijos-de-papel-charla-con-sierra-e-iglesias
Publicado el 21 de enero de 2008
Don Jobino Pedro Sierra e Iglesias
¿Ud. pensaba que ya no había ejemplos?
Nuestro lector, el Dr. Juan Carlos Giménez, médico jujeño, destaca la extraordinaria figura del Dr. Sierra e Iglesias.
Por Juan Carlos Giménez, médico
Mi padre fue empledao de la Leach’s Argentine Estate Ltd., así que de niño recibí atención médica en el “Hospital Ingenio La Esperanza”. Como en general fui sano, mis visitas a ese lugar fueron pocas pero las recuerdo con gran intensidad. Rememoro claramente la espaciosa sala de espera impecable, con los largos bancos blancos en el medio y contra la pared, los consultorios en la periferia.
Cuando debía ir; temprano mi padre sacaba el turno. Yo era muy inquieto y, mientras esperaba al médico, andaba de aquí para allá, espiaba el patio de las salas con su hermosa palmera. Mi papá elegía siempre a un doctor muy paciente y tranquilo que tenía la bondad de llamarme un buen rato hasta localizarme, luego me escuchaba y revisaba con calma. Una de esas visitas, era por un callosidad en el talón que me causaba dolor y renguera al caminar; luego de revisar con paciencia mi quizás no tan impecable piecesillo, me prescribió un remedio, recomendándome que lo retire de la farmacia y vuelva. Eso hice, pero en el camino, tanto jugué con el franquito que se cayó y sólo logré salvar un poco de líquido en su fondo, con eso en la mano me presenté al galeno esperando un formidable reto, nada de eso!; con toda naturalidad tomó el pedazo de vidrio y, mientras escuchaba mi entrecortado relato de lo ocurrido, esboza una sonrisa y procede a realizarme unas mágicas topicaciones en el talón, desapareciendo en el instante mis dolencias.
El tiempo transcurrió, completé la primaria en la escuela T. Pérez, la secundaria en la Comercial José Ingenieros. Con el sacrificio y entusiasmo de mis padres estudié medicina, realicé una residencia médica y regresé a mi pueblo: San Pedro de Jujuy. El director del Hospital Páterson, doctor Abraham me ofreció trabajo, le interesó mi curriculum, recién se iniciaban las residencias médicas en Argentina, pero más que cubra la guardia de los sábados que estaba vacía, con todos los problemas que eso significaba.
Y en el Páterson encontré, ¡20 años después!, al doctor de mi niñez, ya con el cabello más claro, los hombros caídos y ahora éramos colegas. El no recordó, ni nunca le comenté las visitas médicas de mi infancia. Seguía siendo un hombre paciente, educado, trabajador; me invitó a su servicio, ahora era Jefe del Servicio de Radiología. Nos encontrábamos bien temprano todos los días para informar radiografías y hacer estudios.
Allí comencé a conocerlo de verdad, charlábamos bastante. Me contó de sus actuales inquietudes: estudiar la magnitud, prevalencia, incidencia de la Enfermedad de Chagas Mazza en Jujuy, sus manifestaciones serológicas, parasitológicas, clínicas, electrocardiográficas, radiológicas. Me habló de la mítica MEPRA, Misión de Estudios de Patología Regional Argentina, fundada por el Dr. Salvador Mazza en Jujuy, de la que yo no tenía ni idea y que, dependiendo de la Universidad Nacional de Buenos aires funcionó en la provincia, estudiando las enfermedades infecciosas de la zona, de allí lo de Patología Regional, todo un nuevo concepto creado por Mazza y aceptado universalmente.
Me habló de los importantes trabajos de la MEPRA con la activa participación del Dr. Guillermo Páterson, médico inglés que trabajaba en el ingenio La Esperanza, iniciador de los estudios de las enfermedades tropicales en la Argentina y que, junto al sabio Miguel Lillo y otros, fundaron de la Universidad Nacional de Tucumán, que Páterson, dio la Clase Magistral de inauguración de la alta casa de estudios, para la carrera de farmacia.
Me mostraba todo un mundo de trabajo e investigación que desgraciadamente había desaparecido y que todavía sigue ausente. Me contó que estaba haciendo un criadero de vinchucas, para realizar el xenodiagnóstica y poder determinar a través de la picadura, su desarrollo en estas, la presencia del parásito en la sangre de los chagásicos; era donde antes vivían las monjitas en el hospital. Estar en su compañía fueron horas muy bien aprovechadas, tratar con el era interesantísimo. Le gustaba las enfermedades regionales, la historia de la zona, sus personajes, ¡me sentía a gusto!.
Había recorrido todos los escalafones de la salud, desde médico de sala, guardia, consultorio, lote a director de hospital, tarea esta última que lo había enfrentado con algunos colegas y personal. En fin, los cargos de responsabilidad bien cumplidos, siempre traen encontronazos.
Pero lo que me llamaba la atención era su vitalidad, deseos de hacer, investigar sin importar el tiempo trascurrido. Así supe que trajo el primer electrocardiógrafo a San Pedro sin ser cardiólogo; que realizó las primeras anestesias generales sin ser anestesista y ahora radiólogo, interesado en la Enfermedad de Chagas. ¡Pero era médico! y se comportaba como tal ante la necesidad de instrumentar un adelanto.
Y así, en el atardecer de su profesión activa, seguía firme, era un prestigioso profesional, interesado en la Patología Regional, quería retomar el camino de la MEPRA, de Mazza, Páterson, Alvarado, Romaña. Trabajó bastante con el Chagas, era un experto, llegó a ser Jefe del Programa Provincial en Jujuy, recorría toda la provincia, presentaba sus trabajos y conclusiones en congresos de la especialidad. Pero cometió un error, nunca quiso ni aceptó, residir en San Salvador de Jujuy, no anidó en la mole del Ministerio, el quería actuar sobre el terreno. Para los burócratas era una “rara avis” y, como tal, fue tratado, lo desplazaron y vino la jubilación.
Pero no se dio por vencio, siguió estudiando, investigando y, “ya mayor” hizo un doctorado en medicina en la Universidad Nacional de Tucumán. Su tesis “VIDA Y OBRA DEL DR. GUILLERMO PÁTERSON”. Con este fomidable trabajo la comunidad médica y la población en general, saldó en parte la deuda que tenemos con el Dr. Páterson, impidendo quede en el olvido.
Como era muy inquieto, presentó su segundo doctorado en medicina, ahora en la Universidad Nacional de Córdoba: “VIDA Y OBRA DEL DR. SALVADOR MAZZA” y luego vino el tercero en la Universisdad Nacional de Buenos Aires: “VIDA Y OBRA DEL DR. CARLOS ALBERTO ALVARADO”. Luego el cuarto! En la Universidad Nacional de Cuyo: “LA MEPRA Y LOS MEDICOS MENDOCINOS”. Y el quinto! En la Universidad Católica Argentina del Salvador, Buenos Aires: LA EPIDEMIA DE COLERA EN JUJUY 1.886-1.887. Todo un record digno del libro de Guinnes.
Pero lejos de darse por satisfecho sigue trabajando, entre otras cosas está esta abocado en la historia de los médicos pioneros en el norte en la lucha contra las enfermedades tropicales, en ese trabajo: “NUESTROS RASTREADORES DE PARÁSITOS”, nos cuenta de Páterson, Mazza, Jörg, Freire, Cornejo, Alvarado, Lugones, Romaña por lo que viajó a España a entrevistarse con el mismo Cecilio Romaña, que anciano ya, residía en Barcelona. Romaña junto al Dr. Miguel Eduaro Jörg, que vivía en Mar del Plata, también vinculado con él, fueron los últimos sobrevivientes de la mítica MEPRA de la primera hora, ambos ya fallecieron. La Cámara de Senadores y Diputados de Salta le publicó Vida y Obra del Dr. Carlos Alberto Alvarado y el Círculo Médico de Salta Vida y Obra del Dr. Arturo Oñativia.
Tengamos en cuenta que en Jujuy, son contados los médicos que tienen un doctorado. Pero por costumbre, todos son llamados doctor.
Su interés por rescatar el pasado, que es en definitiva nuestra personalidad, que ahora hemos perdido, no se limitó a la medicina, está interesado en la historia del Ramal, desde la colonia a nuestros días. Revisa los archivos de Tribunales, Inmuebles, del Obispado, la Legislatura y el Archivo de Indias en Sevilla, España, que visitó en su viaje. Prepara un libro sobre San pedro, hizo la historia de los Hermanos Leach: “Un tiempo que se fue”, que fue publicada también en inglés en la Gran Bretaña.
Visitarlo es una real y agradable aventura, los libros y folletos ocupan literalmente del piso al techo de su cuarto de estudio y él, siempre paciente con su moderna computadora ordena las tareas, aprendió a manejarla y se desenvuelve con admirable soltura, sus libros fueron compuestos y editados por él en la modalidad “home made”, hecho en casa.
Este ciudadano de San Pedro de Jujuy, médico, historiador, padre de familia, está cerca nuestro, no es europeo ni norteamericano, es bien argentino, hijo de inmigrantes españoles, nació en Colonia Verón en provincia de La Pampa, todo le costó desde un comienzo como a cualquiera de nosotros, no tuvo “cuna de oro”, trabaja incansablemente con alegría y optimismo. Su lema es: “En esta vida hay que tener siempre algo que hacer, algo que esperar y alguien a quien amar”.
Vive en San Pedro de Jujuy, acompañado por su esposa Esther, una nurse, recibida en la famosa escuela de la Standar Oil de Tartagal, que de años no existe. Y, a pesar de sus años se siente jóven; ¡ha encontrado la fuente de la juventud!, que es trabajar permanentemente, con entusiasmo, en algo, por algo, que en su caso significa descubrir hechos, cosas que nos muestren como se superaron obstáculos, se construyeron nuestros cimientos y así poder orientarnos correctamente hacia el futuro. Me estoy refiriendo al doctor, de verdad, Don Jobino Pedro Sierra e Iglesias, colega ejemplar y un realidad gratificante, estimulante.
Este singular colega nunca tuvo un reconocimiento formal de las organizaciones médicas, sí de la comunidad, fue declarado Ciudadano Ilustre de San Pedro, la Biblioteca Popular de La Esperanza lleva su nombre.
*IntraMed agradece al Dr. Juan Carlos Giménez el habernos aportado la semblanza del Dr. Sierra e Iglesias
Jobino Pedro Sierra e Iglesias es un escritor con vasta trayectoria y muchas ganas de vivir. Se describe como un individuo que trabaja y que emplea todo el tiempo que puede a su tarea, además de actualizarse constantemente.
Sierra aprendió computación a los 70 años y aún va por más. Lleva ya una decena de libros escritos, aunque su profesión sea la de médico.
"Yo era un médico joven, hacía poco tiempo que me había recibido y me tocó reemplazar a un amigo en La Esperanza. Cuando llegué allí trabajé en el consultorio que había sido del doctor Paterson y por supuesto allí estaban todavía sus muebles y una foto suya.
Encontré en ese lugar muchos escritos de él, sus libros y también el aparato de rayos x. Entonces me interesó la vida de Paterson, que había muerto en 1946. Yo llegué a La esperanza diez años después y ya se iba perdiendo el amor a Paterson, entonces yo pensé que había que recordarlo y escribí sobre él. Yo n era escritor, pero tenía la enseñanza de mi mamá que si lo era.
Después de eso escribí sobre la vida de Massa, de Carlos Alberto Alvarado, y así un libro tras otro. Hacer un libro es como tener un hijo y cuando uno los da al mundo algunos progresan y otros no".
A pesar de haber nacido en un pueblito de La Pampa que se llama Colonia Barón, al noroeste de esa provincia, el doctor Jobino siente un gran amor por San Pedro de Jujuy y por su gente, por ello se interesa tanto por su historia.
En un momento de recreo, con una gran sonrisa en sus labios nos cuenta de sus 78 años de vida. "Estudié el primario en la escuela Bartolomé Mitre y al secundario lo hice en la escuela Normal y en el Colegio Nacional, porque en ese tiempo no se podía ingresar a la Universidad si no se era bachiller. Al título de maestro había que agregarle ocho materias para ser bachiller y recién poder ingresar a la Facultad.
Cuando intenté ingresar a la escuela Normal, habían dos cursos de primer año, uno lo cubrían los alumnos de la misma escuela que pasaban de sexto grado y el otro era un curso que se llenaba con los de La Pampa. El cupo era de treinta alumnos.
Bueno yo tuve que ir a rendir para entrar en algunos de esos treinta lugares, pero las cosas no eran tan fáciles, yo quedé número treinta y uno y no entré, pero mi mamá me inscribió en el Colegio Don Bosco. Mientras yo asistía a ese colegio los padres de los alumnos que esperaban conseguir un lugar en la Escuela Normal hicieron un telegrama a Buenos Aires para el Ministro. La cuestión es que el Ministro dio la orden de que entraran cinco alumnos más en cada curso, entonces yo pude ser alumnos de esa escuela.
Todos estos cambios me costaron dos aplazos en el primer bimestre". Según nos comentó aún conserva la libreta de calificaciones con dos 2. Asegura además que desde entonces jamás lo volvieron a aplazar.
A Don Jobino le preguntamos que haría regresar del pasado si tuviera el poder suficiente y nos dijo "Me gustaría que regrese la forma de contar la historia, el respeto por la palabra y el amor al trabajo" .
Sobre los deseos que pediría a un genio en caso de volver a nacer están "ser médico, porque la profesión me agrada y el pueblo me ha distinguido. Segundo, volvería a escribir, volvería a contar la historia para que no se pierdan las cosas, y tercero volvería a vivir en San Pedro porque me gusta y me considero un sampedreño más"
Agradecemos el material a la colega María Sol Taché
* Fuente: http://www.edenoticias.com:80/153/hijos-de-papel-charla-con-sierra-e-iglesias