Los autores de esta prolija revisión comunican que el estudio de la etiología del transexualismo se ha organizado en torno a dos tendencias: algunos lo consideran como manifestación de trastornos psíquicos subyacentes; para otros el transexualismo puede desarrollarse en ausencia de psicopatología, y los problemas de adaptación generados por el trastorno de identidad de género podrían llevar a un trastorno psicopatológico secundario. Los autores entienden que la investigación del psiquismo mediante el Rorschach puede echar luz sobre esta controversia. Para ello efectuaron una cuidadosa y exhaustiva revisión de la literatura al respecto.
Murray (1985) aparece como el primer autor que haya comparado un grupo de transexuales con un grupo de sujetos borderline, y un tercer grupo de estudiantes no consultantes. Empleó diversos instrumentos para evaluar los criterios de la organización borderline: la manifestación de los procesos primarios, las relaciones de objeto, la adecuación de la percepción, los trastornos del pensamiento. Desarrolló una escala semántica que permite apreciar la masculinidad-feminidad. La comparación de los grupos le mostró que los transexuales tienen, como los sujetos borderline, un contacto particular con la realidad, sufren importantes trastornos del pensamiento, ostentan una marcada agresividad y perturbaciones en sus relaciones de objeto. Concluye que el transexualismo manifiesta un trastorno de tipo borderline. No obstante, dificultades metodológicas no le permitieron discriminar entre condiciones de estrés y dificultades psicológicas en estos dos grupos.
Una década después e inspirándose en Murray, Wilchesky (1995) intentaba controlar los factores estresantes vinculados al contexto médico-quirúrgico que enfrentan los transexuales. No constata mayores dificultades adaptativas en los transexuales que en otros sujetos sometidos a condiciones quirúrgicas de tipo genital. Bajo esas condiciones podría pensarse que los resultados de Murray expresarían dificultades situacionales y no características psicológicas fundamentales del transexual.
En 1997 Caron y Archer comparan normas de transexuales con las respectivas de adultos no consultantes, individuos que presentan trastornos del carácter y esquizofrénicos. Constatan en los transexuales las siguientes perturbaciones: trastornos del pensamiento, relación perturbada con la realidad, disminución o aumento del índice de egocentricidad, debilitamiento de la capacidad de control y de tolerancia al estrés, marcada impulsividad, elementos depresivos, falta de control emocional, perturbación de los contactos interpersonales, y síndrome de Blanco-Nieve. Este perfil se diferencia de los sujetos normales y de los esquizofrénicos, se asemeja al de los sujetos que presentan trastornos del carácter.
Perturbaciones asociadas al transexualismo. Los autores encuentran que la mayor parte de los restantes estudios efectuados a partir del Rorschach se centran sobre ciertas particularidades del funcionamiento de los transexuales sin intentar ligarlos a algún diagnóstico psicopatológico global. Seguidamente analizan en detalle cada una de las características halladas con mayor frecuencia:
1. Particularidades del contacto con la realidad. En un trabajo de Mormont et al. de 1995 encuentran los autores un análisis de las perturbaciones del contacto con la realidad de los sujetos transexuales: se apegan al estímulo al que atribuyen un valor concreto y objetivo; la interpretación cede a favor de la percepción, la actividad de simbolización es escasa con primacía de soluciones en el plano de lo real, ilustrado en quienes quieren resolver sus problemas de identidad de género en lo real y a pesar de lo real. Comparan este funcionamiento psíquico con el de la anoréxica que no se resigna a la realidad de su cuerpo. El Rorschach muestra que su contacto con la realidad de la anoréxica es análogo al del transexual. En ambas poblaciones la calidad de la mediación cognitiva, el control del pensamiento y la adaptación cognitiva a situaciones simples son similares. Otra particularidad en común es que están simultáneamente fascinados por un detalle de la realidad concreta de su físico y por una imagen que pertenece al orden del deseo.
2. Particularidades del pensamiento. La presencia de distorsiones cognitivo perceptuales hace decir a Mormont et al. que pese a no plantearse el diagnóstico de psicosis, los trastornos del pensamiento sugieren considerar la eventualidad de tal patología; y que la presencia de una personalidad de tipo borderline daría cuenta de la coexistencia de una parte psicótica y una parte no psicótica que preservaría al individuo de la invasión psicótica masiva y franca.
3. Manifestaciones de un trastorno extremo de la identidad sexual. En su revisión los autores hallan que algunos investigadores se circunscribieron a las respuestas sexuales provistas por el Rorschach. En 1985 Kindynis et al. hallaron que las imagos paternas remiten a una imagen de autoridad superyoica (imagen paterna o madre omnipotente) sumamente ansiógena y desvalorizada y que despierta hostilidad. A la vez una nítida peyoración de la imagen viril, presentada como castrada o pasiva. Por el contrario, las imagos maternas se presentan por lo general fuertes, fálicas, incluso castradoras. La evocación del cuerpo sexuado los confronta con el rechazo del sexo anatómico, a sus dificultades ante la bisexualidad psíquica y a la realidad de la diferencia de los sexos.
Otros investigadores intentaron descifrar cómo llega a elaborarse la demanda transexual, dado que el sexo anatómico es en ocasiones valorizado, sobreestimado, en tanto que dotan al sexo que reivindican de atributos displacenteros, poco interesantes. Resuelven esta paradoja planteando la hipótesis que la angustia de castración sólo podría dominarse con la búsqueda activa de esa misma castración. Al ejecutarla desaparece la amenaza y por tanto la angustia. El sujeto deja de estar expuesto pasivamente a la amenaza de un peligro inminente, lo cual en sí mismo engendra un alivio mayor, y hasta placer (Mormont & Michel, 1994). En otro estudio de 2001 estos mismos autores analizan el síndrome de Blanco-Nieve que caracteriza un modo de refugiarse en un mundo imaginario y evitar responsabilidades y toma de decisiones. Hallan que más de un tercio de los candidatos al cambio de sexo quirúrgico presenta tal funcionamiento.
4. Perturbación en la imagen de sí. Algunos estudios centrados en la imagen de sí no constatan mayores perturbaciones, y concluyen que no sería éste el móvil de la demanda de cambio de sexo. En cambio hallan en los candidatos a la cirugía una débil estima de sí. También, una perturbación de la búsqueda de contactos interpersonales.
5. Trastornos del pensamiento, de la relación con la realidad y de la autoimagen. En 1999 Cohen et al. comparan adolescentes transexuales que solicitan cambio de sexo, con adolescentes que consultan servicios de psiquiatría y estudiantes no consultantes. Hallan que ni las distorsiones perceptivas ni las del pensamiento pueden ser consideradas como factor de desarrollo del transexualismo. Tampoco resultaría de una imagen de sí negativa. Concluyen que los adolescentes transexuales no presentan una patología psiquiátrica más grave que el grupo consultante aunque muestran perturbaciones mayores en algunos aspectos que la población normal, especialmente respecto de la calidad de la percepción.
Artículo traducido y comentado por la Lic. Alicia Kasulin, editora responsable de Intramed en el área de psiquiatría, psicología y salud mental.