Noticias médicas

Publicado el 2 de octubre de 2008

“European Heart Journal”

Terapia hormonal sustitutiva y riesgo cardíaco

Un estudio danés concluye que la edad de la paciente, el tipo de tratamiento y la vía de administración influyen sobre las probabilidades de experimentar un infarto de miocardio.

La edad, el tipo de tratamiento hormonal sustitutivo (THS) y la vía de administración influyen sobre el riesgo de experimentar un infarto de miocardio al que están expuestas las mujeres posmenopáusicas que siguen estas terapias, según un estudio del Rigshospitalet, de Copenhague (Dinamarca), que se publica en el “European Heart Journal”.

El estudio es el más amplio que ha estudiado los efectos de la THS desde que se detuviera el ensayo WHI (Iniciativa para la Salud de las Mujeres) de forma precoz, después de descubrir que la terapia aumentaba el riesgo de desarrollar trastornos que incluían cáncer de mama y tromboembolismo.

Se trata de un estudio observacional de 698.098 mujeres danesas sanas de entre 51 y 69 años que fueron seguidas de 1995 a 2001. De forma global no se descubrió un aumento del riesgo de infarto de miocardio en aquellas que recibían THS en comparación con las que no la recibían.

Sin embargo, los resultados mostraron que en las mujeres más jóvenes, de entre 51 y 54 años, que tomaban la terapia durante el estudio, el riesgo de infarto fue un 24% mayor que en las que no la tomaban. Además, en las mujeres más jóvenes se observó un aumento del riesgo cuanto más tiempo recibieron la terapia, algo que no se observó en las mujeres de más edad.

El estudio también descubrió que el tipo de terapia hormonal y la forma en la que las mujeres la tomaban establecían una diferencia en el riesgo cardíaco. Una terapia hormonal continuada que combinara estrógenos y progesterona dio lugar a un aumento del 35% en el riesgo cardíaco en comparación con las mujeres que nunca habían recibido ese tratamiento.

Pero si la terapia se tomaba mediante un método cíclico, es decir, los estrógenos seguidos de una combinación de estrógenos y progesterona, se observó una tendencia a un menor riesgo cardíaco en estas mujeres en comparación con aquellas que no recibieron nunca la terapia, y lo mismo sucedía con la hormona sintética tibolona.

Además, si se administraban los estrógenos a través de un parche o gel sobre la piel o en la vagina, el riesgo de infarto se redujo en más de una tercera parte, en concreto, un 38% y un 44%, respectivamente.

Según la Dra. Ellen Lokkegaard, directora del estudio, "nuestro descubrimiento de un menor riesgo con un régimen de ciclo combinado, que permite la hemorragia mensual, que con una terapia continua combinada de estrógenos y progesterona, que no produce la hemorragia, tiene potencialmente una gran importancia clínica. Además, el menor riesgo de infarto de miocardio con el tratamiento vaginal es un descubrimiento muy interesante que no había sido analizado antes en estudios observacionales a gran escala".

La investigadora señala que el estudio produjo resultados similares al estudio WHI en los tratamientos comparables de terapia hormonal y que esto sugiere que los resultados del estudio para otros tratamientos no comparables eran válidos.

"Nuestro estudio no cambia las indicaciones y recomendaciones de duración para la THS. Pero el mensaje principal es que cuando se indica la terapia hormonal para una mujer, debe ser preferente el ciclo combinado y que la aplicación vía transdérmica o vaginal se asocia con un menor riesgo de infarto", añade la Dra. Lokkegaard.

La investigadora señala que no existen estudios previos que hagan pensar que estas recomendaciones aumenten el riesgo de otras enfermedades sobre las que influye la terapia hormonal, como el cáncer de mama, el tromboembolismo y el ictus. "En realidad creemos que podría reducir el riesgo", concluye.