Noticias médicas

/ Publicado el 30 de septiembre de 2005

Hoy se inicia la sexta campaña de prevención

Todos los años se registran en el país 500 nuevos casos de lepra

Según los especialistas, una cantidad aún mayor queda sin diagnosticar

Tan remota como la historia del mundo, la lepra sigue siendo hoy un mal del que preocuparse y que no distingue pertenencia socioeconómica. Cada año, en nuestro país se identifican unos 500 nuevos enfermos y una cantidad sin determinar pasa inadvertida hasta para el ojo clínico.

"Si bien con los tratamientos actuales disminuyó considerablemente la cantidad de enfermos tanto a nivel nacional como mundial, no se ha podido interrumpir la aparición de casos nuevos. En realidad, si se da una mirada retrospectiva en el país a los últimos 10 años, se comprueba que la cantidad de casos nuevos por año no se ha modificado y que oscila entre los 400 y los 500", explicó a LA NACION la doctora Liliana Olivares, jefa de la Sección Lepra del Hospital de Infecciosas Francisco Muñiz.

Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, Misiones, Salta, Santiago del Estero, Santa Fe y Tucumán son las provincias de mayor riesgo, según datos del Ministerio de Salud. Por su proximidad con Brasil, donde según la Organización Mundial de la Salud en 2004 se detectaron 49.384 casos, el nordeste argentino presenta la mayor prevalencia de la lepra o enfermedad de Hansen: entre 1 y 3 personas por cada 10.000 habitantes.

"Nuestro país está en una situación epidemiológica mucho más favorable que Brasil, que junto con la India son dos de los nueve países del mundo donde la lepra sigue siendo un problema grave de salud pública", agregó la doctora Olivares, directora de la Sexta Campaña Nacional de Educación y Prevención de la Lepra, que hoy comienza la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) en todo el país (Informes: www.sad.org.ar/lepra o (011) 4814-4915).

Según la entidad científica, en la Argentina reciben tratamiento 882 pacientes. Pero esto, afirma la SAD, no significa que no haya más enfermos en el país, sino que hay muchos que no se detectan. Según sea la forma en que se desarrolla, esta enfermedad afecta más a hombres o a mujeres. Se estima que la lepra grave o lepromatosa es dos veces más frecuente entre los varones. En cambio, la forma más leve o tuberculoide es igual de frecuente en ambos sexos.

Si bien es difícil para la SAD determinar la población enferma sin diagnóstico, un hecho real es que a pesar de haber cada vez menos enfermos, sigue habiendo la misma cantidad de casos nuevos -opinó Olivares-. "Esto quiere decir que la cadena de transmisión de la enfermedad aún no se interrumpió."

Primeras señales

Los primeros indicios de que el sistema inmunológico no pudo luchar contra el contagio del microbio responsable de la lepra, el Mycobacterium leprae, son manchas cutáneas persistentes con una característica inconfundible: la pérdida de la sensibilidad, la transpiración y el vello. Además de la piel, la infección puede dañar los nervios periféricos (los que están fuera de la médula y el cerebro), la mucosa de la nariz, los ojos y, en los varones, los testículos.

En esa falla inmunológica no influye la condición socioeconómica: "El paciente puede provenir tanto de un sector necesitado como de un sector acomodado -afirmó la dermatóloga-. La lepra es una enfermedad infecciosa y, como tal, los factores socioeconómicos, como la desnutrición o el hacinamiento, entre otros, pueden ejercer alguna influencia. Pero también tiene un sustrato inmunológico, por lo que [su contagio] no dependerá sólo de la exposición a la bacteria, sino también de la capacidad de respuesta que tenga la persona expuesta."

En la Argentina, la lepra afecta más a los adultos, aunque en los chicos la vulnerabilidad es mayor. "El largo período de incubación y su comienzo insidioso favorecen que la enfermedad se manifieste en el adulto joven -agregó-. Pero aunque es infecciosa, es poco contagiosa."

Para que se produzca el contagio, la persona enferma debe eliminar bacilos (al hablar o estornudar) y el sistema inmune de la persona sana expuesta, no poder defenderse. Pero según la doctora Olivares, no todos los pacientes eliminan bacilos, y con el tratamiento todos se negativizan, es decir, que la enfermedad pierde la capacidad de contagio.

La demora en acudir al médico generalmente se debe a que el propio enfermo no advierte la lesión. Normalmente se acude al médico cuando hay dolor. En el caso de la lepra, ocurre lo contrario: el paciente no tiene sensibilidad en alguna zona de la piel.

Tratamiento gratuito

Como la tuberculosis y la sífilis, la lepra es considerada una enfermedad social. Como tal, la medicación para su tratamiento es completamente gratuita y la entrega está a cargo del Programa Nacional de Lucha contra la Lepra.

Otra característica a favor del tratamiento de esta enfermedad es que es ambulatorio y dura entre 6 y 24 meses, según cada paciente. La terapia incluye la combinación de una toma diaria y una mensual de dos o tres fármacos, según la gravedad de la enfermedad.

Para reducir las secuelas de la enfermedad, su detección temprana es la mejor aliada del paciente, ya que esto reduce las posibilidades de desarrollar lesiones en la piel, en especial de las manos y los pies, que produce la pérdida progresiva de la sensibilidad. "La mejor prevención es el tratamiento. La persona con lepra debe y puede llevar una vida normal -enfatizó la doctora Olivares-. Y es el dermatólogo el especialista más capacitado para su diagnóstico."

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

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