El riesgo anual de sufrir este síndrome, que puede afectar por igual a los viajeros de primera clase o de turista, aumenta un 12% en las personas que realizan un vuelo de larga duración al año, según una investigación.
Según los datos de las hospitalizaciones por trombosis venosa profunda en Australia occidental en el período de 1981 a 1999, cada año se registraron 5 fallecimientos por embolia pulmonar tras un vuelo de largo recorrido, lo que supone una mortalidad de una persona de cada 2 millones de viajeros. Sin embargo, "este riesgo es muy débil en comparación con los accidentes de tráfico o laborales", explican los autores del estudio.
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