Los pacientes con fiebre persistente y neutropenia frecuentemente reciben tratamientos empíricos con anfotericina B convencional o liposomal para la prevención y tratamiento temprano de infecciones invasivas fúngicas. La caspofungina, puede ser una alternativa efectiva, mejor tolerada que la anfotericina B.
Métodos
En este ensayo clínico aleatorio, doble-ciego y multinacional, hemos analizado la eficacia y seguridad de caspofungina en comparación con la anfotericina B liposomal para el tratamiento empírico antifúngico. En los registros del estudio, los pacientes fueron estratificados de acuerdo con el factor de riesgo y dependiendo de sí habían recibido previamente protección antifúngica o no.
Un resultado exitoso fue definido por el cumplimiento de todos los componentes de un objetivo compuesto por cinco partes.
Resultados:
Se evaluó la eficacia en 1.095 pacientes (556 recibieron caspofungina y 539 recibieron anfotericina B liposomal). Luego de acomodar a los pacientes por estratos, las tasas generales de éxito fueron 33,9% para caspofungina y 33,7% para la anfotericina B liposomal (95,2% intervalo de confianza por la diferencia, -5,6 a 6,0 por ciento), alcanzando los criterios estadísticos de la no- inferioridad de la caspofungina.
Entre los pacientes con infecciones fúngicas de base, una proporción más alta de los tratados con caspofungina tuvieron un resultado exitoso (51,9% vs. 25,9%, P=0,04). La proporción de pacientes que sobrevivieron al menos sietes días después del tratamiento, fue mayor en el grupo de la caspofungina (92,6% vs. 89,2%, P=0,05). En estudios prematuros, hubo discontinuidades menos seguidas en el grupo de caspofungina que en el grupo de anfotericina B (10,3% vs. 14,5%, P=0,03). Las tasas de aparición de infecciones fúngicas y de alivio de la fiebre durante la neutropenia fueron similares en ambos grupos.
De los pacientes que recibieron caspofungina, fueron pocos los que presentaron un efecto de nefrotoxicidad (2,6% vs. 11,5%, P<0,001), un evento relacionado con la infusión (35,1% vs. 51,6 %, P<0,001), o un efecto adverso relacionado a la droga o un tratamiento discontinuado por los efectos adversos de la droga.
Conclusiones:
La caspofungina es tan efectivo como la anfotericina B liposomal y es generalmente mejor tolerado, cuando se lo utiliza como tratamiento empírico antifúngico en pacientes con fiebre persistente y neutropenia.
Publicado el 21 de junio de 2005
Comparación entre dos drogas antifúngicas
Tratamiento empírico antifúngico en pacientes con fiebre persistente y neutropenia
La caspofungina es tan efectiva como la anfotericina B liposomal y es generalmente mejor tolerado, en estos casos.
Autor/a: Dres. Walsh TJ, Teppler H, Donowitz GR, Maertens JA.
Fuente: N Engl J Med. 2004 Sep 30;351(14):1391-402.
Los pacientes con fiebre persistente y neutropenia frecuentemente reciben tratamientos empíricos con anfotericina B convencional o liposomal para la prevención y tratamiento temprano de infecciones invasivas fúngicas. La caspofungina, puede ser una alternativa efectiva, mejor tolerada que la anfotericina B.
Métodos
En este ensayo clínico aleatorio, doble-ciego y multinacional, hemos analizado la eficacia y seguridad de caspofungina en comparación con la anfotericina B liposomal para el tratamiento empírico antifúngico. En los registros del estudio, los pacientes fueron estratificados de acuerdo con el factor de riesgo y dependiendo de sí habían recibido previamente protección antifúngica o no.
Un resultado exitoso fue definido por el cumplimiento de todos los componentes de un objetivo compuesto por cinco partes.
Resultados:
Se evaluó la eficacia en 1.095 pacientes (556 recibieron caspofungina y 539 recibieron anfotericina B liposomal). Luego de acomodar a los pacientes por estratos, las tasas generales de éxito fueron 33,9% para caspofungina y 33,7% para la anfotericina B liposomal (95,2% intervalo de confianza por la diferencia, -5,6 a 6,0 por ciento), alcanzando los criterios estadísticos de la no- inferioridad de la caspofungina.
Entre los pacientes con infecciones fúngicas de base, una proporción más alta de los tratados con caspofungina tuvieron un resultado exitoso (51,9% vs. 25,9%, P=0,04). La proporción de pacientes que sobrevivieron al menos sietes días después del tratamiento, fue mayor en el grupo de la caspofungina (92,6% vs. 89,2%, P=0,05). En estudios prematuros, hubo discontinuidades menos seguidas en el grupo de caspofungina que en el grupo de anfotericina B (10,3% vs. 14,5%, P=0,03). Las tasas de aparición de infecciones fúngicas y de alivio de la fiebre durante la neutropenia fueron similares en ambos grupos.
De los pacientes que recibieron caspofungina, fueron pocos los que presentaron un efecto de nefrotoxicidad (2,6% vs. 11,5%, P<0,001), un evento relacionado con la infusión (35,1% vs. 51,6 %, P<0,001), o un efecto adverso relacionado a la droga o un tratamiento discontinuado por los efectos adversos de la droga.
Conclusiones:
La caspofungina es tan efectivo como la anfotericina B liposomal y es generalmente mejor tolerado, cuando se lo utiliza como tratamiento empírico antifúngico en pacientes con fiebre persistente y neutropenia.