Las consideraciones para elegir los mejores trabajos biomédicos que se publican en las revistas científicas son de lo más variadas, pero pueden agruparse en dos polos: los que ayudan a salvar vidas y los que significan un salto conceptual. Siempre que se hacen nominaciones de los principales avances del año, de la década o incluso de los últimos 166 años, como hizo hace poco el British Medical Journal (BMJ), los trabajos candidatos acaban encajando en el grupo de los avances prácticos, en el que prima la utilidad inmediata para los pacientes, y en el grupo de los avances teóricos, en el que prima el desarrollo conceptual, la apertura de nuevos enfoques y la elegancia científica. Aunque no hay aplicación práctica que no tenga detrás un desarrollo teórico ni avance básico que no acabe redundando más pronto o más tarde en alguna aplicación clínica, a la hora de elegir los principales avances médicos, los electores, ya sean médicos, directores de revistas científicas o simples lectores de estas publicaciones, ¿qué es lo que prefieren?
A juzgar por algunas de las últimas nominaciones, los electores se acaban decantando por los avances en salud pública que contribuyen directa o indirectamente a salvar más vidas. En la elección del BMJ del mayor avance médico desde 1840, entre las 70 propuestas valoradas, resultó ganadora la higiene, con el 15,8% de los votos, seguida de los antibióticos (14,5%), la anestesia (13,9%) y las vacunas (11,8%); todos ellos tienen en común el haber sido logros individuales, relativamente sencillos e incluso con cierta dosis de serendipity. Sin embargo, el descubrimiento del DNA hace ya más de medio siglo sólo merece un quinto lugar con el 8,8% de los votos. En el plazo más corto de un año, los trabajos mejor considerados suelen ser también los de índole práctica. Así, entre los 700.000 artículos biomédicos registrados en PubMed en 2006, un panel de 13 directores reunidos por The Lancet eligió como Paper of the year 2006 a dos ensayos clínicos, ambos publicados en The New England of Medicine, de dos vacunas frente al rotavirus que, según argumentó el jurado, ¿algún día estarán al mismo nivel que las de la viruela, el sarampión y la poliomielitis por sus beneficios para la salud pública global¿.
Estas dos vacunas contra los rotavirus, responsables de la mayoría de las gastroenteritis que se producen en niños, van a tener sin duda un gran impacto en la disminución de la mortalidad infantil en el Tercer Mundo, así como un considerable impacto económico por la disminución de las hospitalizaciones por diarrea. Los dos ensayos clínicos, realizados por un grupo de Colombia y otro de Finlandia con más de 60.000 bebés en cada uno de ellos, demostraron que ambas vacunas tienen una seguridad y una eficacia altísimas. Su trascendencia clínica es incuestionable; lo cuestionable es por qué no hay más investigación teoricopráctica frente a las enfermedades globalmente más mortíferas, si parece ser que es la mejor valorada por todos.