Puntos de vista

/ Publicado el 21 de febrero de 2026

Panorama Latam

Sostenido aumento de casos de sífilis en América Latina

¿Cómo leemos el hecho de que Argentina y México estén a la cabeza de la lista?

Autor/a: Claudia Nicolini

Fuente: IntraMed

Ya en 2024 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) había mostrado preocupación. El 22 de mayo, una nota de prensa informaba: “Los nuevos casos de sífilis entre adultos de 15 a 49 años aumentaron 30 % entre 2020 y 2022”. “Las Américas se enfrentan actualmente a la mayor incidencia mundial, con 3,37 millones de casos (o 6,5 casos por cada 1 000 personas), lo que representa el 42 % de todos los nuevos casos”.

Luego de la reunión regional sobre la sífilis, llevada a cabo en Brasil en julio de 2025, el informe no era más alentador: “La reunión fue convocada por la OPS en respuesta a los datos que indican que la Región de las Américas tiene actualmente las tasas más altas de sífilis a nivel mundial, con aumentos particularmente preocupantes de la sífilis congénita, que ha alcanzado niveles epidémicos en varios países”, destaca el documento que se emitió (el destacado es nuestro). La cuestión es que los datos epidemiológicos tardan en ser actualizados, por lo que muy pocos de los globales de 2025 están disponibles; sin embargo, algo ya está claro: la tendencia –aunque la curva no sea igual en todas partes– sigue siendo al alza.

La información oficial más reciente deja claro que México y –especialmente– Argentina han aumentado considerablemente los nuevos diagnósticos; pero también hay información bastante “fresca” de Brasil y de Uruguay. En este último caso, OPS daba cuenta en septiembre de 2025 de que la sífilis era “nuevamente un problema de salud pública que impacta especialmente en jóvenes, mujeres embarazadas y recién nacidos". Según el último Boletín Epidemiológico de Infecciones de Transmisión Sexual, en 2024 "se notificaron más de 7000 casos de sífilis, con tasas que superan los 300 casos por cada 100 000 habitantes en la población de 15 a 24 años”. “El impacto durante el embarazo es particularmente preocupante: cada año alrededor de 200 recién nacidos son diagnosticados con sífilis congénita, una condición prevenible con diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado" (El destacado es nuestro).

Agregaba que, con apoyo de OPS, el Ministerio de Salud Pública uruguayo había tomado cartas en el asunto: había lanzado, con el lema “Es fuerte”, una campaña de sensibilización con mensajes como “Es fuerte que en Uruguay casi 200 bebés al año se diagnostiquen con sífilis congénita”, o “Es fuerte que en solo cuatro años los casos de sífilis en jóvenes prácticamente se duplicaron”. “A través de la participación de referentes de la música, el deporte y la comunicación, la campaña busca derribar prejuicios y fomentar la consulta, el testeo y la protección como prácticas cotidianas de cuidado”, destacaba entonces la OPS. Pero no en todas partes se cuecen las mismas habas, diga lo que diga el dicho. Concretamente, el contraste con Argentina es fuerte. Ya veremos…

Un poco más recientes son los últimos datos oficiales publicados en Brasil (octubre de 2025), que llegan hasta 2024, cuando se registraron 256 830 casos de sífilis adquirida (120,8 casos por cada 100 000 habitantes). El texto del Boletín Epidemiológico agrega que, si bien la sífilis congénita ha disminuido, sigue siendo un desafío para la salud pública: en 2024 la tasa de incidencia fue de 9,6 por cada mil nacidos vivos.

De 2025 solo hay datos oficiales de Argentina y de México. En el primer caso, según el último Boletín Epidemiológico Nacional de 2025, las infecciones confirmadas por sífilis habían aumentado el 71 % respecto de la mediana del período 2020-2024: superaron los 56 000 casos acumulados, y se concentraron especialmente en la población de entre 15 y 39 años. Los de sífilis congénita, en cambio, bajaron de 1126 a 1014, un descenso del 10 %. En México, los datos del Boletín Epidemiológico de la semana 52 de 2025 muestran un aumento en población general del 17,9 % respecto del año anterior: pasaron de 18 384 a 21 617; se observa tanto en hombres como en mujeres adultos, con mayor concentración en adultos jóvenes. Los de sífilis congénita pasaron de 506 a 607, un aumento del 19,96 %.

En este punto creemos que es necesario resaltar dos cosas. La primera es que, aunque indudablemente el número de casos en población general ha aumentado en ambos países, los porcentajes no son comparables (por eso las frases destacadas en el párrafo anterior), ya que se calculan sobre diferentes períodos de tiempo… La segunda es más importante aún: en epidemiología las cifras son “solo” datos. ¿Importantes?, seguro. ¿Lo dicen todo?, de ninguna manera. Dan información relevante de lo que ocurre, pero nunca la dan toda…

¿Qué está pasando?

Para responder esta pegunta con fundamento, IntraMed consultó a Miguel Pedrola, director Científico para América Latina y el Caribe en AIDS Healthcare Foundation (AHF). “América Latina y el Caribe es la única región OMS en la que no disminuyeron los casos de VIH, y sabemos que en un alto porcentaje de casos hay un vínculo estrecho entre el diagnóstico de VIH y la prevalencia de otras ITS, como la sífilis”, señaló. Lo saben porque AHF Argentina llevó adelante una encuesta a partir de los casos atendidos en sus Centros Comunitarios de Salud Sexual de Buenos Aires y de Rosario durante 2024, y los datos confirmaron este enunciado: "El 15 % de los nuevos diagnósticos de VIH también fueron positivos para sífilis (…) El porcentaje asciende al 40 % si tomamos tanto los nuevos diagnósticos de sífilis como los que tenían antecedentes de infección previa” destaca el informe de la encuesta. “Por eso nos planteamos un nuevo paradigma: la prevención de todas las ITS”, agregó. Y a la hora de explicar la situación, se centró en la realidad de Argentina, que es donde vive y desde donde trabaja: “Más allá de la tendencia al aumento en las Américas, en nuestro país la situación está complicada, y no es casualidad que muchos de los casos se diagnostican en personas muy jóvenes: la ESI (Educación Sexual Integral) está medio desmantelada, faltan campañas de prevención, no hay disponibles preservativos gratuitos (salvo, a veces, en las farmacias de los hospitales, pero eso no se lleva bien con la impulsividad adolescente), y comprarlos es caro… -enumeró-.  Y no solo no han aumentado el presupuesto, sino que el proyecto es disminuirlo…”.  A ello se suman, claro, tanto el hecho de que siempre fue dispar -en general, en toda América Latina- el acceso a los servicios de salud (para prevención, y también para el diagnóstico y tratamiento), como el persistente estigma en torno de las ITS, lo que suele disuadir de la consulta a muchas personas.

Por su parte, Guillermo Bustamante Vera, coordinador de programa de país de AHF México, reportó para IntraMed lo que llamó “el avance de la sífilis en México que representan tres décadas de evolución y un repunte preocupante”. Contó que entre los años '90 y principios de los 2000 la prevalencia se mantuvo relativamente baja y estable. “Según datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud, en 1990 se reportaron aproximadamente 2500 casos; la cifra aumentó ligeramente a 3000 en 2000, y a 3500 en 2005. Pero a partir de 2010 cambió de tendencia: en 2015 se registraron cerca de 6000 anuales y la tasa de prevalencia comenzó a escalar”, añadió.

El crecimiento se intensificó en los años siguientes: en 2020 se superaron los 12 000 casos, y en 2025, los 18 000 casos. “Esto significa que la prevalencia es hoy tres veces más que en 2015 y seis veces más que en 2000” (el destacado es nuestro), y la tasa nacional supera los 13 casos por cada 100 000 habitantes”. Explicó también que la distribución no es homogénea: “las entidades con una mayor carga de casos son la Ciudad de México, Jalisco, Baja California y principalmente los estados del centro occidente del país”, informó y destacó que es importante tener en cuenta que ese aumento también refleja una mejora en los sistemas de detección y registro. Pero –advirtió– “persisten desafíos como el subdiagnóstico, el estigma y la falta de seguimiento oportuno. La sífilis es curable, pero requiere atención institucional, presupuesto en salud y eliminar tabúes, por ello urge reforzar campañas de prevención, ampliar el acceso a pruebas rápidas y garantizar tratamiento gratuito y oportuno”.

¿Sigue siendo el preservativo la clave?

“Es una herramienta de prevención posible, pero –claramente– no puede ser la única”, respondió Pedrola a la pregunta del subtítulo, y añadió: “En la década de 1980, con el surgimiento y el aumento del VIH (que en aquella época era sinónimo de muerte), el uso del condón se incentivó. Pero cuando la ciencia logró los tratamientos altamente eficaces para controlar el virus, y que incluso se pueden utilizar para la prevención, como los que existen actualmente, su uso descendió considerablemente” (nota de la redacción: estos tiempos coinciden con la época de “pocos casos” de México). Señaló además que, en muchos casos, que no se use condón no lo provocan olvidos, o falta de acceso. “Es una decisión”, resaltó. De hecho, circulan hace tiempo en redes sociales manejadas por jóvenes influencers las convocatorias explícitas a no usarlo… “Insisto –añadió Pedrola-; las políticas de salud pública, la educación y las campañas son fundamentales para el manejo de todas las ITS, no solo de la sífilis y el VIH”.

“Que hoy se registren más casos no es necesariamente una mala noticia en sí misma. Podría significar que se testea más, que se diagnostica más y que se mide lo que durante años se prefirió no ver. El problema no es el dato, sino la reacción: pánico moral, búsqueda de culpables y una narrativa que reduce un fenómeno estructural a una crónica policial de la sexualidad”, señaló por su parte Javier Hourcade Bellocq, activista de Derechos Humanos y miembro de la Junta del Fondo Mundial sida, TB y malaria, en un editorial para Corresponsales Clave. “El aumento de la práctica del sexo oral deja en evidencia que insistir solo en el preservativo es negar que el comportamiento sexual cambió, y que la salud pública no cambió al mismo ritmo”, agregó, y destacó: “En este contexto aparece la PrEP, y con ella una acusación recurrente: que estaría ‘aumentando’ la sífilis. La PrEP no causa sífilis ni modifica su forma de transmisión. No existen evidencias científicas sobre que los usuarios de la PrEP tengan más relaciones sexuales y usen menos los preservativos, comparado con la era pre-PrEP”.

Pedrola coincidió: “La PrEP solo se administra por prescripción médica. Eso implica que las personas están registradas en el sistema de salud, y con frecuencia han recurrido a él porque presentan ITS a repetición (recordemos que una infección con sífilis no genera anticuerpos); por eso, más diagnósticos no significa necesariamente más cantidad de casos; pueden indicar que más personas están incorporadas al sistema de salud”.

Entonces, volvamos. ¿Qué está pasando…?

“La sífilis es la cenicienta de las infecciones de transmisión sexual. Carece de glamour académico, de financiamiento, de estudios clínicos, conferencias y en general de una prioridad institucional. Nadie construye prestigio científico investigando sífilis, y esa ‘marginalidad’ explica por qué se invierte tan poco en prevención, innovación y control”, resalta en su texto Hourcade Bellocq.

Señala, también que, además de evitar el 99,9 % de las infecciones por VIH, lo que ocurre con la PrEP es que “desacopla” el VIH de las otras las ITS, y el panorama real queda a la luz. “Lo que queda expuesto es una falla histórica: nunca hubo una política robusta para las infecciones de transmisión sexual. Y el error histórico ha sido creer que las ITS se controlan ordenando al otro, como, por ejemplo, insistir en el uso de los carnés para las trabajadoras sexuales. Hace décadas que la transmisión de las ITS es definitivamente transversal”, resalta.

Y concluye: “El crecimiento de la sífilis no es una sorpresa ni una falla en el comportamiento y en las prácticas. Es el resultado de décadas de desinversión, evasión y discursos sanitarios que se negaron a evolucionar al ritmo de la vida sexual real”.