Hasta la introducción de la vacuna a finales de los años cuarenta, esta enfermedad era una de las principales causas de muerte, sobre todo en lactantes y niño pequeños. Gracias a la vacuna, que se administra conjuntamente con la del tétanos y la de la difteria, las tasas de incidencia y mortalidad han disminuido dramáticamente en el mundo occidental.
En el caso de las muertes registradas en Estados Unidos en el 2000, se trataba de niños que enfermaron antes de cumplir los 4 meses de edad, demasiado jóvenes para haber recibido las tres dosis de la vacuna DTP.
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