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/ Publicado el 25 de diciembre de 2006

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¿Todos seremos cyborgs algún día?

Eso cree el científico Kevin Warwick

READING, Inglaterra (The New York Times).- En Casino Royale , la nueva película de James Bond, al agente 007 le implantan un microchip que permite controlar su ubicación y sus signos vitales. Si un experto británico en cibernética está en lo cierto, ese día llegará. Sin embargo, los chips de la vida real harán mucho más de lo que Bond hace en la película.

Kevin Warwick, profesor de cibernética de la Universidad de Reading, tiene información de primera mano. En 1998, le implantaron un chip informático en el brazo izquierdo. Luego, le conectaron un chip más sofisticado a su sistema nervioso. Ahora, trabaja en lo que será su mayor experimento: que le implanten un chip en el cerebro. "Quiero convertirme en un cyborg -dijo-. Tiene sus ventajas". Un cyborg , explica, es una mezcla de hombre y de máquina.

Warwick (de 52 años) preside el laboratorio de aparatos autonómicos móviles (MAD, por sus siglas en inglés) de la universidad. Allí, cables y partes de máquinas ocupan los bancos de trabajo. En el suelo, dos robots del tamaño de automóviles a escala compiten por cartografiar su ambiente y aprenden a no tropezar con los objetos. Sin embargo, los experimentos más osados de Warwick fueron sobre sí mismo. En 1998, la BBC filmó a un grupo de médicos mientras le implantaban una delgada cápsula en el brazo izquierdo que le anunciaba la presencia de Warwick a otras computadoras para abrirle las puertas de la oficina o saludarlo e informarle cuántos mensajes de correo electrónico tenía. El chip está expuesto en el Museo de Ciencia de Londres.

En 2002, un grupo de médicos le colocó en la muñeca izquierda un aparato más pequeño. Durante tres meses, cien electrodos conectaron su sistema nervioso con una computadora. "Movía la mano y mis señales neuronales abrían y cerraban la mano de un robot a través de Internet", dijo. Los sensores de la mano robótica les enviaban datos a Warwick.

Esos resultados serán importantes para la medicina. Según el experto, el uso de microchips permitiría que las personas paralizadas recuperaran cierto movimiento o que los pacientes con Parkinson pudieran percibir la aparición de los temblores y detenerlos. Pero el mayor experimento de Warwick dentro de siete u ocho años será que le implanten un chip en el cerebro para probar la comunicación a través del pensamiento. "Eticamente, la tecnología está ahí -afirmó-. Sólo muestro lo que puede hacer."