Aunque la administración de testosterona para combatir los efectos del envejecimiento en varones sigue en debate, un nuevo estudio holandés pone en duda que haya ventajas notorias asociadas con la suplementación mediante esa hormona sexual.
La investigación, efectuada por un equipo del Centro Médico de la Universidad de Utretch, no encontró beneficios netos en el desempeño funcional y cognitivo de 203 varones que finalizaron la prueba, en la que fueron tratados con dicha sustancia y comparados con un grupo de control.
“Durante la evaluación, la masa corporal magra aumentó y la masa de grasa se redujo en el grupo que recibió la testosterona, pero esos factores no fueron acompañados por un incremento en la movilidad funcional o la fuerza muscular”, argumentan los autores, liderados por Marielle H. Emmelot-Vonk.
El reporte, publicado en la edición de enero de 2008 del Journal of American Medical Association, refiere que la evaluación fue hecha mediante pruebas aleatorias y controladas con placebo (sustancia sin efectos medicinales que sirve como referente).
Los responsables del trabajo tampoco observaron cambios en la función cognitiva ni en la densidad ósea de los participantes que recibieron el suplemento, todos ellos varones de entre 60 y 80 años de edad, quienes recibieron durante medio año una dosis de 80 miligramos de undecanoato de testosterona dos veces al día, o bien la misma cantidad de placebo.
“Los hallazgos no apoyan un beneficio neto en diversos indicadores de salud y desempeño funcional y cognitivo tras seis meses de modesta suplementación con testosterona en hombres sanos con niveles sanguíneos de esa hormona en su rango más bajo”, escriben los galenos.
Hasta ahora los pocos estudios en ese sentido han sido hechos sobre todo con animales y escasamente en seres humanos, con resultados contradictorios que están lejos de ser definitivos.
Algunos plantean la necesidad de administrar a varones ancianos terapias de remplazo hormonal —similares a las que reciben las mujeres tras el climaterio— para mejorar su calidad de vida, mientras otros niegan incluso que exista la llamada “andropausia”, es decir, un equivalente masculino al cese del ciclo menstrual.
La “andropausia” y su manejo, a debate
Un ejemplo en favor es el profesor Fred Wu, del Departamento de Endocrinología del Hospital Real de Manchester, quien inició en 2005 un proyecto con 260 hombres mayores de 65 años para determinar el impacto de la testosterona.
“Los niveles de esta hormona masculina decaen en 1% aproximadamente cada año en los varones mayores de 40 años, lo que conduce a decrementos en la fuerza y tamaño de los músculos, así como al aumento en la grasa corporal y adelgazamiento de huesos”, expresó.
El equipo de Wu, que aún no revela sus conclusiones, mostró su esperanza de que, en caso de ser efectivo, el tratamiento fuera adoptado en Inglaterra como estándar para el tratamiento de los cambios asociados con el envejecimiento varonil.
Estos cambios incluyen también declive del interés sexual, fatiga, problemas de movilidad, sensación de debilitamiento y depresión. Por ello, la Organización Mundial de Salud ha reconocido la “urgente necesidad” de difundir información acerca del proceso normal de envejecimiento y promover que éste sea activo y positivo.
“Tests efectuados en hombres maduros y sanos sugieren que el remplazo de testosterona podría ayudar a revertir esos síntomas en los más ancianos y débiles”, expresó Wu en una afirmación que ha quedado en entre dicho a la luz de los hallazgos del equipo holandés.
Más aún: dos estudios realizados por la Clínica Mayo en EU en 2007 postularon que existe poca evidencia de que administrar testosterona suplementaria sea una acción libre de riesgos cardiovasculares o efectiva para tratar problemas sexuales.
En artículos difundidos por la revista Mayo Clinic Proceedings, el investigador Victor M. Montori pidió efectuar estudios más amplios para ayudar a los médicos y pacientes a tomar decisiones informadas acerca de cuándo deben prescribirse suplementos con esa hormona.
“La evidencia sobre si los hombres mejoran al ser tratados con testosterona es mucho más débil que la evidencia sobre dar estrógeno a las mujeres postmenopáusicas antes de que se realizaran los grandes ensayos clínicos con ellas”, consideró.
En México, donde en el año 2000 existían 3.2 millones de varones mayores de 65 años (INEGI), tampoco hay consenso sobre la conveniencia de aplicar terapias con testosterona.
De hecho, expertos como el doctor Fernando Ugarte, ex presidente de la Sociedad Mexicana de Urología, piden actuar con cautela y considerar a la “andropausia” más como una invención destinada a fortalecer las ventas de las compañías farmacéuticas que como entidad real.